Un mendocino cuenta cómo es convivir con el virus en Nueva York

Un mendocino cuenta cómo es convivir con el virus en Nueva York

Daniel Difabrizio lleva varios años viviendo en la ciudad más cosmopolita de Estados Unidos. En esta nota especial para MDZ relata la sensación de soledad y desprotección en un estado donde viven más de 19 millones de personas. "Nos sentimos como hámsteres en una rueda que nunca se detiene", cuenta.

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Una breve fotografía de la vida cotidiana en una ciudad del norte parecida a Babilonia puede ser un película de ciencia ficción.  Desde hace dos meses el virus de la muerte ha trasformado nuestros días en una visita al infierno neoyorkino. 

Se viven tiempos de estrés, angustia y depresión. Algunos viven con esa sensación de irrealidad difícil de evitar por negarse a la realidad. Mientras los precavidos creen todas las noticias del mediodía. Sin ser fatalistas, los números crecen exponencialmente con 21 mil infectados y otros 3.700 casos positivos.

Nueva York es el epicentro de esta pandemia y no hay suficientes ventiladores disponibles, insumos básicos y salas de cuidados intensivos que puedan atender a los casos más avanzados.

Ya se están viendo en hospitales de Queens y el Bronx que hay pacientes que se están muriendo en los pasillos y la sala de espera, no hay camas suficientes y el personal esta agobiado trabajando turnos de 12 horas sin días libres.

Andrew Cuomo (BBC News)

El gobernador Andrew Cuomo anunció que va a convertir con la ayuda de la Guardia Nacional el Centro de convensiones Javits Center en un hospital temporario que proveerá más de 1.000 camas disponibles en las proximas 48 horas.

El presidente Trump ha hecho oídos sordos a los pedidos de Cuomo. El gobierno sólo ha enviado migajas que no cubren las demandas. Por ejemplo, se pidieron 20.000 respiradores y le enviaron apenas 400.

Otro dato importante es la liberación de 200 presos de Rikers Island y otros 175 en proceso de obtener la libertad para evitar la propagación del virus entre los reos de la cárcel con deficiencias inmunológicas y otras afecciones que los convierte en pacientes de alto riesgo. Mientras tanto, las escuelas permanecerán cerradas hasta el 15 de Abril.

Por ahora, lo único que cuenta es recluirse en guaridas de cemento, madera y vidrio para evitar la propagación de esta plaga. Estamos casi obligados a permanecer en nuestros apartamentos como “hámsteres” en una rueda que nunca se detiene. 

Pensamos, buscamos en nuestra cabeza recursos y armas que nos marquen el camino a seguir. Estamos desorientados, somos un barco a la deriva en el Río Hudson. Calculamos la cantidad de formas de las que podemos ser víctimas de contagio

Vivir en una ciudad con 19 millones de personas crea infinitas posibilidades de riesgo. Las personas caminan lo más alejados posible del “otro” para evitar contacto físico, donde está autoimpuesto usar máscara quirúrgica y guantes de látex para sobrevivir a la mayor plaga.

Somos los protagonistas. Tenemos el papel de luchar contra nuestra falta de amor hacia la vida y ser conscientes de que todo no es un juego. 

Evitamos tocar, llaves, dinero, puertas, manijas, cajeros automáticos, etcétera. Nuestras manos han creado una barrera  hacia el mundo exterior. Distancia social, tenemos celulares y computadoras que manejan nuestro contacto con el mundo. 

Estamos despersonalizados, fragmentados socialmente hablando, hemos perdido la empatía para con el otro.

Debemos entender que somos frágiles, vulnerables y que nuestra salvación está en vivir en estado de alerta, vigilia y que la obsesión sea un estado de gracia para todos los terrícolas. Cuidarse también significa ser responsable: si me cuido respeto a mi prójimo.

Por momentos todo parece un castigo divino. Entonces nos aferramos a nuestros seres queridos para justificar nuestra existencia en un conglomerado de ideas sin sentido, porque en el fondo tenemos miedo a morir. O, por el contrario, sentirnos eternos e ignorar la realidad como si fuésemos dioses del Olimpo.
 

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