De Margaret Thatcher a Keir Starmer: cómo cambió Inglaterra desde el último gran duelo con Argentina
Argentina se mide con una Inglaterra muy distinta a la de 1986: Brexit, crisis económica, inmigración y una Corona con menos consenso.
La historia volverá a poner cara a cara a la Selección Argentina e Inglaterra este miércoles en las semifinales del Mundial, en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Exactamente cuarenta años después de la Mano de Dios y la marcada rivalidad deportiva atravesada por Malvinas, el Reino Unido que llegará al duelo es muy distinto al que gobernaba la Dama de Hierro, Margaret Thatcher.
En estas cuatro décadas, el país pasó de ser una potencia industrial a una economía cada vez más centralizada en los servicios financieros de Londres, salió de la Unión Europea con el Brexit en 2020, sufrió una década de estancamiento económico y crisis política, transformó su composición demográfica y vio cómo la monarquía perdió parte del consenso que supo tener durante el reinado de Isabel II.
De las fábricas al poder financiero de Londres
De acuerdo con Luis Schenoni, profesor de University College London, los gobiernos de Thatcher aceleraron una transformación que reemplazó buena parte del aparato industrial por una economía basada en los servicios financieros, la tecnología y la exportación de educación.
El resultado de ese proceso terminó por dejar a ciudades como Liverpool o Manchester obligadas a reconvertirse mientras Londres concentró cada vez más riqueza, empleo y poder económico.
-
Te puede interesar
Nuevos bombardeos de Estados Unidos en Irán dejan a varios muertos
A su vez, Alejandro Corbacho, director del Observatorio de Seguridad y Defensa de la UCEMA, coincide en que ese cambio también modificó la geografía económica del país: hoy la mayor parte de la riqueza se genera en Londres y el Gran Londres, mientras otras regiones perdieron peso relativo.
Esa concentración de poder también explica otro fenómeno que marcaría el futuro británico: la creciente dependencia que se generó a la inmigración para sostener sectores estratégicos como las finanzas, la tecnología y los servicios.
Brexit: la cuestión que dividió al país
Hace exactamente diez años, el referéndum del Brexit cambió el rumbo del Reino Unido. Con el 51,89% de los votos, el electorado votó a favor de salir de la Unión Europea contra el 48,11% que pidió permanecer.
Para Daniel Ozarow, profesor de la Universidad de Middlesex y cofundador de la Red de Investigadores sobre Argentina en el Reino Unido, la salida de la Unión Europea provocó "un terremoto político, social y económico". Siguiendo su análisis, el país perdió influencia internacional, deterioró su relación con Europa y también con Estados Unidos, mientras las promesas de "recuperar el control" terminaron sin cumplirse.
"Hoy existen millones de 'Bregretters'", resume el académico, al señalar que las encuestas presentadas recientemente por el European Council On Foreign Relations muestran que en caso de que hubiera un referéndum mañana, el 57% votaría para unirse a la UE y "tan sólo el 30% votaría para quedarse afuera".
Schenoni también considera que, visto con perspectiva, el Brexit "fue una mala decisión de política económica". Sin embargo, introduce un matiz: desde el punto de vista geopolítico, la salida permitió demostrar que Londres podía mantener autonomía respecto de Bruselas, aunque finalmente el conflicto con Rusia y la guerra en Ucrania terminaron obligando al Reino Unido a coordinar nuevamente con Europa en materia de defensa.
Corbacho plantea una visión similar. Para el politólogo, el Brexit devolvió cierta autonomía institucional al Reino Unido al permitirle tomar decisiones fuera de la estructura europea, aunque muchas regulaciones de Bruselas siguen condicionando su comercio. El problema, sostiene, fueron las expectativas desmedidas sobre los beneficios que traería la salida.
La inmigración: el principal argumento del Brexit que hoy sostiene la economía
La inmigración fue uno de los principales argumentos de la campaña que predicaba la salida de la Unión Europea. Sin embargo, los tres especialistas coinciden en que la economía británica continúa dependiendo de los trabajadores extranjeros.
Ozarow sostiene que los inmigrantes aportan alrededor de 55.000 millones de dólares a la economía británica según los números del informe "The Fiscal Impact of Immigration: Static and Dynamic Estimates for the UK" y que el envejecimiento poblacional obliga al país a seguir necesitando e incorporando mano de obra del exterior para cubrir vacantes en sectores como salud, construcción y servicios.
El profesor de la Universidad de Middlesex pone como ejemplo el hecho de que luego de la salida de la Unión Europea, muchos trabajadores polacos y rumanos dejaron el país y fueron reemplazados por inmigrantes provenientes de África, Asia y otros países del Commonwealth.
Schenoni explica que existe una contradicción paradójica, ya que el modelo económico británico necesita inmigración altamente calificada para mantener su competitividad, mientras una parte importante del electorado identifica justamente a la inmigración como uno de los principales problemas del país.
Corbacho agrega que el cambio ya no es solamente cuantitativo sino también demográfico. La inmigración dejó de provenir principalmente de Europa del Este y pasó a concentrarse en países extraeuropeos, modificando la composición social y también el mapa electoral británico.
Una década de estancamiento y una política cada vez más fragmentada
La economía británica atraviesa casi dos décadas de bajo crecimiento, salarios estancados y una persistente crisis del costo de vida.
Ozarow sostiene que esa situación alimentó un profundo desencanto con los partidos tradicionales y favoreció tanto el crecimiento de la derecha de Nigel Farage como el avance del Partido Verde, reflejando una fragmentación política inédita en el Reino Unido.
Schenoni observa ese fenómeno en el crecimiento electoral de Reform UK y otras fuerzas aún más a la derecha, mientras Corbacho destaca que las promesas incumplidas del Brexit terminaron afectando tanto a quienes impulsaron la salida como a quienes votaron por permanecer en la Unión Europea.
La inestabilidad política refleja ese escenario: en apenas una década el Reino Unido tuvo seis primeros ministros, una situación impensada para un sistema que durante décadas fue considerado uno de los más estables de Europa, el cuál se coronó con la reciente renuncia de Keir Starmer.
De la princesa Diana al "piloto automático": cómo cambió la monarquía
Si en 1986 Isabel II representaba uno de los mayores consensos nacionales, la realidad actual resulta bastante diferente.
Los especialistas coinciden en que la muerte de Diana marcó un antes y un después para la imagen de la familia real. Luego llegaron los escándalos vinculados al príncipe Andrés, Harry y Meghan, mientras Carlos III nunca logró alcanzar el nivel de popularidad de su madre debido en parte a su falta de carisma.
Ozarow recuerda que el apoyo a la monarquía poseía una aprobación del 86% en la década de 1980, mientras que en la actualidad ese número cayó al 51%, siendo los jóvenes mucho más favorables a un jefe de Estado electo que los mayores de 55 años.
Corbacho, sin embargo, cree que la institución conserva una enorme capacidad de supervivencia. Define a Carlos III como "un rey de transición", con poco carisma y eclipsado por la figura de su hijo Guillermo, pero sostiene que la Corona sigue funcionando como un símbolo de unidad nacional y una poderosa marca internacional para el turismo británico.
Schenoni resume el presente de la Corona británica con una imagen sencilla: pese al desgaste y a la pérdida de protagonismo político, la monarquía continúa "navegando en piloto automático". Ya no ocupa el centro de la vida pública como en tiempos de Isabel II, pero tampoco enfrenta un movimiento republicano capaz de poner en riesgo su continuidad.
Mientras Argentina e Inglaterra vuelven a enfrentarse en una cancha de fútbol, el país europeo llega con una realidad muy distinta a la de los años de Thatcher: menos influencia internacional que hace cuatro décadas, una economía golpeada por el Brexit, una política fragmentada, una sociedad mucho más diversa y una monarquía que sigue siendo un emblema nacional, aunque ya lejos del consenso casi absoluto que supo construir Isabel II.





