Bajo análisis: España se pudre en una Europa maloliente
En España no sólamente gobierna el PP (Partido Popular) con Mariano Rajoy en el principal de los cargos: lo hace con mayoría parlamentaria. Fue así porque los españoles reaccionaron con fuerza contra el socialismo (PSOE, Partido Socialista Obrero Español) de José Luis Rodríguez Zapatero, una vez que los síntomas de crisis económica europea comenzaron a mostrar la enfermedad continental por la vía de una España afiebrada y con convulsiones.
Le votaron en contra. No fue un voto ideologizado, sino práctico. "Basta de esto", pareció ser la consigna, en medio de una indignación que comenzó aregarse por toda Europa como un movimiento político anárquico y también anarquista, que fue dejando su estela de bronca como votos en favor de quien se presentara como "absolutamente todo lo contrario a lo que hay".
Le pasó a la españa socialista y a la Francia del derechista Nicolas Sarkozy. La "madre patria" -ahora decrépita- cambio izquierda por derecha mientras que la nación gala hizo exactamente lo contrario al consagrar a Francoise Hollande.
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Pero no se trataba de un cambio de calzones, sino del verdadero emergente de una enfermedad grave, que los agoreros prefieren diagnosticar como "terminal" y que nadie se anima a señalar como un resfrío pasajero de la historia.
“De todas las historias de la Historia / Sin duda la más triste es la de España / Porque termina mal” escribió Jaime Gil de Biedma, poeta español que no llegó a ver este momento, aunque sí, tal vez, a presentirlo: murió en 1990 y su propia historia comenzó en 1929.
Aquellos votantes españoles que se indignaron por la carestía, la incertidumbre en torno a su futuro y por el creciente desempleo, eligieron cambiar todo con la idea de empezar de nuevo.
Los análisis de los días previos a la imposición de Rajoy al frente del gobierno español demuestran a una España que se miraba en el espejo argentino del 2001 y, por lo tanto, querían "empezar de nuevo", refundarse, provocar un "borrón y cuenta nueva".
No pasó eso, sino que emergió lo peor.
Hoy estamos hablando de corrupción generalizada: ni la monarquía ni la política se salvan, ninguna es refugio para los desencantados de la otra.
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El yerno del rey está implicado en un caso de corrupción que salpica a la hija del monarca. Y en la política, nadie parece salvarse del pago de sobresueldos en el partido que llegó para dar vuelta a la españa en crisis como a una media.
Lo demás, son detalles.
Que el jefe de Gobierno decida hablar sin recibir preguntas, a un periodista argentino no podría asustarlo.
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Que Rajoy recurra a la "reina de Europa", Angela Merkel, para -refugiado junto a ella- decir que algunas cosas (de als nunciadas) son ciertas y otras no", no cambia, ni calma, ni otorga esperanzas.
Pero hoy no puede decirse, sinceramente, que España se esté mirando en aquel mismo espejo cuando se convoca socialmente desde el hartazgo a "que se vayan todos". En la Argentina no se dió un cambio rotundo a la vida política, pero no se visualizó en carne viva este desangramiento institucional por cuenta propia de la política, un "hara kiri" lento y sabroso, pero con un consabido final: el descrédito.
¿A qué modelo apostará España y Europa entera ante el agotamiento del sistema político actual? ¿Se demorará mucho en llegar una luz de esperanza?, piensan hoy aquellos que estaban felizmente empleados, aunque descontentos con sus ingresos y que hoy caminan al borde del abismo.
Las respuestas que hay al alcance de la mano son insuficientes tanto para confirmar diagnósticos como para predecir una cura. Por ahora, la pudrición todo lo cubre sin saber qué hay abajo.




