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¿El Mercosur hace equilibrio?

¿Ha cumplido con sus ambiciosas metas comerciales y de proyección hacia el exterior? La respuesta más acertada sería “parcialmente”. Existen sectores de la economía donde se ha conseguido una integración en la producción. La industria automotriz es el ejemplo más emblemático. Los vehículos producidos en Argentina cuentan con piezas brasileñas, y viceversa. El producto terminado es, en efecto, un resultado de las industrias de ambos países, fomentándose la súper especialización en la fabricación. Un informe de Foreign Policy

Sin embargo, este modelo industrial, que tomó mucho tiempo y esfuerzo construir, está encontrando múltiples obstáculos. Durante los dos últimos años, Argentina se ha embarcado en una política comercial excesivamente proteccionista. Esta no se ha detenido en proteger a la industria argentina de productos provenientes de fuera de Mercosur, sino que también ha intentado detener el ingreso de bienes manufacturados dentro del propio bloque, cuyo objetivo consistía en funcionar como una zona de libre comercio. Esto ha generado tensiones entre Argentina y Brasil y entre Argentina y Uruguay.

Las autoridades brasileñas han tenido una paciencia especial con Argentina, la presidenta Dilma Rousseff intentó priorizar las buenas relaciones con Buenos Aires a pesar de las constantes demandas de los industriales brasileños. Al final, y como resultado del fracaso en las negociaciones, Brasil aplicó la vieja y conocida política de reciprocidad. Es así que el comercio entre las dos principales economías del bloque encuentra más impedimentos que nunca, con múltiples trabas, cupos, y licencias no automáticas que no hacen más que obstaculizar el libre flujo de mercaderías. José Mujica, presidente de Uruguay, se encuentra en una incómoda posición, similar a la de Rousseff. El mandatario trabaja en el delicado equilibrio entre no confrontar con Buenos Aires y satisfacer las reclamaciones de los empresarios locales que se quejan del creciente proteccionismo argentino.

La institucionalidad de la organización es otro aspecto que atraviesa un momento algo delicado. La salida de Paraguay y el ingreso de Venezuela en un procedimiento sorprendentemente expeditivo restan transparencia a la construcción política. ¿Qué fue lo que sucedió? Caracas había cumplido la mayor parte del proceso de adhesión al bloque. Su ingreso solo necesitaba de la ratificación del parlamento paraguayo.

Mientras Venezuela esperaba (desde hace ya un buen tiempo) el visto bueno del legislativo guaraní, el presidente Fernando Lugo fue destituido de la primera magistratura paraguaya. La salida de Lugo fue tramitada con sospechosa velocidad, y si bien se dio dentro de los mecanismos institucionales, el proceso fue fuertemente cuestionado por todos los gobiernos de la región.

Las autoridades del Mercosur decidieron suspender a Paraguay del bloque hasta que no se celebraran elecciones presidenciales y nuevas y legítimas autoridades sean elegidas. Esto significó, que por un período menor a un año, Paraguay estaría suspendido y por consiguiente el impedimento al ingreso venezolano se encontraría apartado (al menos por el momento). Así fue como el ingreso de Caracas fue materializado. Desafortunadamente, más por oportunismo que por consenso.

El ingreso de Venezuela fue tan irregular que primero Uruguay y después Brasil colocaron en “condicional” la legitimidad de la flamante incorporación. ¿Qué sucederá cuando Paraguay vuelva al bloque? ¿Deberá Venezuela volver a salir hasta que el Congreso paraguayo apruebe su reincorporación?

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