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Hackeo político a EEUU: Brexit, Colombia... y ahora Trump

Como si se tratara de un enorme thriller futurista, Rusia parece haber coptado a los votantes estadounidenses para votar contra su país.
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 El ruidoso y caótico triunfo de Donald Trump confirma una línea de rebeldía electoral frente a los pronósticos "oficiales" que ya se verificó con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (Brexit) y con el plebiscito por la paz en Colombia, que dejó en offside hasta al Comité Nobel de Noruega.

Se trata de algo más que un error reiterado de encuestadores y seguramente, más grave que eso. Es una rebelión contra el sistema, un avance de sectores no contemplados por quienes deciden cuál es la realidad. La que mide lo que pasó solo desde el cálculo del resultado final es, en todo caso, una porción aceptable del análisis, pero acotado y vinculado, en todo caso, al éxito de otros, como los robots, los algoritmos y los que pudieron advertir lo que los pronosticadores no vieron que podía suceder.

Esto iba a pasar en Estados Unidos, indefectiblemente, cuando todos se negaban a sumar a sus análisis políticos, sociales, culturales y económicos a la inmensa masa de personas que no participaban del "juego" electoral. Esta vez fueron y votaron por uno de los suyos. 

No hubo aquí tampoco lógica: por ejemplo, se esperaba un batacazo latino en favor de Hillary Clinton y, sin embargo, el caudal llegó al 65%, bastante menos que el 71% que decidió apoyar a Barack Obama anteriormente.

Lo habíamos advertido en MDZ tras la cobertura de las instancias previas a esta elección: el hecho de que Trump hubiese atravesado las paredes otrora blindadas de la política para instalarse como el candidato oficial del Partido Republicano fue parte de una especie de "revolución" de los sectores que se sienten expulsados del sistema y sin chances de ser convocados a un nuevo "sueño americano". 

Pero no todas las culpas son de Trump y sus anónimos votantes. Hillary Clinton no es la mejor candidata para enfrentarlo. O mejor dicho: lo es para la estrategia de Trum, ya que proveniente de un partido de base popular, terminó representando a Wall Street y le dejó al millonario constructor liderar una situación que termina siendo una verdadera paradoja: él es "el pueblo".

Por ello, esa masa anónima y contagiosa buscó y encontró quién los representara: Trump. Mientras más absurdo, braucón y desubicado era mostrado, más crecía. 

Cada horrorizado frente a Trump le transmitía "más vidas", como si se tratara de un videogame. 

No en vano sus semejantes del mundo ya empiezan a aplaudir y se miran en su espejo triunfal, como el caso de la ultranacionalista francesa Marie Le Pen. De idealista de la ultraderecha, comienza a probarse el traje del populismo sin reglas:

El desconcierto generalizado, así, fue capaz de crear un monstruo que esta noche de triunfo y derrota ha llevado al límite, por ejemplo, las búsquedas en Google de la frase "fin del mundo", que ha hecho caer el Dow Jones como nunca antes desde el atentado contra las Torres Gemelas, que caiga el peso mexicano como no caía desde el Efecto Tequila y que Asia viera sucumbir sus bolsas de comercio, generando una reunión urgente del gobierno de Japón, ante el riesgo de sucumbir ante el republicano menos querido por los republicanos en la historia, mientras Corea del Sur activó su consejo de seguridad nacional en forma repentina.

Si se sospechaba de fuerzas extranjeras con audacia suficiente como para hackear sistemas de información de la gran potencia americana, tales como Rusia o China, hoy hay que comprender que ese hackeo fue mucho más allá de unos aparatos electrónicos: se ha hackeado al sistema político todo de la mayor democracia del mundo, el modelo central del mundo capitalista y el líder de Occidente. Ganó en EEUU el candidato que quería Vladimir Putin, por ejemplo, el reivindicado por populistas de izquierda y derecha, aquellos que hacen de la oportunidad su momento y poco más que eso.

Ganó el hombre que advirtió que no respetaría el resultado electoral si le era adverso, el que insultó a los inmigrantes y a medio mundo, el que no rinde cuentas de su fortuna y que se burla de los que no han triunfado (como él considera que lo ha hecho). Perdió la democracia tal como la conocíamos hasta ahora, en definitiva.

Y la señal de "danger" que enciende sus luces en EEUU no es solo un fenómeno local: se multiplicarán los "Trump" por todo el mundo, siguiendo el esquema de imitación cultural -esa especie de fuerza centrífuga- que ejerce la superpotencia que hoy pareciera sucumbir simbólicamente, pero que habrá que esperar el desarrollo de los hechos para conocer qué hay detrás del enorme jopo color naranja. Por cierto: el argumento de los latinos era que "el equilibrio parlamentario le pondría un freno", pero también obtuvo mayoría propia en la Cámara de Reresentantes.

Bonus: "Todo Trump", del merchandising al Gobierno, ahora sí lo tiene todo