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Economía gig, automatización e innovación laboral: ¿hacia dónde va el trabajo en Argentina y el mundo?

Plataformas, automatización y cambios legales reordenan el trabajo. La clave: flexibilidad con protección y capacitación continua para una mejor economía.

El futuro del trabajo no será exclusivamente técnico ni normativo.

El futuro del trabajo no será exclusivamente técnico ni normativo.

Archivo MDZ

El trabajo está atravesando una transformación profunda y estructural. No se trata de una moda ni de un ajuste coyuntural, sino de un cambio de paradigma que redefine cómo se organiza el empleo, qué se valora en las personas y cómo se vinculan trabajadores, organizaciones y Estados.

Tres fuerzas empujan este proceso con intensidad: la expansión de la economía gig, la automatización impulsada por la inteligencia artificial y los intentos de adaptar marcos regulatorios que, como en el caso argentino, buscan actualizar una legislación pensada para otro mundo laboral.

Qué es la economía gig

La economía gig se consolidó como uno de los corazones de este cambio. Basada en trabajos por proyecto, tareas específicas o servicios bajo demanda, coordinados muchas veces por plataformas digitales, desafía la noción tradicional de empleo estable, jerárquico y de largo plazo.

Ya no se trata únicamente de repartidores o choferes de aplicaciones. Este modelo incluye a consultores, profesionales independientes, freelancers, creadores de contenido, facilitadores y expertos que combinan múltiples fuentes de ingreso y roles en simultáneo.

El valor no está puesto en la permanencia, sino en la capacidad de resolver problemas, aportar resultados y adaptarse con rapidez. Este fenómeno tensiona categorías históricas del empleo y deja al descubierto una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo diseñar sistemas de protección social, contratos y derechos laborales que acompañen esta flexibilidad sin convertirla en precariedad?

La economía gig no es buena ni mala en sí misma; su impacto dependerá de cómo se la integre a un ecosistema laboral más amplio y justo.

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El trabajo está atravesando una transformación profunda y estructural.

El trabajo está atravesando una transformación profunda y estructural.

Automatización e inteligencia artificial

En paralelo, la automatización y la inteligencia artificial aceleran la reconfiguración del trabajo a escala global. Según estimaciones del McKinsey Global Institute, entre 400 y 800 millones de personas podrían necesitar cambiar de ocupación antes de 2030. No porque el trabajo desaparezca, sino porque muchas tareas se transforman, se redefinen o migran hacia nuevas funciones.

Las tareas repetitivas, predecibles y estructuradas son las más expuestas a la automatización, mientras que las habilidades humanas ganan centralidad. Adaptabilidad, aprendizaje continuo, pensamiento crítico, creatividad, comunicación y empatía dejan de ser “habilidades blandas” para convertirse en competencias estratégicas.

La inteligencia artificial, por su parte, no es solo una amenaza: bien integrada, puede mejorar la calidad del trabajo, liberar tiempo de tareas mecánicas y potenciar el talento humano. Pero esto exige inversión sostenida en formación, políticas públicas activas de recalificación y organizaciones que entiendan la tecnología como aliada, no como sustituto indiscriminado.

En Argentina, este contexto global se cruza con el debate sobre una reforma laboral que busca modernizar un sistema normativo muchas veces percibido como desalineado con la realidad actual del empleo. Las propuestas apuntan a mayor flexibilidad en modalidades de trabajo, actualizaciones en beneficios y remuneraciones, incorporación de tecnología en procesos administrativos y ajustes en esquemas de licencias y vacaciones.

El objetivo declarado es adaptar la legislación a dinámicas menos rígidas y más diversas. Sin embargo, el desafío es profundo. ¿Puede una reforma laboral responder realmente al nuevo mundo del trabajo si no contempla de manera explícita fenómenos como la economía gig, el trabajo autónomo híbrido y las trayectorias profesionales no lineales?

Existe el riesgo de que la palabra “flexibilidad” funcione como un paraguas que oculte desigualdades estructurales si no se acompaña de garantías mínimas, seguridad en los ingresos y acceso a protección social.

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En paralelo, la automatización y la inteligencia artificial aceleran la reconfiguración del trabajo a escala global.

En paralelo, la automatización y la inteligencia artificial aceleran la reconfiguración del trabajo a escala global.

Futuro del trabajo

El futuro del trabajo no se resuelve desde un solo frente. Requiere una mirada integral que combine marcos regulatorios actualizados, estrategias de formación continua y culturas organizacionales más humanas. Legislaciones capaces de reconocer nuevas formas de empleo sin desproteger a las personas.

Sistemas educativos y de capacitación que preparen para transitar cambios, reconvertirse y aprender durante toda la vida. Organizaciones que midan no solo productividad, sino también bienestar, compromiso y resiliencia emocional. En este escenario, el rol humano se vuelve central.

La pregunta de fondo no es únicamente qué leyes o contratos tendremos, sino cómo las personas y los líderes se preparan para navegar la incertidumbre. Cómo se construyen carreras sostenibles en contextos de cambio permanente. Cómo se desarrolla un liderazgo que entienda que flexibilidad no es sinónimo de desamparo y que la innovación tecnológica necesita anclarse en valores y propósito.

El futuro del trabajo no será exclusivamente técnico ni normativo. Será, ante todo, profundamente humano. Y la forma en que integremos economía gig, automatización y regulación dirá mucho más sobre nuestras prioridades como sociedad que sobre la tecnología en sí misma.

* Verónica Dobronich, autora de “Desconéctame por favor”. Cómo escapar de la presión de las redes sociales y la hiperconectividad.