Vladimir Putin arrastra a la guerra hasta a los estudiantes universitarios
“En Moscú y San Petesburgo, ya se están llevando para integrar las fuerzas armadas a jóvenes que trabajaban en estudios jurídicos o que cursaban en las universidades. Nadie está hoy a salvo. Algunos de los que fueron secuestrados hace tres semanas ya han muerto en el frente de batalla. Estaban mal entrenados y con ropa inadecuada”, denunció la periodista rusa Alexandra Petrachkova.
En pocas horas, el país más extenso del planeta pasó de asistir a operaciones especiales para “desnazificar” Ucrania por parte de sus tropas a la cruda realidad: están en guerra y, para peor, la están perdiendo.
La conflagración ha entrado en las casas de miles de familias rusas ya que se llevan a uno de sus integrantes a combatir en batallas para las que no están bien preparados contra un “enemigo” con el que tienen sólidos lazos culturales e históricos.
“Muchas madres han quedado solas, con dos y tres hijos. Se las ve en los bancos pidiendo créditos para poder pagar los gastos de su familia. Se han quedado sin el padre, sin el hombre en la casa”, agregó la reportera que abandonó la Federación que preside Vladimir Putin donde es casi imposible ejercer el cuarto poder sin quedar expuesto a penas que van hasta los quince años de prisión si se publican versiones sobre la guerra con Ucrania que contradigan las versiones oficiales.
Las fuerzas de ocupación, que irrumpieron en el este del país gobernado por Volodimir Zelenski el pasado mes de febrero, están en pleno retroceso y los muertos en los campos de batalla ya se cuentan por miles.
Putin, que hasta principios de año era un personaje político controvertido pero respetado por buena parte de la población, pasó a integrar en pocos meses el controvertido Olimpo de despiadados autócratas locales como los zares de Rusia o el mismísimo José Stalin.
Hasta el momento, se estima que ya más de trescientos mil jóvenes han emigrado rumbo a países cercanos que los aceptan ya que vecinos como Finlandia y las naciones bálticas los rechazan ni bien ponen un pie en territorio fronterizo.
Los rusos que no comparten la cosmovisión del Kremlin sobre la invasión a Ucrania corren el riesgo de ir a la cárcel por participar en una manifestación opositora o por un simple retuiteo de mensajes críticos de una tercera persona.
La reacción de Putin ha sido la esperada: redoblar la apuesta, eliminar disidentes y acelerar a fondo para colisionar a toda velocidad contra un muro que cada día está más cercano y se le agiganta.

