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El libro que cambió la historia: cómo se anticipó la ciencia moderna hace más de dos mil años

Escrito en el siglo I a.C., el libro De Rerum Natura se salvó por azar y anticipó una visión del mundo sin dioses ni milagros, basada en átomos y razón.

El libro que el Renacimiento rescató y que encendió la chispa de la ciencia moderna.
El libro que el Renacimiento rescató y que encendió la chispa de la ciencia moderna.

En el siglo I antes de Cristo, un poeta romano llamado Lucrecio escribió un libro que casi nadie leyó en su tiempo y que estuvo a punto de perderse para siempre: De Rerum Natura, (en español Sobre la naturaleza de las cosas). Lo sorprendente es que ese libro, escondido durante siglos en los estantes de un monasterio medieval, contiene una explicación del mundo que todavía hoy nos resulta moderna: todo lo que existe está hecho de átomos, no hay dioses que dirijan la historia, no hay fuerzas sobrenaturales que decidan nuestro destino. Solo materia en movimiento, combinaciones infinitas que producen vida, enfermedad, placer y muerte. Nada más y nada menos.

El texto se salvó de milagro. Durante la Edad Media, gran parte de lo que desafiaba a la religión fue destruido, quemado o censurado. De Rerum Natura sobrevivió porque estaba escrito en forma de poema y tal vez a los monjes les pareció menos peligroso, o más bello que subversivo. Lo cierto es que en el siglo XV, en pleno Renacimiento, un hombre llamado Poggio Bracciolini lo encontró y lo rescató. Ese hallazgo fue decisivo: a partir de ahí, filósofos y pensadores como Maquiavelo, Montaigne, Hobbes y más tarde Galileo y los fundadores de la ciencia moderna lo leyeron y se inspiraron.

Lo que hace extraordinario al libro no es la poesía en sí, sino la claridad brutal con la que presenta las cosas. Lucrecio decía: no hay alma inmortal, no hay cielo ni infierno, no hay castigo eterno ni premio divino. Todo eso son cuentos inventados para dominar a la gente. La realidad es que somos materia organizada, vivimos un tiempo y después nos desarmamos en las mismas partículas de donde salimos. Y esas partículas, los átomos, siguen su camino eterno, formando y deshaciendo mundos. Lo que él describía hace más de dos mil años es la base de la física y la biología que hoy estudiamos en las escuelas.

La importancia histórica es enorme. Durante siglos, la humanidad estuvo atrapada en relatos religiosos que explicaban todo con dioses, milagros y misterios. Cuando el libro volvió a circular, fue como abrir una ventana en una habitación cerrada. Los pensadores de la modernidad encontraron allí un lenguaje que hablaba del mundo tal cual es, sin adornos, sin ilusiones. A partir de esa lectura se empezó a gestar la confianza en que los fenómenos naturales podían entenderse con observación y razón, y que la vida humana no necesitaba explicaciones mágicas. De esa semilla brotó lo que luego llamaríamos la Ilustración, la revolución científica y, en última instancia, la civilización tecnológica en la que vivimos hoy.

Lo más fascinante es que estuvimos a un paso de perderlo. Si De Rerum Natura se hubiera quemado, quizás la historia habría sido muy distinta. Tal vez hubiéramos tardado siglos más en sacudirnos a los dioses y entrar en el camino de la ciencia. Por eso se puede decir, sin exagerar, que es el libro más importante de la historia. Fue la chispa que cambió todo, gracias a que un poema que parecía inofensivo se salvó de las llamas.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.