Dualidad (El nuevo viejo sueño americano, en acción)
Del latín "dualĭtas", -ātis.
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1. Existencia de dos caracteres o fenómenos distintos en una misma persona o en un mismo estado de cosas.
El mundo occidental sigue de cerca las elecciones presidenciales norteamericanas de la próxima semana. Importa el ganador pero nada hace suponer que ambos candidatos con chances despierten la esperanza, o renueven la llama dorada de la que se considera la democracia modélica que mejor hemos sabido conseguir.
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La señora Clinton aparece como una ganadora muy ajustada de las presidenciales, luego del paso por la gestión no tan exitosa del primer presidente negro de Estados Unidos.
Obama deja un país que quizá, como tantas otras veces, deba pensar más en rehacerse a sí mismo que en intentar desplegar un modelo más cerca de la decadencia que del esplendor
El increíble señor Trump parece decidido a no alejarse del libreto que condujo a la Casa Blanca al actor (mediocre) pero popular, Ronald Reagan. Si lo logra el mundo no cambiará tanto como sí se verá obligada a hacerlo la propia nación que podría entronizarlo como el conductor de un experimento, hasta ahora, con más dudas que certezas.
El año pasado, en la carrera presidencial en nuestro país, varias voces se alzaron ante lo que se consideraba una chatura espasmódica en los discursos, las ideas fuerzas, los proyectos transformadores que enarbolaban los candidatos con aspiraciones ciertas. En el combo entraban el actual jefe de Estado, Mauricio Macri, el que fuera gobernador de la mayor provincia del país, Daniel Scioli, casi una revelación en cómo practicar la anti gestión y el ascendente Sergio Massa, que entró en la discusión, pese a que no tenía posibilidades ciertas de llegar a la Casa Rosada.
Los debates que han protagonizado Clinton y Trump a lo largo de los últimos meses son más propios de un reality show que de estadistas o de gente con pretensiones de serlo
Torre Trump en Las Vegas. La paradoja del mayor apostador hoy de EE.UU.
La pobreza conceptual de ambos candidatos no debería provocar ninguna clase de envidia. Por el contrario, debería ponernos más alertas para no importar una senda viciada en generalidades, posiciones correctas y declaraciones oportunas. Si la política es una suerte de show en el siglo XXI, quizá esta campaña norteamericana puede ser un antes y un después.
¿Y si gana Donald Trump, como algunas encuestas lo indican?
Vayamos eligiendo disfraces, amigos, pero intenten alejarse del estilo tan en boga en barrios privados de por aquí, como el tex-mex (por las dudas que levantar muros sea más que un capricho arquitectónico).
La arquitectura de Panamá, más osada. Un Trump fálico, macho, heroico. Los colombianos que diseñaron el único proyecto de la factoría en Latinoamérica dicen que es una vela náutica.
El periodismo norteamericano es una maquinaria ingeniosa en encontrar aspectos de los candidatos que no suelen ser los más usuales puntos de vista, algunos ilógicos y parte del circo electoral, que no deciden la suerte de una elección, ni por asomo.
Si decíamos que la política se asemeja a un show, a un simulacro de realidad, deberíamos reparar en Trump. Nadie dudará que es un americano de pura cepa, algo así como bastión de lo que alguna vez fue elogiado como el "sueño americano". Esta tierra es pródiga en oportunidades y al que lo desea, le va genial. Cuento más o menos chino, casi una apelación mística más que estratégica. Ni al capitalismo ortodoxo ni a sus variaciones más contemporáneas le queda bien como argumento.
Pero a estos tipos ese relato les ha funcionado: desde Tomas Alva Edison hasta Walt Disney, de Henry Ford a Steve Jobs
Trump Tower, Nueva York. Este edificio de 58 pisos en la Quinta Avenida de Manhattan es el hogar de las oficinas principales de Donald Trump, y también ha actuado como la sede de su campaña presidencial.
Fue terminado en 1983.
Esta torre fue diseñada por el arquitecto americano Der Scutt. Se distingue por una esquina escalonada plantada con árboles, que se manifiesta como una fachada en zigzag.
Trump, en resumen, no es más (ni menos) que un promotor inmobiliario. Se puso al hombro las astillas de un incipiente y fructífero emprendimiento familiar, basado en propiedades que primero vieron la luz en Nueva York y luego se desparramaron por el resto del planeta.
Si uno estuviera caprichosamente forzado a escoger apenas una diferencia entre un país y un conglomerado de estados provinciales, debería afirmar que en uno vive Trump y en el otro Lázaro Báez. Quizá sea la evidencia en modo de pesadilla que nos toca atravesar en estos días. El capitalismo de amigos, en variante nacional y popular, tampoco funcionó en la Argentina de principios del siglo XXI. Dejo para otro momento esto de discutir y averiguar qué fue lo nacional y lo popular para el poder político hegemónico
Hay cincos emblema del imperio Trump en la geografía urbana, al menos en mi consideración: Es una serie de propiedades cada vez más fuera del canon, nacidas de una visión y un legado: América también se expande para arriba. Estos cinco edificios se preocupan por darle identidad a las ciudades, con la misión de innovar hasta el hábito del estilo de vida.
Ya mostré tres. Vienen las dos últimas. Las presento:
Trump World Tower, en Nueva York. El cristal teñido de bronce ennegrece esta torre residencial de aspecto siniestro, en el lado este de Midtown Manhattan. El edificio del arquitecto Kondylis fue construido en 2001 y ya ha sido escenario de varias películas de las taquilleras.
Trump SoHo, también en Nueva York. En el Soho de Manhattan, esta torre de 46 pisos revestida con espejos de doble cara fue diseñada por el estudio Handel Architects, con interiores diseñados por David Rockwell.
Siempre fue considerado como un condominio hotelero. Incluso las unidades del edificio no pueden ser ocupadas por la misma persona por más de 29 días en cualquier período de 36 días, o por más de 120 días al año.
Ideas extravagantes de un millonario venido a menos y puesto a ser el el héroe de la nueva gran película americana. ¿Le alcanzará? ¿Iniciara una nueva tendencia en la política del mundo?
Si necesitan un voto para Hillary Clinton, no duden en avisarme. El mal menor, dirán. O el estado de una democracia que necesita oxigenarse como hace bastante tiempo lo viene negando.