Protestas propalestinas en EE. UU.: ¿complot para bajar la candidatura de Joe Biden?
A tan solo seis meses de las elecciones generales en Estados Unidos, las demandas propalestinas en diferentes universidades han sacudido el tablero político del país norteamericano, a tal punto que algunos analistas aseguran que se trata de las movilizaciones estudiantiles más grandes desde la década del ‘60. Sin embargo, lejos de ser espontáneas, todo parece indicar que hay una “mano negra” financiando y dirigiendo las movilizaciones que, en muchos casos, han resultado sumamente violentas y están afectando significativa y negativamente la imagen del presidente Joe Biden, quien busca su reelección en noviembre.
A priori, la lógica indicaría que si hay alguien tras bambalinas fogoneando el caos para perjudicar a Biden se debería tratar de su acérrimo opositor, pero el candidato republicano Donald Trump -su principal contrincante- no tiene absolutamente nada que ver con estos hechos; es más, ha repudiado el accionar violento de los manifestantes. Entonces, ¿quién quiere sembrar el descontrol para perjudicar al veterano político de 81 años? ¿Sus enemigos podrían estar dentro de sus propias filas? Yendo un paso más allá, ¿podría estar en riesgo la reelección del dirigente demócrata?
“¡Joe, el genocida!”, es el grito que viene sonando cada vez con más fuerza en las más de 140 protestas propalestinas -y en muchos casos pro-Hamás- que se han reportado en el vasto territorio estadounidense desde hace semanas. Pero esto viene desde más atrás.
A comienzos de este año, cuando comenzaron las primarias del Partido Demócrata y cuando Biden aún era precandidato -a pesar de que no tenía prácticamente competidores internos-, comenzó a aparecer un movimiento de izquierda propalestino que desafío al candidato del establishment globalista-progresista.
Este movimiento, llamado “no comprometido”, instaba a la base demócrata a no elegir a Biden y los resultados fueron sorprendentes: Michigan 13%, Minnesota 19% y Hawái 29%, entre otros estados.
Se estima que esta masa de personas podrían representar, nada más ni nada menos, que el 10% de los votantes que en 2020 se inclinaron por el exvicepresidente de Barack Obama.
Sin embargo, no solo es la base demócrata la que se ha movilizado en contra de Biden. Rashida Tlaib, congresista del “Escuadrón” -un grupo de parlamentarias demócratas socialistas-, acusó abiertamente al presidente de apoyar el “genocidio de los palestinos”: “Señor presidente, el pueblo estadounidense no está de su lado en este tema. Lo recordaremos en 2024”, dijo Tlaib en noviembre del año pasado.
Y hay mucho más. Informes recientes han comprobado que algunos de los grandes apellidos que destinaron millones (y millones) de dólares para la campaña de reelección de Biden están financiando, a su vez, las protestas que -aunque parezca paradójico- perjudican claramente al candidato demócrata.
De acuerdo a un reporte de Politico, el controvertido especulador progresista George Soros aportó unos 500.000 dólares a Jewish Voice for Peace, una de las organizaciones detrás de las protestas propalestinas. El magnate utilizó la Tides Foundation para tal fin, institución que, a su vez, recibió 300.000 dólares de la Fundación de los Hermanos Rockefeller. Por su parte, Susan y Nick Pritzker, de los hoteles Hyatt, respaldaron, por ejemplo, a la organización The Climate Justice Alliance.
Obviamente, semejante inyección de dinero para promover a quienes le gritan “genocida” al presidente Biden no ha pasado desapercibida por demócratas que sí siguen respaldando su candidatura. “¿Por qué la Fundación de los Hermanos Rockefeller concede importantes subvenciones a Jewish Voice for Peace, que culpó de los horribles atentados del 7 de octubre a Israel y Estados Unidos en lugar de a Hamás?”, se preguntó la donante “azul” Elisha Wiesel.
En efecto, las manifestaciones universitarias -en muchos casos vandálicas- están sumamente financiadas e impulsadas por sectores muy poderosos del establishment de Wall Street. De acuerdo a NGO Monitor, las protestas están organizadas por una "red de organizaciones no gubernamentales radicales y a menudo antisemitas”.
El instituto reveló, entre otras cosas, que estos financiamientos vienen desde hace varios años: entre 2019 y 2021, la Fundación de los Hermanos Rockefeller donó $340.000 a la Jewish Voice for Peace. La Fundación Tides de Soros le dio $75.000 a la misma organización en 2019. Estudiantes por la Justicia en Palestina, por su parte, recibió $170.000 de la Rockefeller Philanthropy Advisors entre los años 2021 y 2022, y también recibió dinero de Soros.
Pero esto no es todo. Según un informe reciente de The Wall Street Journal, mediante un programa de becas, la Campaña Estadounidense por los Derechos de los Palestinos (USCPR) paga a manifestantes pro-Palestina, buscando crear zonas «libres de judíos» y a jurar fidelidad al grupo terrorista Hamás. Las becas requieren que los estudiantes destinen 8 horas semanales para actividades como campañas que «exigen a los políticos federales o estatales que corten los lazos militares, financieros o diplomáticos de Estados Unidos con Israel». La Open Society Foundation de Soros desde 2018 y el Fondo de los Hermanos Rockefeller desde 2019, han patrocinado la campaña que hasta el momento tiene registrados desembolsos de $700.000 y $515.000 dólares respectivamente.
Como es sabido, las protestas se han extendido desde la Universidad de Columbia hasta otras reconocidas casas de estudio como Harvard en Yale, Berkeley en California, la Universidad Estatal de Ohio y Emory en Georgia. La represión ordenada luego de varios días de acampe llevó a la detención de estudiantes, entre los que se destaca el “becario” de USCPR, Craig Birckhead-Morton, estudiante de último año en Yale. Otra de las detenidas es una afiliada a la campaña registrada como Nidaa Lafi de la Universidad de Texas en Dallas, quien a su vez fue presidente de Estudiantes por la Justicia en Palestina en la misma universidad. Malak Afaneh de Berkeley, quien es copresidente de los Estudiantes de Derecho de Berkeley por la Justicia en Palestina, también fue arrestada tras protagonizar varios hechos vandálicos, incluyendo la agresión de la esposa del decano.
En este marco, las aguas comenzaron a dividirse dentro del Partido Demócrata. De hecho, el alcalde de la ciudad de Nueva York, el demócrata Eric Adams, fue un paso más allá y aseguró que tenían identificados en los campus a individuos y organizaciones que ni siquiera son estudiantes universitarios, sino agitadores externos profesionales. De hecho, la policía de Nueva York encontró que Sami Al-Arian, un terrorista deportado a Turquía en 2015, publicó una foto de su esposa en el campamento de tiendas de campaña en Columbia.
Con políticos de su propio partido diciendo abiertamente que no votarán por él si no detiene el apoyo a Israel, donantes millonarios financiando los -al menos- 145 campamentos que se levantaron en el vasto territorio estadounidense y la presencia de infiltrados que buscan fomentar el caos, el presidente Biden -luego de varios días de silencio- decidió lo esperable: reprimir y condenar el antisemitismo y la violencia. Hasta ahora se han registrado más de 2.000 detenidos.
Pero, la pregunta del millón es ¿hasta dónde le ha jugado en contra esta nueva movida a Biden? Ciertamente, estos jóvenes y otras minorías que les apoyan en su reclamo -desde afroestadounidenses hasta miembros LGBT- representan un grupo de electores que históricamente han tendido a votar por el Partido Demócrata, pero eso ahora podría cambiar.
Una encuesta de Reuters/Ipsos, de marzo, muestra que los estadounidenses de 18 a 29 años optan por Biden frente a Trump por solo 3 puntos porcentuales -29% a 26%-. En 2020, Biden superó a Trump por 24 puntos en este segmento.
Otro trabajo publicado por el diario USA Today a mediados de abril, que muestra resultados similares, encuentra que una de las razones detrás de la caída en intención de voto del mandatario es, en efecto, la posición del gobierno estadounidense frente a la guerra en Gaza.
Otra encuesta divulgada a finales de abril por CNN indica que el 81% de los menores de 35 años desaprueba la gestión de Biden frente al conflicto entre Israel y el grupo terrorista Hamás.
Estos números se ven reflejados en la ventaja que, semana a semana, Trump viene ampliando sobre Biden. De acuerdo al último trabajo de Rasmussen Reports, el republicano le saca 12 puntos de diferencia a su rival demócrata. Números similares muestra un sondeo de la “anti-Trump” CNN, realizado entre el 18 y el 23 de abril: la diferencia es de 9 puntos a favor del candidato conservaor.
En tanto, mientras el Partido Republicano está alineado firmemente detrás de Trump, el Partido Demócrata está más dividido que nunca. Muestra de ello es que el 1 de mayo, 57 demócratas del Congreso pidieron a Biden que retuviera la ayuda a Israel.
En lo sucesivo y con respecto a los jóvenes, Biden podría tener su primera prueba de fuego a fines de mayo cuando visite el Morehouse College de Atlanta para brindar un discurso de graduación. Será la primera vez que acuda a un campus desde que comenzaron las manifestaciones. Estudiantes y profesores ya han pedido que se retirara la invitación al presidente.
Para colmo, este año la Convención del Partido Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés) -donde se nombrará a Joe Biden como candidato oficial- se realizará en Chicago, tal como ocurrió en 1968, cuando hubo manifestaciones estudiantiles multitudinarias en contra de la Guerra de Vietnam que acabaron en desmanes y represión. El hecho perjudicó al candidato demócrata, Hubert Humphrey, porque hizo parecer que el partido “azul” era sinónimo de caos y que la situación se había desbordado. Obviamente, el que salió favorecido fue el republicano Richard Nixon, quien luego se convertiría en presidente.
De hecho, no sería alocado proyectar que algo similar podría ocurrir ahora con Donald Trump. El líder del movimiento MAGA se ha mostrado muy claro en su posición: las protestas forman parte de una revolución radical de la izquierda y hay que detenerlas. Sin titubear, Trump representa la ley y el orden, frente a un Biden cada vez más timorato y sin carácter.
Para sumar un condimento extra al menú que podría ofrecer la ciudad de Chicago en agosto, la extrema izquierda ya está organizando protestas para boicotear la candidatura de Biden. El 13 de abril, cientos de personas de 75 organizaciones diferentes celebraron en esa misma ciudad la conferencia de la coalición izquierdista March on DNC, con el fin de planificar una protesta durante la convención demócrata. Para graficar el tenor de esta movilización, según un informe de The Free Press, algunos de los oradores explicaron, entre otras cosas, cómo decir «Muerte a Estados Unidos» en farsi. Según el medio, el FBI allanó las viviendas de cuatro de los oradores por presuntos vínculos con organizaciones terroristas. Y no son solo grupos inorgánicos. Byron Sigcho-López, concejal del distrito 25 y miembro del equipo de liderazgo del alcalde de Chicago, fue otro de los oradores. Sigcho-López había participado previamente en una manifestación organizada por Behind Enemy Lines, un movimiento extremista que fue prohibido en Alemania por celebrar la masacre de Hamás del 7 de octubre. Durante la protesta, el concejal habló después de que un orador prendiera fuego una bandera estadounidense.
La convocatoria de la izquierda radical, que antes apoyó a Biden, promete ser multitudinaria, incluso más que la de 1968: “La marcha contra la DNC será la mayor movilización propalestina en la historia” de Chicago, aseguró Hatem Abudayyeh, líder de la red comunitaria palestino-estadounidense.
“En agosto, esperamos a decenas de miles de palestinos, árabes, negros, latinx, asiáticos y otros manifestantes de todas partes de EE. UU. para decir fuerte y claro que el ‘Genocida Joe’ Biden y la Asesina Kamala Harris detengan la ayuda a Israel, dejen de armar a Israel”, dijo en un video difundido por The Wall Street Journal.
Entonces, ¿los radicales podrían poner en peligro no solo al DNC, sino también las posibilidades de reelección de Biden en noviembre? Para el representante demócrata Ritchie Torres, del Bronx, Nueva York, la respuesta es “sí”: “Donald Trump no tiene mayor amigo que el movimiento Palestina Libre, que parece decidido a socavar a Joe Biden por cualquier medio necesario… Es impactante ver a los autoproclamados demócratas declarar la guerra al presidente en ejercicio»”.
En conclusión, ¿perderá Biden parte de su electorado? Aún más, ¿podría un sector del establishment progresista estadounidense boicotear su candidatura? ¿El ganador de esta pelea entre izquierdistas radicales y progresistas podría ser Donald Trump? Muchas preguntas que aún no tienen respuestas concretas, pero lo cierto es que esta carrera presidencial se proyecta como una de las más álgidas de la historia estadounidense.