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Bachelet saca carnet de "populista"

La presidenta chilena comenzó su segundo mandato presidencial con mucha fuerza pero también polémica. Enemigos en común que refuerzan "amistades".
Foto: Télam
Foto: Télam

Bueno o malo según quien lo diga. Malo o bueno según se la acuse o simplemente, califique, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, se suma al club de los “populismos” latinoamericanos, más allá de la resistencia al término –comprendido como descalificatorio- que hay entre sus propios partidarios.

Pero, ¿cómo se califica a un gobernante de tal? Primero, por sus “amigos” en otros gobiernos, que representan mucho más que los compromisos asumidos por lo que durante décadas de dio en llamar como “modelo chileno”.

Luego, por los enemigos. Si los “amigos” populistas, orgullosos y reconocidos como tales de Venezuela, Argentina, Bolivia o Ecuador son furibundamente criticados por determinados sectores que, casualmente, critican también las primeras medidas del segundo gobierno de Bachelet, entonces los une tener los mismos enemigos.

En este punto, cabe señalar que el semanario The Economist, no bien la presidenta trasandina que hoy visita a Cristina Fernández de Kirchner anunció los detalles de su reforma tributaria, realizó un descarnado análisis. Dijo que tras “ganar por goleada” las elecciones, ahora se alista a implementar el programa “más de izquierda que el país ha visto desde el malogrado gobierno marxista de Salvador Allende”, ante lo que podría caer en la famosa “trampa de los países de ingresos medios” y nunca “dar el salto” hacia el estado de país desarrollado.

El mismo medio que ya ha criticado medidas de la Argentina y Venezuela (aunque nuestro país jamás haya pegado el puntapié inicial a la propia reforma tributaria y sigan en vigencia normas de la última dictadura, ni siquiera en la “década ganada”), continuó su bombardeo contra el gobierno de una Bachelet que, ante los ojos de los medios europeos y estadounidenses, la “prensa occidental y occidentalizante”, ya es simplemente (como Evo, Cristina y Dilma), “Michelle”.

Según The Economist, “para empeorar las cosas, la economía de Chile se está desacelerando bruscamente con un precio del cobre que cae. Si bien más gasto público podría darle un impulso, esto no sucederá si se hace a expensas de la inversión privada”. Y asegura que “es el clima político más populista de Chile” el que hace que “los líderes políticos” de la Nueva Mayoría “no le hagan caso a sus expertos técnicos sobre esos asuntos”, puesto que lo “correcto” hubiese sido que “el nuevo gobierno optara por cerrar las brechas” existentes en el sistema tributario actual en lugar de abolirlo.

Pero si hay que buscar un enemigo común en la prensa para los “populistas” latinoamericanos no hay que mirar a Clarín, sino más allá: The Wall Street Journal, el diario de Rupert Murdoch. Allí la periodista especializada, lógicamente, en la visión de ese grupo sobre los temas económicos y financieros Mary Anastasia O'Grady, dijo que Bachelet está acabando con “el milagro chileno”.

“Bachelet y sus compinches en el Congreso –escribió- están enviando señales de un cambio en las reglas de juego que sugiere un regreso a la polarización política de comienzos de los años 70. Cuesta evitar la conclusión de que ven sus mayorías legislativas como la oportunidad de finalmente embutir el sueño utópico del presidente Salvador Allende en la garganta colectiva de Chile”. Coincide con The Economist casi palabra por palabra.

Desde adentro

Así como en Argentina en el kirchnerismo realista (no en el ultramilitante) hay cierta tranquilidad con que los desplace del poder “un partido o frente de la ´derecha´”, e Chile pasa lo mismo, pero a la inversa y con una derecha y una izquierda que no tienen miedo en asumirse como tales frente al electorado. Es Sebastián Piñera el único emergente para suceder, una vez más, a Bachelet, luego de que el arco de la Alianza, su frente electoral, quedara hecho añicos tras la derrota de la candidata “morrucha” Evelyn Matthei.

La Presidenta chilena, no bien asumió, quiso aclarar los puntos ante la insistencia de CNN Chile y, en una entrevista con esa filial, dijo, textualmente: "Yo no soy populista, no hago 'ofertones' sino que defino cuáles son aquellos cambios fundamentales que Chile requiera para ser un país justo, un país más moderno y para ser un país en el que la economía siga creciendo, pero no sólo basado en lo que algunos llaman 'viento a favor'", dijo y agregó por ello es clave no depender del cobre y "mejorar nuestra productividad, diversificamos nuestra economía y le damos valor agregado a nuestros productos".

Pero el tono acusatorio de “populista” no es nuevo. Estará más a la defensiva y, por lo tanto, más expuesta, ante las situaciones que atraviesan los países alineados en esa onda política por estos días. Pero ya en 2005 había sido señalada como partidaria de ese tipo de políticas. El historiador Alfredo Jocelyn-Holt, entonces, causó una conmoción cuando la maltrató en medio de un seminario: "En concreto pienso que es usted un producto de marketing mediático, populista, una carta tapada, no reconocida aún, de la fuerza militar. Le agradecería mucho que usted, más allá de un mero desmentido de lo que he dicho, fundamente por qué no deberíamos sentir, por lo menos yo, esta fuerte desconfianza".

Bachelet, en ese momento, peleaba por su primer mandato presidencial, que ganó. Le respondió que no confundiera ser “popular” con “populista”. Y dijo, aquella Bachelet: "Atribuir mi alta adhesión ciudadana a que soy simpática no es una falta de respeto conmigo sino con la gente. Porque hay mucha gente simpática y hay muchos payasos de circo y ninguno de ellos es candidato a la presidencia”.

Hoy, la agencia oficial de noticias Télam le dio la bienvenida a la Argentina con un artículo de fondo firmada por Federico Vázquez en el que se pregunta si, con las osadas propuestas de Bachelet al Congreso “¿se termina el Chile el ´consenso´ y la ´moderación´?”. Subraya que “si Chile fuera, verdaderamente, la imagen de concordia republicana, donde ´todos están de acuerdo en tres o cuatro cosas fundamentales´, lo que vino después del anuncio presidencial hubiera sido ciencia ficción populista”.

Y cita a El Mercurio, como si fuese el Clarín trasandino, en su editorial del último domingo, muy crítico, que dijo: "Quienes se conciben a sí mismos como una suerte de avanzada de la historia son incapaces de dialogar con sus opositores (sería una renuncia) y aun de admitir las críticas internas (serían traición). Dicha actitud conduce a la crispación y priva al país de los beneficios de un debate sereno, que permite corregir políticas y encontrar mejores soluciones a los problemas públicos."

Bachelet debe jugar fuerte. Y al compartir los mismos enemigos, no le queda otra que ser más amiga de sus “amigos” para conseguir unir espalda con espalda. Empujada por los nuevos aires a “batallar” en lugar de “negociar”, la mandataria que proviene del socialismo redefine no solo el espacio político ideológico que representa, sino que, con sus actos, reconfigura también a su oposición.