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Los 500 días "cuesta arriba" de Bergoglio como papa Francisco

Lleva como papa el mismo tiempo que le queda a CFK como presidenta. Motores en marcha, cirugía mayor y problemas por doquier.
Foto: Jesuitas
Foto: Jesuitas

 Jorge Bergoglio, el papa Francisco, ya transitó los primeros 500 días de su papado. Desde aquel día en que le dijo a la multitud todavía atónita por la renuncia de Benedicto XVI que llegaba desde “el fin del mundo” no ha dejado de ser noticia un solo día y, en muchos casos, más de una vez cada 24 horas.

Pasando en limpio, podemos ver que no pasar desapercibido no es una tarea exclusivamente de “marketing” para una Iglesia que estaba siendo mal considerada por la sociedad, sino que el argentino elegido por los cardenales para comandar la continuidad de un verdadero imperio o misión evangelizadora a escala global, según quien la mire, ha puesto el dedo en la llaga n asuntos delicados y encendido motores que movilizan una estructura gigantesca y pesada:

Hacia adentro del Vaticano y de la Iglesia

En lo religioso. Lanzó en julio de 2013 su primera encíclica, Lumen Fidei, que puso a la totalidad de los miembros del catolicismo en cada rincón del planeta a estudiar y promover cuestiones doctrinarias. Además, hizo una encuesta mundial para conocer qué opinan en cada diócesis sobre lo que la Iglesia debe opinar en torno a la familia, una manera sutil y movilizadora de generar una adaptación cultural a este tiempo, desde abajo hacia arriba, como nunca antes había ocurrido. Sus palabras sobre la homosexualidad, los divorciados y hasta sus planteos en torno al celibato, aunque prematuras y con una posición más de debate que de afirmación y cambio de rumbo, abrieron la puerta para que medio millón de religiosos en todo el planeta, por lo menos, a favor o en contra, alguna vez se planteara contar con un pensamiento propio en la materia aun siendo parte de una estructura hipercentralizada, vertical y dogmática. El nuevo entorno papal, por primera vez en siglos no controlado por la curia romana, sino por un gabinete de ocho cardenales designado por Francisco, hasta dejó filtrar la posibilidad de un nuevo rol, activo, para las mujeres dentro del catolicismo, cosa que se está discutiendo en el marco de una reforma que avanza lentamente.

En lo referente a la administración de la Curia. En este sentido, Francisco lo primero que hizo fue poner la lupa sobre las cuentas del Instituto para Obras de Religión (IOR) conocido popularmente como el “Banco Vaticano”. Tomó numerosas decisiones: desde su intervención hasta el remplazo de integrantes, hasta lograr construir su propia fuerza adentro y sacar del medio a los cuestionados que sostuvieron desde siempre el secretismo y la oscuridad, fuera de cualquier control básico exigible a una entidad de sus características. Un gesto “hacia afuera” fue poner online, en Internet, las cuentas del banco en rasgos generales, inédito y contundente para lo que la costumbre (es decir: la piedra basal de todo en el Vaticano) indica. Desde su gabinete o Grupo de los 8, el papa Francisco promueve modificar los estamentos de la Iglesia y en eso están los cardenales que le responden. Por lo pronto, sacó un gran obstáculo del medio, al otrora poderoso ex secretario de Estado Tarcisio Bertone.

Los desafíos. Para Bergoglio, el desafío más vinculado al “branding” de la Iglesia corre por dos rutas paralelas: afirmarse en los más jóvenes, unir a los sectores en pugna (o al menos, que no se noten las rupturas) y “sacar la iglesia a las calles”. Es el “hagan lío” que les dijo a curas y jóvenes en Río de Janeiro. El otro camino es la expansión: sus visitas a Corea del Sur y Filipinas, la designación de nuevos cardenales en su mayoría no europeos, con muchos latinoamericanos, africanos y asiáticos, marcan un nuevo rumbo con claridad. Bergoglio, como papa Francisco, canonizó a dos íconos enfrentados como son los papas Juan XXIII y Juan Pablo II. Y recibe los elogios del Opus Dei a la vez que es visitado y elogiado por Gustavo Gutiérrez, mentor de la Teología de la Liberación. En un acto de masividad católica, canonizó, además, a 815 nuevos santos elevando a cerca de 10 mil los venerados por esa religión.

Hacia afuera. Muchas de las cosas que inició “hacia adentro” del Vaticano tienen repercusión inmediata “hacia afuera”. Sin embargo, a nivel político, el primer gesto del papa Francisco fue visitar la ciudad en la que Europa les cierra la puerta en la cara a los desesperados inmigrantes africanos: Lampedusa, en Sicilia. Hasta allí se trasladó y ofreció un oficio religioso en las mismas costas en donde a diario llegan hombres, mujeres y niños que escapan del hambre la tiranía o la violencia en sus países de origen. En la mayoría de los casos llegan como cadáveres. En ese mismo sentido, se encontró de golpe con una situación similar con los “niños ilegales”, los inmigrantes que huyen de la violencia, el hambre y la incertidumbre de Centroamérica con rumbo a EEUU. El papa Francisco había retomado una agenda iniciada en 2009 entre EEUU y México con el Vaticano que buscaba, literalmente, “derribar el Muro de la Vergüenza” que separa a ambos países y que termina por matar a los que quieren pasar ilegalmente de un estilo de vida a un estilo de muerte, aun, siendo demandados como mano de obra desde el otro lado. El estallido del caso de los niños lo tomó por sorpresa, pero designó para comandar la situación a otro argentino, Marcelo Sánchez Sorondo, un hombre de Juan Pablo II que lidera a los sectores científicos y a un grupo de una treintena de Premios Nobel en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales del Vaticano. Sin embargo, ocuparse del tema resulta una reivindicación ante las acusaciones que caen sobre unos 10 mil sacerdotes católicos en todo el mundo por cometer abusos. El propio papa dijo que “un 2%” de sus religiosos estaba señalado. La ONU cuestionó con dureza al Vaticano por no haber investigado y éste respondió pidiendo que miren lo que se hace de ahora en más. Para empezar, desde Roma se echó al nuncio (el embajador) en Santo Domingo, condenado por abuso sexual. Francisco, en tanto, recibió a víctimas de abuso y pidió perdón. Se puso sobre el hombro la carga de décadas de inacción y ocultamiento, aunque también, de protección de los abusadores. Resta saber si continuará yendo a fondo.

Más problemas. La paz esquiva es la guerra imparable. En este punto, Francisco intentó entrometerse en el conflicto entre EEUU y Europa contra Rusia con Ucrania como escenario. No le hicieron caso, a pesar de haber recibido a ambos líderes: Obama y Putin. Pero sin dudas que el caso que más lo preocupa es el de los palestinos en Israel. Visitó “Tierra Santa” y hasta oró en los jardines del Vaticano junto a Shimon Peres y Mahmud Abbas. Pero pocas horas después el absurdo desató la masacre que se vive en la Franja de Gaza y que amenaza con extenderse a Cisjordania y por tiempo indeterminado. En ese punto –señalan personas cercanas al pontífice- Francisco se siente burlado, sino frustrado.

En tanto, una nueva persecución de los cristianos por parte de los yihadistas, tanto en Irak como en algunas franjas de África, representa un gran obstáculo ya que allí no hay con quiénes dialogar: la muerte sino el exilio de los cristianos, muchos de ellos referenciados en la iglesia católica, es algo cotidiano.

… y la Argentina

Como si todo eso fuera poco, el papa es argentino. Por puñados, recibe a políticos que quieren fotografiarse con él y tentar a la suerte para las elecciones del año que viene. Los municipios de todo el país ya deben registrar en sus presupuestos los gastos de las “peregrinaciones selfies” al Vaticano. Pero eso no es lo peor, sino el real interés y preocupación del papa por la situación argentina.

Cada tanto, emite mensajes indirectos que entienden quienes tienen que entenderlos. Francisco sabe quiénes son sus amigos como papa y quienes fueron sus detractores siendo todavía Bergoglio. Y los graves asuntos que atender en Roma no le impiden que mire de reojo la cuestión argentina.

Sus allegados dicen que “está informado de todo” y subrayan: “Está ´bien´ informado”, como queriendo decir que “no se deja llevar con versiones interesadas”.

Son quinientos días con sus quinientas noches. Qué dato: lleva lo mismo como pontífice que lo que le falta a Cristina Fernández de Kirchner para abandonar la Presidencia. Muchos problemas que solucionar, iguales los dos, pero uno empezando una labor sin fecha de vencimiento y la otra, terminando su mandato. Si el papa lo logra, será considerado autor de uno o más milagros: será santo.