El editorial que convierte a The Economist en prensa amarilla
The Economist alertó sobre un “apagón” del Atlántico y roza el amarillismo: ausencia de matices, cifras extremas y ciencia presentada como guion de catástrofe.
El periódico británico The Economist está bajo la lupa.
Shutterstock¿Desde cuándo un editorial se parece a un aviso de catástrofe? ¿Desde cuándo un medio que se presenta como serio le habla al lector como si estuviera escribiendo el guión de una película de desastre global? El 16 de agosto de 2025, la revista inglesa The Economist publicó un texto titulado “El apagón de las corrientes del Atlántico podría congelar Europa”. No en su sección de ciencia, no en su parte de opinión firmada: en su editorial principal, la voz institucional de la publicación. Y lo que dice ahí no es un llamado al análisis ni una invitación a entender, sino un ejercicio de pánico cuidadosamente editado.
El artículo habla del un sistema de corrientes oceánicas llamado AMOC (Circulación Meridional de Retorno del Atlántico), una especie de cinta transportadora que mueve enormes cantidades de agua cálida desde el trópico hacia el norte del océano Atlántico. Esa corriente, junto con otras, mantiene el clima templado en gran parte de Europa Occidental, especialmente en países como Irlanda, Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y el sur de Inglaterra.
Sin ella, esos lugares serían más fríos. Lo que plantea el texto es que esta corriente podría detenerse abruptamente por el deshielo en Groenlandia y el aumento de agua dulce en el océano, lo que cambiaría su salinidad y densidad. Según The Economist, si eso sucede, Europa se enfrentaría a un frío extremo con inviernos de hasta -50°C en Oslo y el Mar del Norte congelado hasta Holanda, sequías que arruinarán la agricultura inglesa, y un caos climático que también afectará el Amazonas y el Sahel africano.
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El problema no es que la hipótesis sea inexistente, es cómo se la presenta. El texto no habla de escenarios posibles, de márgenes de error ni de horizontes temporales razonables. No explica que la mayoría de los estudios científicos no prevé un colapso de la AMOC en las próximas décadas, ni que existen mecanismos naturales de autorregulación. No se aclara que esos escenarios de -50°C surgen de modelos extremos y con supuestos muy específicos. En lugar de eso, el artículo apila cifras aterradoras, las pone en tiempo presente y termina comparando el posible colapso de la corriente con una guerra nuclear. Se lee más como un discurso de defensa que como una nota sobre ciencia.
Y no es la primera vez. Hace unos meses, The Guardian titulaba que “Miles de millones de personas están en riesgo por la crisis climática”, basado en un único modelo que suponía niveles de emisiones extremos, sin adaptaciones. The New York Times hablaba de ciudades inhabitables para 2050 sin explicar que los estudios usaban criterios que dependen de políticas públicas y decisiones tecnológicas. La BBC mostraba mapas del futuro con las costas inundadas, sin decirle al espectador que eran escenarios hipotéticos entre muchos posibles. El patrón se repite: se elige el modelo más extremo, se lo presenta como probable, se eliminan los matices y se exagera el tono.
El resultado no es mayor conciencia, sino mayor confusión. Se transforma un fenómeno físico complejo en un espectáculo emocional, apalancando la legitimidad del cambio climático para fabricar miedo como antes se usaban los OVNIs. Lo que cambia es el vocabulario. Ya no se habla de conspiraciones, se habla de “tipping points” y se citan papers. Pero la estructura es la misma: provocar ansiedad, captar atención y fidelizar al lector desde el pánico.
Ante eso, la solución es evitar que los medios los conviertan en productos de consumo alarmista. Para eso necesitamos herramientas nuevas: sistemas de inteligencia artificial que lean estos artículos, tracen de dónde salen los números, qué estudios usaron, cuán probable es lo que dicen y qué se omitió. Agentes automáticos que identifiquen exageraciones, expliquen con claridad los supuestos y restituyan la proporción. La ciencia puede informar y la prensa, si quiere, también. Lo que no puede permitirse es que el editorial de una revista que se vendía como seria termine funcionando como una caja de resonancia del miedo. Porque el que vende miedo también vende obediencia, y esta obediencia sin comprensión siempre le conviene a otro.
Las cosas como son...
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.