Obama ante el Congreso: un show con anuncios repetidos
El discurso anual del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, esta vez, convenció a pocos. La oposición republicana eligió a dos mujeres para responderle: una lo hizo en inglés y la otra en español. Ambas fueron suaves a la hora de criticarlo pero claras: sus palabras “suenan bien, pero no resolverán los problemas que encaran en la actualidad los estadounidenses”.
El mismo día en que era objeto de las más ácidas críticas de los mandatarios autoinscriptos en la izquierda política de América Latina y el Caribe, reunidos en Cuba en la cumbre de Celac, Obama dejó en claro que es “la izquierda” de los Estados Unidos. "El EE UU que queremos para nuestros hijos, en el que el trabajo duro se ve remunerado, en el que la prosperidad se comparte y la oportunidad se extiende a todo el mundo, nada de eso es fácil, pero si trabajamos juntos, podremos alcanzarlo", terminó Obama su mensaje al Congreso.
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Su discurso se basó en la desigualdad y anunció un incremento por decreto de los salarios, sin discusión del Congreso. Para su país, es demasiado: poco menos que un “comunista”. El público “elegido” fue la clase media que pugna por seguirlo siendo. Salud, empleos y salarios fueron los ejes temáticos del mandatario. Sin embargo, las cuestiones de fondo que hacen al funcionamiento de la primera economía capitalista del mundo se quedaron sin las respuestas que sus impulsores reclaman.
La reforma migratoria mereció tan solo un párrafo del discurso, mucho menos de lo pronosticado por los análisis previos. Pero le dio la única alegría de su intervención: fue aplaudido de pie tanto por demócratas como por republicanos. Lo cierto es que es el tercer discurso sobre el estado de la Unión en que se ve obligado a referirse al tema, aun sin solución.
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Obama utilizó una táctica que ya se le adivina con facilidad: un show preparado para los medios de comunicación con una serie de invitados que cubren los flancos de su gobierno con su presencia y que permiten darle a sus palabras -un balance y un plan a futuro, según la costumbre institucional estadounidense- una pincelada pluralista, esa que muchas veces no consigue un discurso político.
En un toque nacionalista repitió 27 veces la palabra “América”, entendida como “Estados Unidos de América” en su país. Prometió -como el año pasado y el anterior- un fuerte giro positivo en materia económica.
El mejor balance es conocer el hecho de que este mismo día, horas después de su mensaje ante el Congreso, salió a “militar” sus palabras en una maratónica recorrida por cuatro estados, incluyendo la periferia de Washington. Muchos ya hablan en Estados Unidos del “populismo” de Obama. Pero por ahora, la izquierda socialista (que la hay en EEUU) solo lo apoya por descarte y la derecha republicana se cuece en su propio caldo hirviente, dividida y sin liderazgos firmes.



