El indicio más fuerte en décadas sobre el templo perdido del sol aparece en la Gran Mezquita de Homs, Siria
El hallazgo dentro de la Gran Mezquita de Homs podría confirmar la ubicación del antiguo santuario solar de Emesa y revelar una continuidad religiosa de casi dos mil años.
El descubrimiento de la inscripción griega en la Gran Mezquita de Homs reaviva el debate sobre el templo solar de Emesa.
ShutterstockUn reciente descubrimiento realizado en la Gran Mezquita de Homs, en Siria, volvió a poner en el centro del debate arqueológico la posible ubicación del perdido templo del sol de la antigua Emesa. El análisis de una inscripción griega hallada bajo el suelo del edificio sugiere que el sitio islámico podría estar asentado sobre el santuario pagano vinculado al culto solar.
El descubrimiento se remonta a trabajos de restauración realizados en 2016, cuando operarios detectaron una inscripción griega tallada en la base de granito de una columna situada bajo el piso de la mezquita. El bloque, de aproximadamente un metro por lado, contiene un panel inscrito enmarcado por elementos decorativos, típico de estructuras monumentales.
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Aunque la inestabilidad política en Siria demoró su estudio completo, el texto fue analizado recientemente y publicado en una revista académica especializada. Los especialistas destacan que la caligrafía griega es formal y simétrica, organizada en líneas horizontales bajo un borde ornamental, rasgos comunes en inscripciones conmemorativas de la época romana. El contenido describe a un gobernante poderoso mediante imágenes heroicas —viento, tormenta y leopardo—, una retórica característica de dedicaciones reales del período imperial.
El templo solar de Emesa y el emperador Elagábalo
Durante décadas, historiadores sospecharon que la estructura rectangular de la mezquita podría ocultar los restos del principal templo pagano de Emesa, ciudad que fue capital provincial romana y centro de un influyente culto solar.
El nuevo descubrimiento podría aportar la evidencia que faltaba. La inscripción presenta irregularidades gramaticales propias de la Siria romana, donde predominaba el arameo sobre el griego, y su ubicación en la base de una columna sugiere que perteneció a un edificio monumental anterior.
Si se confirma esta hipótesis, reforzaría la idea de continuidad religiosa en el sitio: santuario pagano, iglesia cristiana y posteriormente mezquita. La tradición sostiene que el templo pagano fue reemplazado por una iglesia dedicada a Juan el Bautista antes de la construcción islámica.
El hallazgo también reaviva la figura del emperador romano Elagábalo, nacido en Emesa alrededor del año 203. Antes de llegar al trono con apenas 14 años, fue sumo sacerdote del dios solar local. Ya como emperador, intentó imponer esta divinidad oriental como suprema en Roma, trasladando una piedra sagrada desde Siria hasta un templo en el monte Palatino.
Sus reformas religiosas provocaron resistencia entre las élites romanas y su reinado terminó abruptamente con su asesinato en el año 222. Pese a su breve mandato, sigue siendo uno de los emperadores más enigmáticos de la historia romana.
Un sitio sagrado con múltiples capas religiosas
El descubrimiento refuerza la idea de que Emesa no destruyó sus espacios sagrados, sino que los transformó. Paganismo, cristianismo e islam convivieron y se sucedieron mediante la reutilización de estructuras, un patrón frecuente en el Cercano Oriente. El templo del sol funcionó durante siglos como centro cívico y religioso. Con la expansión del cristianismo en el siglo IV, el paisaje espiritual cambió gradualmente, y tras la conquista islámica, muchos edificios cristianos fueron adaptados como mezquitas.
La Gran Mezquita de Homs encarna así tres grandes etapas religiosas, reflejando cómo la identidad urbana se construyó mediante la superposición y reinterpretación de espacios sagrados.
Los investigadores señalan que este descubrimiento podría acercar la resolución de un debate académico que lleva más de un siglo. Nuevas inscripciones y excavaciones serán clave para confirmar si el templo solar de Emesa permanece, literalmente, bajo los cimientos del edificio actual.


