Chile y el fracaso de un proceso constituyente
Los chilenos están convocados a aprobar o rechazar un texto constitucional sobre el que existe un amplio consenso -entre partidarios y detractores- de que se trata de un mal proyecto. A diferencia del plebiscito de entrada, donde la idea de iniciar un proceso de elaboración de una nueva Constitución fue ampliamente respaldada por los chilenos, en esta ocasión el país llega dividido prácticamente en dos, entre quienes apoyan o rechazan el borrador.
Aún cuando la necesidad de una nueva Constitución no estaba dentro de las prioridades de los chilenos, la clase política optó por reemplazar la Constitución vigente como una forma de solucionar la grave crisis política e institucional que estalló en octubre de 2019. Para una parte de los chilenos, los políticos terminaron renunciando a la Constitución vigente para reducir -sin éxito- los episodios de violencia que azotaban al país, mientras que una gran mayoría vio en este proceso una oportunidad para dejar atrás un texto constitucional que dividía al país. Pero rápidamente la esperanza que abrigaban muchos en el proceso comenzó a desvanecerse.
Las distorsiones que generó la elección de los convencionales a cargo de redactar el nuevo texto, permitió que la Convención Constituyente estuviera integrada mayoritariamente por sectores de extrema izquierda o de izquierda radical, dejando a la centro izquierda democrática y a la centroderecha en una posición minoritaria. Desde el primer día, el ánimo refundacional de esa
mayoría se hizo sentir en el debate y elaboración de las normas. Junto con ello, la elección de convencionales que hicieron de la Convención un verdadero espectáculo circense, comenzó a socavar la confianza ciudadana en el trabajo constituyente. El prestigio de la Convención terminó en el suelo.
Por su parte, el texto constitucional adolece de graves defectos y errores, que generan un amplio y transversal rechazo entre diversos sectores del país. El clásico eje entre izquierda y derecha dio paso a un eje que distingue entre quienes defienden la libertad, la democracia representativa, el Estado de Derecho y los valores y tradiciones constitucionales (Centroizquierda por el Rechazo, Amarillos, Chile Vamos y Republicanos) y quienes defienden un proyecto de índole totalitario, plurinacional y social de derechos, que sigue los mejores ejemplos de Bolivia, Venezuela y Ecuador (Frente Amplio, el PC, PS y PPD).
Eso es lo que se juega este próximo domingo: mantenerse como una nación que sigue los mejores valores constitucionales y
democráticos en el mundo, o bien integrarnos al tan menospreciado grupo de países latinoamericanos que persiguen ideales políticos trasnochados. No obstante la fuerte intervención electoral del gobierno, todas las encuestas favorecen a la opción rechazo. Las fuerzas políticas, de manera transversal, ya comienzan a esbozar las diferentes hojas de ruta que deberán seguirse, para concluir un proceso constituyente que a todas luces fracasó. De ahí que el desafío futuro es elaborar una nueva y buena Constitución, que una a todos los chilenos.
* Francisco Orrego Bauzá es abogado y ciudadano chileno.
