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Elecciones en Alemania: ¿se avecina una revolución política en el "gigante europeo"?

El país más importante del viejo continente está atravesando una crisis política sin precedentes. Quiénes son los favoritos para reemplazar al socialdemócrata Olaf Scholz.
Foto: NA
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La jornada electoral en Alemania se perfila como la más importante desde el final de la posguerra. El sistema electoral, basado en la representación proporcional, pone en juego los 736 escaños del Bundestag, y alrededor de 60 millones de ciudadanos tienen derecho a votar.

El contexto es especialmente complejo tras el desgaste de la gestión del actual canciller, Olaf Scholz, y el fracaso de la coalición liderada por el socialdemócrata. El SPD, partido tradicionalmente protagonista en la política alemana, apenas alcanza el 15% de intención de voto, según un compilado de ocho encuestas publicado por Reuters esta semana.

Este resultado pone de manifiesto un profundo desencanto popular y abre la puerta a la emergencia de nuevas fuerzas políticas. ¿Será este el momento en que el electorado opte por un cambio radical en lugar de continuar con la política de siempre?

Para entender mejor el escenario, es imprescindible analizar el perfil de los principales candidatos que podrían llegar a ser canciller. Por un lado, tenemos a Friedrich Merz, líder del bloque conservador de la CDU/CSU. Nacido el 11 de noviembre de 1955, Merz cuenta con una larga trayectoria tanto en el sector público como en el privado. Desde que asumió el liderazgo de la CDU tras el retiro de Angela Merkel, su propuesta se ha centrado en la modernización económica, la reducción de la burocracia estatal y un enfoque más estricto en materia migratoria. Su imagen de hombre de negocios y su discurso orientado al libre mercado conectan con un electorado que anhela soluciones pragmáticas ante una crisis política y económica. La intención de voto del CDU/CSU es del 29%, consolidando así a Merz como uno de los candidatos con mayores probabilidades de liderar la formación de gobierno.

En contraposición, destaca la figura de Alice Weidel, co-líder de Alternativa por Alemania (AfD), que emerge como la gran sorpresa de este proceso electoral. El compilado de encuestas le da a AfD una intención de voto del 21%, pero se cree que podría ser más dado que viene en franco ascenso.

Con 46 años, Weidel posee una sólida formación en economía y experiencia en el sector financiero. Su discurso se centra en la defensa de la libertad empresarial, la reducción del tamaño del Estado y una política dura contra la inmigración ilegal, lo que le ha permitido captar a un sector del electorado que rechaza las políticas tradicionales.

“Un buen gobierno respeta la libertad empresarial y simplemente garantiza la seguridad interna y externa, el estado de derecho y una infraestructura funcional, un sistema educativo orientado al rendimiento e ideológicamente neutral, y el bienestar social para aquellos que no pueden valerse por sí mismos”, sintetizó Weidel en un discurso reciente en el Parlamento alemán.

Las propuestas de Weidel, que guardan similitudes con las de líderes europeos como Viktor Orbán (Hungría), Matteo Salvini (Italia) y Marine Le Pen (Francia), apuntan a una “nueva derecha” que se enfoca en cuestiones de seguridad y control migratorio, y también simpatiza con el discurso de reducción del tamaño del Estado de líderes libertarios como Javier Milei (Argentina).

Otro actor relevante en este escenario es el propio Olaf Scholz, actual canciller, quien ha ocupado altos cargos en el gobierno alemán a lo largo de su carrera. Con 67 años, Scholz es reconocido por su moderación y su apuesta por el consenso. Sin embargo, el desgaste en su gestión se ve reflejado en la baja intención de voto de su partido, el SPD.

Detrás vienen los Verdes, el FDP (a la izquierda de los socialdemócratas pero promercado), el Partido Liberal y La Izquierda.

Entonces, ¿cómo se configurarán las alianzas en un escenario tan disperso? La respuesta a esta pregunta es crucial, especialmente si se tiene en cuenta que todo el arco político -desde los conservadores hasta la extrema izquierda- ha dejado en claro su rechazo a coaligarse con Alternativa por Alemania, dada su postura en materia migratoria y de seguridad; formación que, a su vez, viene sumando apoyo en la ciudadanía de manera vertiginosa.

Es evidente que el electorado alemán parece inclinarse hacia opciones de derecha y centroderecha. Lo cual no debería sorprender teniendo en cuenta los últimos resultados en países como Estados Unidos (Donald Trump) y en otras naciones europeas (como por ejemplo Holanda y Francia).

Sin embargo, la negativa -en principio- de Friedrich Merz a pactar con Alternativa por Alemania provocará el inicio de un período de intensas negociaciones obligando a los partidos tradicionales —incluidos los socialdemócratas y los Verdes— a explorar posibles alianzas. Este escenario se podría prolongar durante meses profundizando la actual crisis económica y política. Se abriría un escenario similar al que transita actualmente Francia, con un Emmanuel Macron sumamente desgastado que se niega a traspasarle el poder a Agrupación Nacional (RN) de Le Pen, aun si ello implica pactar con la extrema izquierda.

No obstante, más allá de que Weidel, al igual que Le Pen, no pueda llegar en esta ocasión al Palacio de Bellevue, mientras la crisis se agrave, seguirá cosechando respaldos, tanto internos como externos. Cabe destacar que en su participación en la reciente Cumbre de Seguridad de Múnich, Weidel fue la única política alemana en reunirse con el vicepresidente estadounidense JD Vance. Además cuenta con el apoyo explícito del hombre más rico del mundo y funcionario estrella de la administración Trump: Elon Musk.

¿Será posible que la “locomotora” de Europa encuentre en esta crisis la oportunidad para reinventarse? Todo parece indicar que sí, aunque tal vez haya que esperar un poco más de tiempo.