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EE.UU vs China: La carrera geopolítica detrás de la Inteligencia Artificial

Las dos superpotencias están diseñando ecosistemas de IA incompatibles entre sí. El dilema para empresas y gobiernos ya no es cuándo adoptar IA, sino con qué bloque hacerlo.



Así como alguna vez la carrera armamentista dividió al mundo en dos bandos, hoy la disputa por la IA dejó de ser una competencia entre laboratorios y empresas para convertirse en una carrera geopolítica, según informe de Boston Consulting Group "La gran fractura: Cómo EE.UU y China están dividiendo el mundo de la IA".

El estudio concluye que ambas potencias están construyendo, a propósito, ecosistemas tecnológicos incompatibles entre sí, transformando lo que parecía una carrera de innovación en una fractura estructural del orden tecnológico global. Con EE.UU manteniendo su ventaja en talento y capital, y China acelerando a máxima velocidad la adopción de la IA en su economía real, el mundo ya no podrá estar en los dos bloques al mismo tiempo. CEOs y gobiernos tienen una sola pregunta por responder: ¿con quién construir el futuro de la IA?

Mismo objetivo, dos bloques irreconciliables

Pese a que ambas potencias coinciden en que la IA es clave para el poder nacional, el análisis de BGC revela que cada bloque construye su propio stack tecnológico para depender cada vez menos del otro, en dos apuestas distintas. Por un lado, está EE.UU, que mantiene su liderazgo gracias a su fortaleza en talento y capital, mientras que China apuesta por ser "seguidor rápido", es decir, aprovecha lo que ya hicieron otros para alcanzarlos velozmente y a menor costo, apostando por la adopción masiva de la IA en la economía real. La IA ya no es algo por lo que los países compiten, sino algo con lo que compiten. Por eso la carrera entre EE.UU. y China dejó de ser tecnológica para volverse geopolítica: Solo EE.UU ya supera los 50 GW en capacidad de centros de datos, más que China y la Unión Europea juntas, y esa infraestructura se ha convertido en una herramienta de poder que obliga a otras potencias a definir su posición. El caso Apple ilustra esta fractura mejor que cualquier cifra. Para su función Apple Intelligence, la compañía opera con dos arquitecturas de IA distintas según el país: en China se apoya en Alibaba, mientras que en el resto del mundo trabaja con OpenAI. No es una preferencia de marca, es la consecuencia directa de operar bajo dos bloques tecnológicos que ya no son compatibles entre sí.

La IA ya no es algo por lo que los países compiten, sino algo con lo que compiten.

EE.UU: escala, capital y un riesgo que se acumula

En esta carrera, este bloque mueve sus fichas con capital. Desde 2024, EE.UU ha sellado más de US$1,5 billones en acuerdos entre laboratorios de IA, diseñadores de chips, hyperscalers y proveedores de capital que vinculan a los principales actores tecnológicos en múltiples frentes. Esa red también acumula riesgo, advierte BCG, porque cualquier tropiezo financiero o de suministro en un actor clave podría propagarse rápido al resto del ecosistema. Con todo, esta superpotencia sostiene una expansión sin precedentes. El gasto en infraestructura tecnológica de las principales empresas estadounidenses superó los US$400.000 millones en 2025, seis veces más que los invertidos en China, y se estima que llegará a US$800.000 millones en 2026.

China: velocidad y bajo costo

Mientras EE.UU corre por la frontera del desarrollo, China corre por velocidad y costo. Su modelo de mejor desempeño, Kimi K2.6 de Moonshot, opera a US$1,71 por millón de tokens, una fracción de los US$11,25 de GPT-5, gracias al uso extendido de modelos de pesos abiertos. Hoy China concentra cerca de un tercio de las publicaciones de IA más citadas del mundo y lidera en patentes registradas. La apuesta doméstica es igual de agresiva. Se proyecta que el país procesará más de la mitad de los tokens de IA del mundo en el segundo trimestre de 2026, pese a representar solo el 17% de la población global, impulsado por la iniciativa gubernamental "IA+", que busca una penetración de IA superior al 90% hacia 2030. Dos velocidades, un mismo objetivo: no depender del otro bloque.

Mientras EE.UU corre por la frontera del desarrollo, China corre por velocidad y costo.

Esa lógica de bloque también se expresa en el control de acceso. En abril de 2026, Anthropic retrasó el lanzamiento de Claude Mythos para dar tiempo al gobierno de EE.UU. y a empresas seleccionadas a prepararse ante sus capacidades de ciberseguridad. Semanas después, una directiva de control de exportaciones obligó a suspender el acceso al modelo para usuarios extranjeros, dejándolo fuera de alcance para la mayoría de los clientes. Para BCG, el episodio confirma que la seguridad nacional ya puede imponerse por sobre la difusión global de la IA más avanzada: la disputa entre ambas potencias también se libra en el control de acceso a la tecnología. Frente a ese riesgo, BCG recomienda a gobiernos y empresas construir resiliencia sobre tres frentes. Redundancia, para no depender de un único proveedor o bloque; modularidad, para poder desconectar y reconectar piezas del stack tecnológico sin quedar bloqueados; y heterogeneidad, para mantener opciones abiertas entre ambos ecosistemas mientras la geopolítica de la IA sigue moviéndose.

El resto del mundo, forzado a elegir bando

Frente a esta división, ninguna potencia queda exenta de tomar posición, aunque cada una lo hace a su manera. La Unión Europea busca autonomía apostando por Mistral y cómputo soberano. Japón, en cambio, se juega por la cercanía con EE.UU. a través de inversiones de capital a gran escala. India elige no elegir, ya que mantiene relaciones simultáneas con ambos ecosistemas sin comprometerse del todo. Y los países del Golfo, como EAU y Arabia Saudita, encontraron una tercera vía, convertirse en hubs de infraestructura que atraen inversión de ambas potencias por igual.

* Julián Herman. Managing Director Partner de BGC.