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Comió ratas para sobrevivir, entrenó a Guillermo Vilas y se convirtió en uno de los millonarios más ricos del mundo

Ion Tiriac pasó de la pobreza extrema a dominar el tenis, no solo como jugador y entrenador, sino también como un visionario empresario que transformó el Masters 1000 de Madrid.

Una fascinante historia se esconde detrás del Tiriac Open de Bucarest, donde se llevará a cabo uno de los próximos tres torneos más importantes del tenis mundial. Su nombre es el de una figura clave de este deporte. Se trata de Ion Tiriac, quien nació en 1939 en Rumania, en medio de una situación de extrema dificultad económica y social, y se convirtió en una estrella.

Su infancia estuvo marcada por la pobreza y la lucha por la supervivencia. En una entrevista había confesado: "Se comía lo que se podía. Yo llegué a comer ratas para poder subsistir".

Sin embargo, el deporte lo sacó adelante. Primero representó a Rumania en hockey sobre hielo en los Juegos Olímpicos de 1964, pero luego el tenis le cambió la vida para siempre.

Fue gracias a la raqueta que desarrolló la mayor parte de su carrera. Como jugador, alcanzó el puesto 55 del ranking mundial, ganó Roland Garros en dobles junto a Ilie Nastase y fue parte del equipo campeón de la Copa Davis en 1972. Tras retirarse, se convirtió en entrenador de figuras como Guillermo Vilas y Boris Becker.

De la pobreza, al tenis y la fortuna: la historia de Ion Tiriac

Pero su mayor éxito llegó fuera de las canchas, en el mundo de los negocios. En 1990 fundó el primer banco privado de Rumania y, en 2002, adquirió los derechos del Masters 1000 de Madrid. Además, logró trasladar el torneo de octubre a mayo, integrándolo a la gira europea previa a Roland Garros.

Gracias a su visión empresarial, Tiriac dejó atrás su dura infancia y hoy acumula una fortuna estimada en 2.100 millones de dólares, según Forbes. No obstante, su carrera también ha estado marcada por la controversia. En 2004, reemplazó a los alcanzapelotas del Masters 1000 de Madrid por modelos profesionales, y en 2012 implementó la arcilla azul en lugar del tradicional polvo de ladrillo, una decisión que generó fuertes críticas.

A sus 85 años, Ion Tiriac sigue dejando su huella en el tenis, consolidándose como una de las figuras más influyentes del deporte.