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Inteligencia artificial: data centers que funcionan como reactores y no pueden apagarse jamás

La explosión de centros de datos de inteligencia artificial tensiona las redes de electricidad y revela un límite físico que obliga a repensar energía.

La inteligencia artificial sigue siendo un desafío para las industrias que la alimentan.

La inteligencia artificial sigue siendo un desafío para las industrias que la alimentan.

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La expansión de la inteligencia artificial choca con un límite físico imprevisto. Durante décadas la red de electricidad de Estados Unidos se organizó con una lógica lineal. La demanda crecía de forma gradual, los picos eran estacionales y los grandes consumidores industriales podían apagarse o reducir carga cuando el operador del sistema lo pedía.

Ese equilibrio funcionó porque todos los actores respondían a reglas estables. La llegada de los centros de datos dedicados a inteligencia artificial destruyó ese equilibrio. La demanda ya no crece como una curva suave, es una explosión. La inferencia continua, los modelos cada vez más grandes y los agentes autónomos multiplican la necesidad eléctrica con una velocidad que los planificadores no anticipan. El resultado es una brecha entre un mundo eléctrico que piensa en términos del siglo XX y una demanda nueva que se comporta como un proceso exponencial del siglo XXI.

El caso más claro aparece en la región que administra la red de la costa Este de Estados Unidos, donde un operador llamado PJM, coordina la electricidad en trece estados desde Nueva Jersey hasta Ohio. Es el sistema eléctrico más grande del mundo en cantidad de usuarios y la zona con mayor concentración de centros de datos. Allí surgió una idea que parecía atractiva, se permitió que los nuevos centros de inteligencia artificial “se apaguen” en momentos de máxima tensión para no construir nuevas centrales eléctricas. Para quien no conoce el tema, el concepto suena razonable. Si un consumidor gigante promete desconectarse en emergencias, el sistema ahorra inversiones millonarias. Ese razonamiento era válido para industrias antiguas como las fábricas de aluminio, que frenaban procesos sin consecuencias irreversibles.

Los centros de inteligencia artificial no funcionan así porque su operación se parece más a un reactor continuo con miles de GPU trabajando en sincronía. Interrumpir un campus provoca pérdidas de estado, reinicios, reseteos, degradación del rendimiento y un costo operativo que supera todo incentivo que el operador eléctrico pueda ofrecer. Por eso la supuesta “flexibilidad” es una ilusión. Y cuando PJM analizó cuántos recursos necesitaría reservar para cubrir esa ilusión, el resultado fue contundente: hogares y comercios terminarían pagando miles de millones de dólares adicionales. El sistema compraría capacidad extra, igual que si los centros de datos no fueran flexibles, porque en la práctica no lo son.

Este punto revela algo más profundo. La inteligencia artificial no puede depender de la red existente. Cada nuevo centro de datos empuja el sistema al límite. La zona ya no tiene espacio físico, infraestructura disponible ni energía firme suficiente para absorber decenas de gigavatios de nueva demanda. La única salida que no transfiere el costo al resto de los consumidores es que cada operador de IA construya su propia central energética con turbinas propias; potencialmente empleando módulos nucleares pequeños o cualquier tecnología capaz de garantizar continuidad absoluta. La computación deja de ser “software” y se convierte en industria pesada, con plantas eléctricas acopladas a centros de datos que funcionan como reactores de cálculo.

La consecuencia es que la inteligencia artificial ya no avanza dentro del mundo lineal del sistema eléctrico histórico. Impone un entorno discontinuo en el que la demanda crece más rápido que la capacidad de respuesta. La frontera del desarrollo ya no la fijan los algoritmos sino la energía. Y el futuro de la computación dependerá de un cambio radical en la forma en que se produce y se consume energía, porque cada nuevo centro de IA será, en la práctica, una planta de energía disfrazada.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.