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De Orwell a la geopolítica actual: el mundo de 1984 parece cada vez más real

La disputa entre Estados Unidos, China y Rusia revive la lógica de las áreas de influencia y evoca la distopía imaginada por Orwell.



Hace algunas semanas y con apenas días de diferencia entre una y otra, el Presidente chino, Xi Jinping, se reunió con sus homólogos norteamericano y ruso. Estos encuentros sirvieron para intentar marcar el posicionamiento de su país como la “potencia sensata” frente a las otras dos, cuyos conflictos militares no solo las tenían empantanadas, sino que también han afectado gravemente la estabilidad mundial.

Pero más allá del qué, el punto aquí es el “con quién”. Al reunirse con Donald Trump y Vladimir Putin con días de diferencia, Xi reforzó la idea que son esos tres líderes y los Estados que comandan quienes dirigen la orquesta del “concierto internacional”. Esta realidad se conjuga con otra, que tiene que ver con el dominio que estas potencias ejercen. Es la tesis (que hunde sus raíces en el imperialismo decimonónico) de las “áreas de influencia”, expresado en el lema “Este es nuestro hemisferio” que Trump posteó poco después de que sus fuerzas militares extrajeran a Maduro de Venezuela. De esto se desprende que, bajo Trump, EE.UU. no permitirá la interferencia de otras potencias en los países de la región. En contraprestación, será comprensivo de Putin en su campaña ucraniana y no defenderá a toda costa a Taiwán si China decide avanzar en una reunificación por la fuerza.

Esta idea es la que (por defecto) se plasmó en la “Doctrina de Seguridad Nacional” que presentó la Administración Trump. Pero mientras Trump, Xi y/o Putin creen que ellos diseñan el devenir geopolítico en base a sus propias “doctrinas”, lo único que hacen es seguir lo que alguien más ha delineado en una obra de ficción. Me refiero a George Orwell en su legendaria novela 1984. Y es que el mundo de “áreas de influencia” que parecen estar diseñando EE.UU., Rusia y China parece un calco literal que el imaginado por el autor británico.

Vladimir Putin.

En el mundo de 1984, existen solo tres megaestados: Oceanía, Eurasia y Estasia. No hace falta hacer un gran ejercicio intelectual para ver cómo cualquiera de ellos se superpone a lo que cada potencia considera “suyo”. Pero el fuerte de la semejanza de la geopolítica actual al mundo creado por Orwell no se limita únicamente a cuestiones de límites y áreas de influencia. La verdadera “Doctrina” se ve en las relaciones entre las potencias. 1984 describe a las relaciones internacionales como el de alianzas y enfrentamientos que van mutando constantemente, sin que nadie sepa qué es real y qué propaganda. En nuestro mundo, un día podemos tener guerras comerciales o discursos altisonantes, mientras que al otro hay reuniones de líderes y acuerdos tácitos o explícitos de respeto a los objetivos imperiales de la contraparte.

Otro aspecto similar es la dinámica que se da por fuera de las “áreas de influencia” de cada una. En el mundo de Orwell Asia Central, la India, Medio Oriente, el Sahel y gran parte del África Subsahariana están catalogados como territorios en disputa, sumidos en un estado de guerra perpetua por los enfrentamientos entre potencias. ¿Acaso no es eso lo que ocurre en el mundo real? China ha, prácticamente, “comprado” África a fuerza de inversiones en Infraestructura. Rusia se inmiscuyó en cuanta guerra civil hubo en el continente. Y, en 2025, Estados Unidos bombardeó media docena de países en el área “afroasiática”. En el conflicto de Irán, las tres potencias estuvieron inmiscuidas, con Rusia compartiendo información de inteligencia con el régimen teocrático y China haciendo equilibrio entre un apoyo tácito a su principal proveedor de petróleo y la búsqueda de presentarse como mediador.

El fuerte de la semejanza de la geopolítica actual al mundo creado por Orwell no se limita únicamente a cuestiones de límites y áreas de influencia.

El otro aspecto (y, diría, el central) a destacar de la “Doctrina Orwell” es lo que podemos llamar la “cuestión ideológica”. En 1984 se explicita que cada uno de los tres superestados tienen sistemas sociales y políticos que, en esencia, son lo mismo: ideologías totalitarias que suprimen la individualidad.Creo que algo similar se podría decir de las tres potencias de nuestro mundo. En todos, de una forma más burda o más sutil, se han construido o están construyendo sistemas que caen en la definición de “iliberales” en lo político, mientras que en lo económico podrían denominarse “capitalistas autocráticos”. Éste último se expresa, por ejemplo, en el estadocentrismo chino, la imbricación entre la oligarquía postsoviética y el putinismo y en el “neomonarquismo” económico de Trump.

Orwell escribió 1984 para criticar el totalitarismo imperante en su época. Sin embargo, lo que nos dio fue un prisma para observar nuestro mundo actual. Que no es una distopía, pero se le parece mucho.

* Ignacio Gallelli. Politólogo y Periodista.