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Un encuentro improbable: Xi Jinping y la invitación de Donald Trump

Se trata de un evento que rompe moldes en las relaciones internacionales. El último gran encuentro entre ambos líderes fue en 2017.

El anuncio de que Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, invitó a Xi Jinping a su ceremonia de asunción es, por sí mismo, un evento que rompe moldes en las relaciones internacionales. Nunca antes un líder chino fue convocado para asistir a la toma de posesión de un presidente estadounidense, lo que subraya las complejidades de la relación entre estas dos potencias. Este gesto, sin embargo, adquiere un peso especial si se analiza a la luz del último gran encuentro entre ambos líderes en 2017, en Mar-a-Lago, un episodio que dejó una marca indeleble en la memoria de Xi.

En abril de 2017, Xi asistió a una cena en la residencia de Trump en Florida. Lo que parecía ser un momento protocolar se transformó en un evento cargado de tensión. Durante el postre, Trump anunció que Estados Unidos había llevado a cabo ataques aéreos en Siria como represalia por el uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar al-Assad. Xi, sorprendido, solicitó que su intérprete repitiera la declaración para asegurarse de no haber malentendido. Su respuesta fue calculada y medida, aceptando la acción militar como inevitable dadas las circunstancias. Sin embargo, este episodio dejó expuesto a Xi, quien en ese entonces no ostentaba el poder absoluto que hoy ejerce en China.

Para Trump, el anuncio fue una herramienta de presión. En ese mismo encuentro, utilizó el tema de Corea del Norte para buscar cooperación de China en la contención de las ambiciones nucleares de Pyongyang. Sin embargo, Xi se mostró reticente, dejando claro que, aunque ambos países compartían intereses en ciertos aspectos, sus prioridades estratégicas eran divergentes.

Hoy, la invitación de Trump llega en un contexto geopolítico marcado por tensiones renovadas. Durante su campaña, Trump prometió endurecer las sanciones económicas contra China, incluyendo la imposición de aranceles adicionales y la presión por el tráfico de fentanilo. En contraste, Xi enfrenta desafíos internos y externos, incluyendo una economía debilitada y una mayor presión por parte de aliados clave de Estados Unidos.

El mandatario chino declinó el convite. Y el cálculo que un presidente como Javier Milei hizo para estar allí, marca un contrapunto con la matemática de Beijing.

Para Xi, aceptar la invitación no es una decisión arriesgada. Por un lado, podría interpretarse como un gesto de apertura diplomática. Por otro, reaviva los recuerdos de 2017, cuando fue sorprendido en un escenario que le resultó desfavorable. La presencia de Xi en Washington podría ser vista como una oportunidad para el diálogo o como un riesgo calculado en un tablero internacional cada vez más complejo.

En este momento crítico, las dinámicas entre ambos países afectan el equilibrio global. Mientras Trump reafirma su postura frente a China, Xi evalúa cada movimiento con cautela, consciente de que cualquier error tiene consecuencias significativas, tanto en el escenario internacional como en su posición dentro de su país. La invitación de Trump es, por tanto, mucho más que un gesto protocolar: es una jugada estratégica en un juego de poder donde cada acción cuenta.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.