¿Trump podría ser candidato (o inclusive presidente) aún estando preso?
Las elecciones estadounidenses en 2024 probablemente pasarán a la historia por ser una de las que más expectativas han generado. Por supuesto, un elemento fundamental que despierta tanto interés -entre propios y ajenos- tiene nombre y apellido: Donald Trump.
De hecho, las cámaras de todos los noticieros de EE.UU. y buena parte del mundo hoy estuvieron apuntando a Atlanta, donde el expresidente republicano -que busca volver a la Casa Blanca en 2025- compareció ante la justicia y quedó detenido durante unos momentos, antes de ser liberado.
Es la primera vez en la historia de Estados Unidos que un expresidente es procesado penalmente. Pero este caso no es el único. El líder del movimiento MAGA (Make America Great Again -Hacer Grande a Estados Unidos de Nuevo-) enfrenta otras tres causas. En total, deberá afrontar unos 91 cargos que, de ser hallado culpable de todos, podría ser sentenciado a cientos de años en prisión.
En concreto, la reciente imputación en Georgia se suma a los casos por falsificación contable en el marco de su campaña electoral en 2016, la tenencia de material clasificado en su residencia de Mar-a-Lago y los intentos de anular las elecciones presidenciales de 2020. En principio, los juicios tendrán lugar el año que viene, en medio de la campaña electoral para suceder al actual presidente, Joe Biden.
Si nos dejáramos llevar por esta “foto”, la conclusión sería obvia: Trump tiene su suerte echada. Sin embargo, lejos está de ser así y, como veremos a continuación, no solo podría salir “ileso” de este embate del establishment judicial y político de su país, sino que aun siendo condenado… ¿Podría ser candidato? Aún más, estando preso, ¿podría igualmente ser consagrado el 47.° presidente de Estados Unidos de América?
En primer lugar, hay que decir que todas las causas (en las cuales Trump se declaró “no culpable”), sin duda, tienen una motivación política detrás. Esto no significa que no pueda haber pruebas de que el imputado incurrió en algún delito. Sino que hay muchos factores que se conjugaron para darse en el mismísimo momento en el que el exmandatario republicano anunciaba sus intenciones de competir por la Casa Blanca.
Algunos “detalles” que sustentan el argumento del párrafo anterior: todas estas causas han surgido, de la noche a la mañana, en el transcurso de este año; el tratamiento exprés que le han dado tanto jueces (todos ellos asignados durante las administraciones Obama y Bush) como fiscales (todos ellos alineados con el Partido Demócrata e incluso financiados en sus campañas por el controvertido magnate y especulador de izquierdas George Soros -como el caso de Alvin Bragg-); y la fecha de los juicios (por ejemplo, los casos de Stormy Daniels y los de interferencia electoral, ambos en Nueva York, están pactados para el 25 de marzo de 2024 y para comenzar el 2 de enero de 2024, respectivamente). Inclusive se podrían sumar otros casos dentro de poco en otros lugares, como Arizona.
Pero más allá de eso, lo cierto es que las causas parecen seguir su curso. Entonces, en concreto, ¿cuál podría ser el destino final de Trump? La respuesta a esta pregunta se puede abordar desde dos dimensiones: una estrictamente legal y otra más bien desde la realpolitik.
La Constitución de Estados Unidos establece tres claros requisitos de elegibilidad para ser presidente: tener más de 35 años, ser ciudadano natural “de nacimiento” y haber vivido en el país al menos 14 años. Todo esto lo cumple Trump. En otras palabras: no hay limitaciones para ejercer la presidencia basadas en acusaciones ni condenas penales.
Es decir, legalmente, no hay nada que le impida al magnate neoyorquino presentarse en las primarias republicanas ni tampoco -en caso de ganarle a sus contrincantes del GOP- en las generales -donde enfrentará a Joe Biden-.
Hay un antecedente: en 1920, el socialista Eugene Debs se postuló para presidente estando tras las rejas -había sido condenado dos años antes por sedición-. Obtuvo casi un millón de votos.
Pero la pregunta del millón es: si se presenta como candidato y gana, ¿qué pasa? ¿Podría ejercer la presidencia de Estados Unidos estando encarcelado? ¿Sería esto posible?
Ateniéndonos estrictamente al marco legal, de nuevo: no hay ningún obstáculo jurídico para que una persona ejerza su cargo electo desde una prisión.
De hecho, también hay un caso para citar: James Traficant de Ohio sirvió parte de su cargo legislativo tras las rejas tras ser enjuiciado por usar fondos de campaña para uso personal.
Obviamente, son excepciones y, ciertamente, se trata de casos menores (Debs sacó el 3% de los votos y Traficant ocupaba una banca en el Congreso). Esto nos lleva a plantearnos, en términos concretos y prácticos, que sucedería en esta hipotética pero factible situación.
El sentido común nos dice que es prácticamente imposible ejercer la presidencia de un país -encima el más poderoso del mundo- desde una prisión. Y aquí entramos en el terreno de las conjeturas políticas. Es más, en la práctica, si Trump resultara electo el 5 de noviembre de 2024 se generaría una crisis político-jurídica que es muy probable que se termine resolviendo en la Corte Suprema.
Sin embargo, podría haber otras opciones. Pero antes de pasar a ellas hay que tener en cuenta el enorme apoyo popular que hoy tiene Donald Trump para proyectar cómo se podría dar un desenlace político/jurídico a esta situación anómala.
Una encuesta reciente de CBS News -un medio que precisamente no se caracteriza por ser “trumpista”- muestra que Trump lidera la preferencia de los votantes republicanos con el 62%; muy por detrás de él se encuentran Ron DeSantis (14%); Vivek Ramaswamy (7%); Mike Pence (5%), etc.
De hecho, ante semejante apoyo, Trump decidió no participar en el primer debate republicano el miércoles por la noche en Milwaukee. A propósito, el precandidato que más lo defendió en su ausencia fue el joven empresario Ramaswamy, quien se llevó todos los aplausos en el piso al afirmar que Donald Trump fue “el mejor presidente del siglo XXI”. Es más, según el consenso de los analistas, el también autor de 35 años fue el gran ganador de la noche.
Para corroborar el liderazgo del expresidente citamos una cifra más al respecto: el debate republicano -transmitido por Fox News- fue visto por 23,9 millones de espectadores. Hasta el momento de la redacción de este artículo, la entrevista realizada por Tucker Carlson a Trump, transmitida en el mismo horario del debate por la cuenta del expresentador de Fox News en la red social X (ex-Twitter) sumaba unas 234 millones de reproducciones.
Es más, en ausencia del magnate conservador, todos sus contendientes dijeron que lo apoyarían si es declarado culpable e inclusive si gana la interna republicana.
Lo que se puede inferir con esto es que, en primer término, si efectivamente las acusaciones contra Trump tienen una motivación política por parte del Partido Demócrata, bien podría recular la Administración Biden ante semejante popularidad de su contrincante.
Siempre en el terreno de las conjeturas, una opción podría ser que, antes de abandonar la Casa Blanca, Joe Biden indulte a Trump con la excusa de que las urnas han hablado y debe perdonarlo para que pueda gobernar.
En otro escenario, el líder republicano bien podría asumir su cargo estando condenado y, luego de tomar posesión, se perdonase a sí mismo; o que el Departamento de Justicia -ya bajo su cargo- desestime los casos correspondientes.
En el medio hay otras propuestas ya circulando, como por ejemplo la del congresista Matt Gaetz que ha hecho público un mecanismo legislativo para citar a declarar a Trump ante la Cámara de Representantes y que, siendo parte de ese proceso, no pueda ser condenado por la justicia.
A todo esto, ¿qué dice Trump al respecto? El líder del movimiento MAGA se muestra tranquilo y ya ha dicho que si es condenado no retirará su candidatura. Por lo tanto, esperamos una campaña presidencial tan apasionada como inaudita en Estados Unidos. Todo puede pasar.

