DeepSeek y la ilusión militar china: inteligencia artificial sin chips ni guerra
Pekín presenta vehículos autónomos y modelos de inteligencia artificial como avances bélicos, aunque sin evidencia técnica ni chips capaces de sostenerlos.
Dudas sobre la capacidad de la aplicación de inteligencia artificial para vehículos militares de China.
XChina vuelve a presentarse ante el mundo como si estuviera al borde de una revolución militar impulsada por la inteligencia artificial. Cada cierto tiempo, sus medios oficiales anuncian la aparición de un nuevo vehículo autónomo, un enjambre de drones o un sistema de reconocimiento de objetivos que parece salido de la ciencia ficción.
La historia se repite y detrás de la puesta en escena hay más propaganda que sustancia. La reciente presentación del vehículo P60, fabricado por la empresa estatal Norinco y supuestamente capaz de operar de forma autónoma a gran velocidad, es un ejemplo clásico.
Te Podría Interesar
Se lo describió como una muestra del uso de la inteligencia artificial para alcanzar a Estados Unidos, cuando en realidad lo que se mostró fue un prototipo sin evidencia de funcionamiento real en condiciones de combate. El supuesto “motor” de esta revolución es el modelo de inteligencia artificial DeepSeek, orgullo del sector tecnológico chino. Sin embargo, el problema estructural persiste porque China no dispone de los chips avanzados necesarios para sostener el entrenamiento y la ejecución de modelos de este tipo en operaciones militares.
Desde que Washington prohibió la exportación de procesadores de última generación, el país depende de hardware menos potente o de unidades adquiridas antes de las restricciones. Esa carencia no se resuelve con voluntad política ni con discursos patrióticos. Los documentos y licitaciones que exhibe el ejército chino aluden a tecnologías de “reconocimiento autónomo de objetivos” o “apoyo en tiempo real a decisiones de batalla”, pero no hay constancia de que existan sistemas funcionales.
En muchos casos se trata de patentes o proyectos en fase de laboratorio que el gobierno utiliza para proyectar una imagen de fuerza y autosuficiencia tecnológica.
Incluso cuando se mencionan chips fabricados por Huawei, los resultados son modestos. El rendimiento está lejos de lo que ofrecen los procesadores occidentales y los desarrolladores chinos dependen de software y bibliotecas que también provienen de Estados Unidos. Esta brecha técnica convierte a muchos de los anuncios en ejercicios de relaciones públicas más que en demostraciones de poder militar.
En el contexto de tensión con Taiwán, estas exhibiciones presentan a la población china que el país se prepara para cualquier escenario y al mismo tiempo envían a Washington la señal de que un enfrentamiento tendría un costo alto. Es una estrategia de disuasión construida sobre percepciones, no sobre capacidades comprobadas.
En realidad, el ejército chino enfrenta dificultades para integrar sus sistemas, coordinar sus cadenas de mando y operar tecnología compleja en situaciones reales. Por eso, cada anuncio de un nuevo dron inteligente o de un perro robot que patrulla de forma autónoma debe leerse como un mensaje político, no como un avance militar efectivo.
China domina el arte de fabricar poder simbólico a través de sus comunicados, pero la distancia entre lo que anuncia y lo que realmente puede es abismal. Mientras tanto, el humo de la propaganda mantiene viva la ilusión de una amenaza tecnológica que todavía no existe.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

