En 32 años, creció 62,5 por ciento la tasa de suicidios en Brasil
Incluso teniendo en cuenta el fuerte tabú religioso y sociocultural en Brasil, el número de suicidios sigue creciendo hasta alcanzar niveles preocupantes. Datos divulgados recientemente por el Instituto Sangari, en el Mapa de la Violencia 2014 – Los Jóvenes de Brasil, revelan que entre 1980 y 2012 las tasas de suicidio crecieron el 62,5%, aumentando el ritmo a partir del cambio de siglo, tanto para el conjunto de la población como para la franja joven.
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Según el resultado de desagregar esa información en franjas de edad que representan fases del ciclo de vida de la población a partir de los 10 años de edad –adolescencia, juventud, madurez y vejez– los datos indican que en todas las fases se observa un panorama de crecimiento de los suicidios. La fase que más aumentos evidenció es la adulta, entre los 30 y 59 años.
De acuerdo con el mapa, los suicidios quedan a la sombra de los "dos gigantes de nuestra mortalidad violenta”: los accidentes de tránsito y los homicidios, con tasas entre cuatro y seis veces mayores. Eso justificaría, según el documento, la falta de atención a las muertes por suicidios.
Llama la atención también en ese incremento el hecho de que Brasil carece de una tradición o cultura suicida, como la mayor parte de los países europeos y algunos asiáticos.
En los últimos años, Brasil presentó 5,5 homicidios y 4,5 muertes en el tránsito por cada suicidio.
En Japón, ocurre totalmente lo contrario: son 70 suicidios por cada homicidio; 4,2 muertes en el tránsito por cada homicidio. Hay también un tabú existente en los medios de comunicación para divulgar cuestiones relativas al tema, por el temor del "Efecto Werther”, o sea, ondas de suicidios por imitación o inducción. El Mapa resalta también que la producción académica no hizo un seguimiento proporcional de ese crecimiento.
Entre los años 2002 y 2012, el total de suicidios en ese país pasó de 7.726 a 10.321, lo que representa un aumento del 33,6%. Ese aumento fue superior al crecimiento de la población del país en el mismo período, que fue del 11,1%.
De las tres causas violentas estudiadas, fue la de mayor crecimiento en un decenio, superando largamente a los homicidios (2,1%) y a la mortalidad en los accidentes de transporte (24,5%).
Se destaca, de manera preocupante, la región Norte, donde los suicidios pasaron de 390 a 693: un aumento del 77,7%. Amazonas, Roraima, Acre y Tocantins duplicaron –aproximadamente– sus cantidades. En el Nordeste, el crecimiento también fue significativo: el 51,7%, destacándose Bahía y Paraíba, que más que duplicaron su número de suicidas. En la región Sudeste, el crecimiento del 35,8% fue cercano al promedio nacional, con Minas Gerais por encima del promedio: el 58,3%, y Río de Janeiro prácticamente sin crecimiento. Las regiones Sur y Centro-Oeste son las de menor crecimiento: el 15,2% y el 16,3%.
Entre los jóvenes, ese aumento fue mucho menor: el 15,3%, pasando de 2.515 a 2.900 suicidios entre 2002 y 2012. Los municipios de Dourados, en el Estado de Mato Grosso do Sul, y Tabatinga, en el Amazonas, encabezan la lista de suicidios juveniles por municipios.
Indígenas
El Mapa llevó a reprocesar la información, desagregando los suicidios según raza/color. El total de suicidios en Brasil ofrece una primera constatación: según el Censo Demográfico de 2010, el país tenía un total de 821,5 mil indígenas, lo que representa el 0,4% de la población. Pero los suicidios indígenas representan el 1,0%: dos veces y medio lo que se esperaría por la participación demográfica.
Más aún: ese mismo Censo verifica que, en el Amazonas, los indígenas representan el 4,9% de la población total. Pero, en los últimos años, el 20,9% de los suicidas son indígenas. Arriba de cuatro veces lo esperado. En Mato Grosso do Sul, la participación indígena en los suicidios es más preocupante todavía. Por el Censo de 2010, son el 2,9% de la población, pero el 19,9% en los suicidios, casi siete veces más. Un último hecho significativo: por las PNADs [Investigación Nacional de Muestreo por Domicilios (sigla en portugués), del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE)] de ese período, el promedio de jóvenes indígenas de 15 a 29 años de edad representaba el 26% del total de la población indígena. Pero de los 475 suicidios indígenas registrados por el SIM en esos cinco años, 289 eran jóvenes en la franja de 15 a 29 años de edad, esto es, el 60,9% del total de suicidios indígenas, más que el doble de lo que se esperaría.
Comparado con los restantes 90 países trabajados para los cuales el Mapa dispone de datos, provenientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Brasil presenta tasas de suicidios relativamente bajas, tanto en su población total como entre sus jóvenes. Pero en la población total, ocupa la posición 63 y en la población joven, la posición 60.
Sexo de los suicidios
Hay mucha evidencia que comprueba que el patrón predominante en los suicidios es de tasas de mortalidad tres a cuatro veces mayores en los hombres, salvo en algunas regiones asiáticas, donde las tasas son semejantes, o en China e India, donde prepondera el suicidio femenino.
Ésa también es la situación de Brasil: tasas aproximadamente cuatro veces mayores para los hombres. Entre 1980 y 2012, las tasas masculinas crecieron el 84,9%, muy por encima de las femeninas, que sólo aumentaron el 15,8%. Entre los jóvenes, el proceso fue diferente: las tasas masculinas crecieron, pero son el 54,1%, mientras que las femeninas disminuyeron el 27,7%.
De acuerdo con el Mapa, es escaso el número de estudios en el país con foco en los suicidios, además de un tema tabú para quienes trabajan con la opinión pública.
Confirmando esa tendencia de dejar el tema en la zona de lo indecible por el temor al "Efecto Werther”, un cuadernillo de la OMS dirigido a periodistas, y basado en investigaciones y conocimientos especializados sobre el tema, concluye: "El relato de suicidios de una manera apropiada, perfeccionada y cuidadosa, por medios de comunicación esclarecidos, puede prevenir pérdidas trágicas de vidas.”
Con ese mismo objetivo, la Asociación Brasilera de Psiquiatría elaboró, en 2009, un cuadernillo cuyo título y subtítulo constituyen la mejor descripción del contenido: "Comportamiento suicida: conocer para prevenir, dirigido a profesionales de la prensa. Orientaciones sobre cómo abordar el suicidio en la prensa. Preservando el derecho a la información y colaborando en la prevención”.
El Mapa de la Violencia sostiene que conocer para prevenir debería ser la mejor orientación tanto para la academia como para la prensa. Más sobre el tema, aquí.