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El descubrimiento de 80 millones de años en Italia que hizo un grupo de escaladores de casualidad

El descubrimiento apareció en una pared rocosa del Monte Cònero y un equipo de geólogos lo vinculó a huellas de reptiles marinos preservadas tras un sismo.

El descubrimiento lo hizo un grupo de escaladores. 

El descubrimiento lo hizo un grupo de escaladores. 

Paolo Sandroni

El descubrimiento ocurrió en el Monte Cònero, en Italia, cuando un grupo de escaladores vio surcos extraños en una pared rocosa del parque regional que se asoma al mar Adriático. Las marcas no parecían grietas comunes: por su forma y repetición, los escaladores interpretaron que podían ser huellas antiguas grabadas en el sedimento marino y, tras el análisis de expertos, se llegó a la conclusión de que tienen casi 80 millones de años.

Al revisar el patrón, los escaladores asociaron el hallazgo con otras huellas similares que habían generado interés ese mismo año en otra zona del mismo parque. Esas marcas previas se habían atribuido a un reptil marino del Cretácico que presionó sus "aletas" contra el fondo del mar. Con esa referencia en mente, contactaron a Paolo Sandroni, escalador y geólogo, quien a su vez se comunicó con Alessandro Montanari, director del Observatorio Geológico de Coldigioco (OGC), para iniciar un estudio formal del sitio.

La investigación sobre el descubrimiento se publicó el 19 de noviembre en la revista Cretaceous Research. Para reunir evidencia directa, Sandroni y otro integrante del equipo regresaron al lugar, recolectaron muestras de roca y documentaron toda la superficie con un dron. El objetivo fue reconstruir qué había pasado en ese antiguo fondo marino y, sobre todo, entender cómo esas huellas lograron preservarse pese a que, en un ambiente profundo, suelen desaparecer por corrientes y actividad biológica.

Según Montanari, el descubrimiento se concentra en una capa de caliza Scaglia Rossa dentro del Parque Regional del Cònero, una formación estudiada durante décadas porque conserva millones de años de sedimentación en mar profundo. La clave es que lo que hoy parece una montaña, en el pasado fue un fondo oceánico que terminó plegado y elevado por fuerzas tectónicas con el paso de millones de años.

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El descubrimiento quedó registrado en una capa de caliza del Monte Cònero, frente al mar Adriático.

El descubrimiento quedó registrado en una capa de caliza del Monte Cònero, frente al mar Adriático.

Las muestras tomadas por encima de las huellas aportaron las pistas más fuertes para explicar el descubrimiento: los investigadores sostienen que esos reptiles vivieron hace unos 79 millones de años, en el Cretácico tardío, y que la caliza analizada formó parte de una avalancha submarina de barro desencadenada por un terremoto. Ese evento habría ocurrido minutos después de que se imprimieran las marcas y habría "sellado" el rastro, evitando que se borrara y dejando un registro excepcional del movimiento de esos animales.

En condiciones normales, las corrientes y los organismos del fondo marino habrían borrado todo. Montanari lo resumió con una frase gráfica al describir la acción de la vida bentónica sobre el sedimento: "Básicamente, hacen jardinería en el fondo marino", señaló. Pero, en este caso, un sismo habría provocado una avalancha submarina en cuestión de minutos, cubriendo las marcas casi inmediatamente después de que se formaran.

El estudio plantea que, por tamaño, los candidatos posibles en ese período eran reptiles marinos como tortugas, plesiosaurios o mosasaurios. Los dos últimos, sostienen los autores, habrían sido en gran medida solitarios. En cambio, si el comportamiento de las tortugas antiguas se parecía al de algunas especies actuales, podrían haberse reunido por alimentación cerca de la costa o por ciclos reproductivos. Sea cual haya sido la razón, la hipótesis central es que el terremoto los hizo huir al mismo tiempo, generando un patrón de movimientos múltiples, como si hubiera sido una "estampida" bajo el agua.

Montanari acepta que las impresiones necesitan más trabajo, pero insistió en que, desde el punto de vista geológico, el escenario es muy sólido: hubo una avalancha submarina gatillada por un terremoto. Y ese evento, justamente, sería el motivo por el que este descubrimiento llegó hasta el presente con un nivel de detalle tan poco común.