China: la estrategia del control del agua y su impacto en Asia
En décadas recientes, China desarrolló una serie de proyectos de gestión del agua que transformaron su paisaje hidrográfico e impactaron en países vecinos. Entre estos proyectos destaca el ambicioso Proyecto de Desvío de Agua de Sur a Norte. Este transporta más de mil millones de metros cúbicos de agua anuales desde el centro de China hasta Beijing, la capital. Esta obra titánica busca resolver la escasez de agua en las regiones áridas del norte de China, y forma parte de una estrategia más amplia que cambiará el equilibrio de poder en Asia.
China, siendo el origen de muchos ríos transfronterizos que abastecen a 18 países aguas abajo, posee un control significativo sobre los recursos hídricos de la región. Esta posición le otorga un poder considerable sobre sus vecinos, incluidos India, Bangladesh, Vietnam y Kazajstán. La construcción de numerosas presas y plantas hidroeléctricas en estos ríos generó preocupaciones ambientales y políticas. La capacidad de controlar el flujo de agua permite a China influir en la agricultura, la industria y el suministro de agua potable en estos países.
El desarrollo de infraestructura, como represas y proyectos de desvío de agua, fue una estrategia clave de China para consolidar su influencia. Estos proyectos le permiten regular el flujo de agua hacia los países aguas abajo, lo que puede ser utilizado como una herramienta de presión política. Por ejemplo, la construcción de presas en el río Mekong, conocido como Lancang en China, generó temores de inundaciones y sequías en los países del sudeste asiático. La capacidad de China para manipular el suministro de agua fuerza a estos países a mantener buenas relaciones diplomáticas para asegurar un flujo constante.
La estrategia china de controlar el agua no es solo una cuestión de gestión de recursos, sino una táctica para convertirse en un actor indispensable en la región. Al tener la capacidad de cortar el suministro de agua, China puede ejercer presión sobre sus vecinos, quienes se verán obligados a mantener relaciones amistosas para evitar cortes de agua que devastarán sus economías y sociedades. Esta dependencia crea una dinámica de poder asimétrica donde los países vecinos tienen poco margen de maniobra.
La falta de acuerdos multilaterales sólidos sobre la gestión del agua en Asia agrava esta situación. Aunque existen alrededor de 50 acuerdos bilaterales relacionados con el agua, muchos de ellos utilizan un lenguaje vago que puede llevar a disputas. Esta falta de claridad en los acuerdos permite a China mantener una posición de ventaja.
Los países afectados por la estrategia hídrica deben buscar soluciones para reducir su dependencia del agua controlada por China. Una opción es la desalinización, que convierte el agua de mar en agua potable. Sin embargo, este método tiene sus propias limitaciones y desafíos:
1. Costo Elevado: la construcción y operación de plantas desalinizadoras es extremadamente costosa. Requiere una inversión inicial significativa y costos continuos para el mantenimiento y la energía necesaria para el proceso.
2. Impacto Ambiental: la desalinización puede tener efectos adversos en el medio ambiente, como la generación de salmuera, un subproducto altamente salino que puede dañar los ecosistemas marinos si no se gestiona adecuadamente.
3. Capacidad Limitada: las plantas desalinizadoras suelen tener una capacidad limitada en comparación con las necesidades de agua de grandes poblaciones o sectores agrícolas extensos. No pueden reemplazar completamente el suministro de agua dulce de los ríos transfronterizos.
Además de la desalinización, los países vecinos pueden considerar otras estrategias para mitigar su dependencia del agua controlada por China:
-Conservación y Gestión Eficiente del Agua: implementar políticas y tecnologías que mejoren la eficiencia del uso del agua, como la modernización de los sistemas de riego y la reducción de pérdidas en las redes de distribución.
-Diversificación de Fuentes de Agua: explorar y desarrollar otras fuentes de agua, como la recolección de aguas pluviales y el uso de acuíferos subterráneos.
-Cooperación Regional: fortalecer la cooperación regional y establecer acuerdos multilaterales más claros y vinculantes sobre la gestión del agua, lo que podría reducir la capacidad de China para ejercer presión unilateral.
La estrategia de China de controlar el agua para influir en sus vecinos es una táctica poderosa con profundas implicaciones para la estabilidad y el desarrollo de Asia. Los países de la región deben tomar medidas proactivas para reducir su dependencia y diversificar sus fuentes de agua. Aunque la desalinización ofrece una posibilidad, sus altos costos y limitaciones significan que no puede ser la única respuesta. Es crucial que estas naciones adopten un enfoque integral que incluya la conservación del agua, la diversificación de fuentes y la cooperación regional para garantizar un futuro sostenible y reducir la vulnerabilidad a la influencia de China.
Las cosas como son.
*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

