Eswatini: la última monarquía africana ¿es un país agradable para visitar?
En una pequeña porción del continente africano, entre Sudáfrica y Mozambique, se encuentra el misterioso reino de Eswatini, allí subsiste la última monarquía absoluta del continente bajo el reinado de Mswati III. Hoy cuenta con aproximadamente 1.3 millones de habitantes y su población, que vive siguiendo tradiciones ancestrales, es mayoritariamente rural. El rey de la ex Suazilandia ascendió al trono a sus 18 años, en 1986, y actualmente más del 60% de su población está por debajo del umbral de la pobreza.
Al controversial monarca lo rodean denuncias internacionales y causas por secuestros y desapariciones, mientras usa el dinero del Estado para alimentar su lujuriosa vida con autos de alta gama, un jet de lujo y palacios para sus 15 esposas, a pesar de haber expresado que “Dios advirtió al pueblo de Suazilandia no amar el dinero y quiero que recordemos lo que Dios le dijo al pueblo de Suazilandia”.
En los últimos días las protestas prodemocráticas fueron en aumento y creció la tensión en las calles del país tras la respuesta del Gobierno de reprimir y detener líderes de la oposición. “La gente debe actuar contra las propiedades y las empresas del rey Mswati”, expresaron los líderes de las protestas para el diario Swaziland News. En este contexto, el Partido Comunista y algunos medios aseguraron que Mswati III huyó del país, aunque desde su Gobierno desmienten esa información, pese a que no volvió a aparecer en público.
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Un destino turístico distinto
Sin embargo, ¿es Eswatini cómo lo describen los medios? ¿Un país sumido en la pobreza? Al menos sus ciudades no lo aparentan. Felipe Bulacio es estudiante de economía en la Universidad de Buenos Aires y en 2019 se embarcó con su familia en un viaje de 3 meses por el continente africano. Allí se hospedaron unos días en la capital de Eswatini, Mbabane, y visitaron parques nacionales. Charlamos con Felipe y nos cuenta que se llevaron una grata sorpresa al llegar a la ciudad, pues los comentarios que oían antes de llegar al país no eran muy agradables.
Fuente: Felipe Bulacio
-¿Qué viste al llegar a Eswatini?
-Cuando entramos al país hicimos un tramo muy largo por un camino rural. No se veía mucha gente, solo vacas sueltas y hasta ahí parecía todo medio humilde. Nos sorprendimos cuando llegamos a una ruta que unía las dos ciudades más importantes porque parecía todo muy desarrollado, la gente bien vestida yendo a trabajar como un día normal en Buenos Aires. La ciudad era muy moderna, un shopping enorme, chicos saliendo del colegio… Eso nos sorprendió muchísimo después de visitar otros países donde se veía explícitamente la pobreza. Nos pareció muy tranquilo y seguro. Lo más inseguro eran los animales que cruzaban por la ruta.
-¿Qué es lo que más te llamó la atención?
-Algo muy loco es que todo hace alusión a su rey. Es un gran culto a la personalidad, su cara aparece en los billetes. Es uno de esos casos donde todo gira alrededor de quien gobierna, como en Corea del Norte o Turkmenistán. Por eso también me sorprendieron las noticias sobre las actuales protestas que está viviendo el país, porque la población parecía bastante sumisa. Nosotros no vimos la pobreza de la que se habla, todo lo malo que escuchamos antes de llegar era nada que ver a lo que pudimos ver como turistas. Es un país muy seguro y la gente no parecía vivir tan mal. Antes estuvimos en Lesoto y se veía claramente la pobreza. Nosotros en Eswatini vimos dos ciudades muy modernas y en las rutas a los parques no vimos chozas o asentamientos, tal vez la verdadera pobreza que tanto hablan se esconde más al interior.
Fuente: Felipe Bulacio
-¿Pudiste conversar con la gente acerca de su rey?
-Sobre el Rey cada uno tenía opiniones distintas, pero encontramos testimonios bastante a su favor. Por lo que pude conversar, me dio la sensación de que ellos, al estar tantos años con ese Gobierno, se acostumbraron a vivir así y no creían que su sistema era injusto. De hecho, una señora con la que charlamos nos dijo que quería mucho a Mswati III porque hace algunos años había estado enferma y él se ocupó del tratamiento. Me dio la sensación de que los habitantes no lo despreciaban por sus lujos.
-¿Cómo era la gente?
-Yo me imagino que no deben estar tan acostumbrados a recibir turistas. Nos miraban sorprendidos, pero eran muy abiertos. Me acuerdo de que una vez pasamos por una parada de colectivos donde había una larga fila, como 15 personas, y todos voltearon a mirarnos, pero con sorpresa, nunca nos sentimos despreciados. No deben recibir muchos turistas por año. Con los que tuvimos la suerte de hablar nos parecieron muy abiertos, humildes y serviciales.
-¿Pudiste destacar algo de su cultura?
-Sí, ahí la gran mayoría, por no animarme a decir la totalidad, son descendientes de la tribu Suazí y tuvimos la suerte de ir a una especie de homenaje a su cultura donde vimos bailes originarios de los suazís. Llevaban las vestimentas tradicionales y hacían música tribal con cantos en su idioma local, si bien hablan inglés. Pero en el día a día eso no lo ves, la ciudad está muy occidentalizada pero no pierden sus tradiciones.
-¿Visitaste otros lugares del país?
-Fuimos a parques nacionales, pero no vimos asentamientos rurales en el camino. Tal vez hay muy poca gente viviendo afuera y la mayoría se concentra en las ciudades.
Fuente: Felipe Bulacio
-¿Recomendás visitar el país?
-Sí, totalmente. Es una locura, como para ver algo distinto está buenísimo. A nosotros nos encantó. Si visitas África y buscas algo distinto si o si tenés que hacer una parada en Eswatini, porque es parecido en algunas cosas al resto de los países africanos, pero muy distinto en otras. El hecho de visitar una monarquía absolutista y ver que todo gira alrededor del rey es muy impactante. Por otro lado, es seguro, tranquilo y fácil de recorrer, con paisajes muy lindos-.
Esto es solo una visión más de un viajero argentino que fue testigo ocular, pero en un país sumido en la polémica, hay que estar atentos a los actuales reclamos de sus habitantes.

