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Trump, como el Menem del '89

En el país del consumo, el candidato Donald Trump ha sabido ofrecerse como un bien de lujo al alcance de todos.

Trump, como el Menem del '89
Trump time

Si se encienden los televisores con los programas políticos estadounidenses al mismo tiempo, Donald Trump está en todos. En vivo, grabado, criticado o admirado, analizado o defenestrado, pero aparece simultáneamente. Todo el tiempo en todos lados.

El candidato populista que ha surgido como un tumor que su propio partido, el Republicano, intenta extirpar, avanza silenciosamente en un marco impredecible de votantes que lo pueden llevar a triunfar en las elecciones de noviembre. Defensor de Chávez, admirador de Putin, promotor del odio a los inmigrantes, detractor de Wall Street (en donde, sin embargo, lucen sus enormes torres imponentes), el "candidato naranja" conquista al antisistema como jamás nadie lo ha hecho.

Enfrente tiene a una Hillary Clinton que aparece como "lo menos peor", aunque desgastada.

Trayendo ambos casos a la realidad argentina -y salvando las enormes diferencias y distancias entre los sistemas políticos y electorales de ambas naciones- Trump actúa cual Menem en 1989 y Clinton es Cristina Kirchner.

menem

En su primera campaña electoral, Menem apareció en forma disruptiva. Montó una imagen propia de caudillo provinciano del pasado, prometió cosas incumplibles a simple análisis y fue vilipendiado a rabiar por la prensa y la política. Previo a ser candidato, demolió -como también lo hizo el magnate estadounidense- a todo el establishment de un peronismo renovado, con Antonio Cafiero a la cabeza. El dirigente bonaerense intentaba un PJ menos pasional y más racional, pero cometió el pecado de crear un espacio demasiado parecido en sus ritos y formas a una continuidad de lo que estaba en baja socialmente, como lo era el radicalismo de Raúl Alfonsín, empujado a una furiosa hiperinflación.

Menem jugó a todas las puntas: mientras alentaba la caída del gobierno aliado al poder fáctico, se mostraba como un emergente popular básico, que sintonizó sin intermediarios con los sectores más desfavorecidos y, en simultáneo, con los muy beneficiados: todos buscando un cambio rotundo.

Trump newyorker

Trump avanza en esa misma línea: es criticado permanentemente por todo el mundo y hasta las encuestas lo muestran en baja. Pero las encuestadoras ya fallaron en las instancias previas, en las primarias, ¿por qué no van a fallar ahora? A esto hay que sumarle una especulación que hace temer a los sectores más racionales de la política y la economía estadounidense: Trump puede arrastrar a su favor a una enorme masa de votantes que nunca antes votaron, odiosos del sistema. 

Lo han endiosado. Es el antisistema con posibilidad de encaramarse en la Casa Blanca, sin importar lo que pase luego de que se instale en la Sala Oval. 

En febrero, un columnista del The New York Time ya lo había comparado con Jorge Bergoglio y la curia del Vaticano: por igual, llegaron para romper los esquemas, preservando el dogma solamente.

Pero hoy, la comparación con Menem es posible: más se lo cuestiona a Trump, más parece conquistar a los sectores que, por cualquier razón (de un enorme abanico de posibilidades) se siente relegado o discriminado, agredido o segregado, como lo está haciendo el establishment con él.

De allí que nadie debe cantar victoria. En el país del consumo, Trump ha sabido ofrecerse como un bien de lujo al alcance de todos.

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Los reportes desde EEUU, en la previa de las elecciones:

 

Opiniones (1)
21 de junio de 2018 | 22:00
2
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21 de junio de 2018 | 22:00
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  1. Ojo un tipo así con claves nucleares puede ser el fin de la humanidad
    1