A 12 días de las elecciones, Lula desafió a Trump: "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie"
Lula abrió la Asamblea General con una defensa de la soberanía, rechazó los aranceles y avisó que no tolerará interferencias el 4 de octubre.
Lula apuntó contra Trump de cara a las elecciones en Brasil del 4 de octubre.
XFaltan doce días para la elección presidencial brasileña y Luiz Inácio Lula da Silva eligió la tribuna más visible del mundo para hablarles, al mismo tiempo, a Washington y a su propio electorado. Al abrir la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente armó su discurso alrededor de una sola idea: que nadie, ni adentro ni afuera, va a condicionar lo que pase en las urnas el 4 de octubre.
"Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", disparó el jefe de estado de Brasil, que no nombró a Donald Trump en ningún momento, pero buena parte de su intervención apuntaba en esa dirección. Cuestionó el reparto del planeta en áreas de influencia —"dividir el mundo en zonas de influencia neocoloniales es una medida anacrónica"— y planteó el dilema en términos binarios: "¿Soberanía o subordinación?".
El límite militar: "No necesitamos portaaviones"
El pasaje más duro no fue sobre comercio sino sobre seguridad, el frente donde la fricción con Estados Unidos viene creciendo. Washington presiona para que organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho sean tratadas bajo la lógica del terrorismo internacional, una categoría que habilitaría otro tipo de intervención. Lula lo rechazó de plano y puso el límite con una frase que no admite interpretaciones: "No subestimamos la amenaza de la criminalidad, pero no externalizamos la responsabilidad de controlar las fronteras. No necesitamos portaaviones fuera de nuestras aguas".
La disputa comercial también tuvo su lugar. En julio la administración Trump aplicó aranceles del 25% sobre parte de los productos brasileños, además de otros gravámenes, una medida que Brasilia impugnó por considerarla injustificada y que se convirtió en tema de campaña. Desde Nueva York, Lula defendió el sistema de pagos instantáneos Pix —otro foco de tensión bilateral—, rechazó el uso de los aranceles como herramienta de presión y sostuvo que su país va a seguir definiendo por su cuenta sus políticas económicas, comerciales y de seguridad: "Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie, nadie nos apartará de este camino".
El mensaje de Lula de cara a las elecciones en Brasil
"No permitiremos que los enemigos de la democracia, internos y externos, atenten contra la voluntad popular. La democracia brasileña pertenece a los brasileños", planteó, y advirtió que el continente asiste nuevamente a "la injerencia externa en los procesos electorales".
Lula presentó los comicios como algo más que una compulsa de candidatos: "No solo elegirán al Presidente de la República, a los gobernadores estatales y a los representantes del Poder Legislativo. Decidirán entre la democracia y el negacionismo. Si Brasil avanzará hacia un futuro de mayores oportunidades o retrocederá a un pasado de exclusión".
Su rival es Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por golpismo. La referencia a la interferencia externa tiene un antecedente concreto: en mayo, Trump recibió al candidato opositor en la Casa Blanca.
Una elección en empate técnico
El tono combativo se explica por los números. Datafolha ubicó a Lula en 46% y a Bolsonaro en 44%, una diferencia que cae dentro del margen de error. Una medición de Quaest dio al senador un punto por encima del presidente, mientras que BTG Pactual/Nexus invirtió esa relación. En los tres casos, empate estadístico.
El avance opositor se produjo pese a que la campaña de Flávio quedó alcanzada por una investigación por presunta corrupción y lavado de dinero vinculada al financiamiento de una película sobre su padre, que el senador niega. El caso terminó cruzándose con la crisis del Banco Master y el Supremo Tribunal Federal, y alimentó el discurso antisistema de la derecha.
Del otro lado, el oficialismo aceleró. La semana pasada anunció un aumento del 15% en el Bolsa Família y tomó medidas para contener el precio de los combustibles. El Gobierno sostiene que la suba responde a la inflación acumulada; la oposición la lee como gasto electoral. A eso se suma un flanco abierto en Bahía, donde Lula sacó el 72% en 2022 y hoy el avance del crimen organizado erosiona al oficialismo, justo en el terreno que Flávio eligió como eje de campaña.
Otros ejes de su discurso
El resto del discurso ratificó la agenda internacional del mandatario. Volvió a calificar como genocidio la ofensiva del gobierno de Benjamin Netanyahu en Gaza —caracterización que Israel rechaza— y sostuvo que generaciones enteras de palestinos van a cargar con el trauma de la guerra.
Sobre Ucrania reiteró su posición negociadora: "Todos sabemos que en el campo de batalla no habrá vencedores. La diplomacia es la única opción", y reivindicó el Grupo de Amigos de la Paz que impulsa junto con China.
También cargó contra el organismo que lo escuchaba. "La ONU está fallando en una de sus misiones más importantes: librar a la humanidad del flagelo de la guerra", afirmó, y atribuyó esa parálisis al "inmovilismo" de un Consejo de Seguridad que Brasil reclama reformar desde hace décadas, con la aspiración de ocupar un asiento permanente. Definió el actual como el momento más crítico de Naciones Unidas desde su primer discurso ante el foro, en 2003, y advirtió: "Las concesiones a la ley del más fuerte pasaron de los límites".
El cierre fue para un frente menos previsible. Lula apuntó contra los dueños de las grandes tecnológicas en plena expansión de la inteligencia artificial: "Un puñado de tecno-oligarcas quieren resucitar una versión del neoliberalismo digital, sin reglas ni transparencia", dijo, y sostuvo que sería "una omisión histórica e imperdonable" no avanzar con la regulación del sector. Les reprochó además descargar sobre las familias una responsabilidad que no les corresponde: "Las empresas que son conscientes de los riesgos de sus productos están trasladando a las familias la tarea imposible de lidiar con los algoritmos".
Y remató con la industria de las apuestas online, un tema que en Brasil escaló a problema de salud pública: "La multimillonaria industria de las apuestas convierte la adicción en lucro. Su rápida expansión está endeudando y destruyendo hogares. Brasil no tolerará este modelo de negocio".