ver más

Un mendocino se mezcló entre los "indignados" españoles y cuenta todo

Gastón Cottino es un psicólogo mendocino que acaba de regresar de Madrid. Estuvo en la Puerta del Sol presenciando el debate de los ciudadanos que se concentraron en carpas para discutir sobre la crisis y mandar un mensaje al poder político de ese país. Texto y fotogalería de una experiencia única.


The answer, my friend, is blowin' in the wind

Ese cielo azul que todos vemos y el Sol que lleva por centro, sonríen como nunca. Miles de manos se agitan en el aire. Bien abiertas, giran hacia un lado y otro, como bailando,  para manifestar su acuerdo con una nueva propuesta.

 

El calor se torna denso, las asambleas largas y el cansancio, a pesar de los relevos, se hace sentir. Entonces los “roseadores”, esos que humedecen la ropa antes del planchado, hacen llover gotitas que refrescan a la multitud. Muchos jóvenes, encargados de esta tarea, se divierten en prudente carnaval.

Alrededor hay carpas, muchas y apretadas carpas. Pero también hay toldos, mesas de trabajo, una biblioteca, un espacio reservado para niños, ollas, varias intervenciones artísticas, computadoras, luces, un montón de carteles e ideas por todos lados. Se podría decir que, al caminar por sus angostos pasillos, uno debería tener cuidado de no tropezarse con ninguna.

De vez en cuando se cuela una voz de megáfono que viene del otro lado de la plaza; son, por ejemplo, los representantes de los barrios. En la vereda de enfrente, tras unas barricadas, se estacionan algunos móviles negros con gente vestida de negro; son guardias. Los guardias no solamente hicieron guardia sino que también corretearon, golpearon y detuvieron, en Madrid y en Barcelona, a varios asambleístas. Aun así, no los pudieron reprimir. Si entendemos por represión el dejar bajo censura aquello que desde hace mucho debería salir a la luz, no importa si de la conciencia o del Sol.

Y aquello que sale a la luz no es otra cosa que el ejercicio de la Libertad y de la Voluntad. Ciudadanos que de manera responsable y decidida reivindican la dignidad y la conciencia política y social. Pero si la Voluntad, tal como la entendía Shopenhauer, es “el fondo último de la realidad” y el motor de todo cambio, uno podría, desde esta plaza, comenzar a ver las cosas de otro modo.

Porque, bien considerado, hay aquí una pluralidad realmente sorprendente: izquierdas y derechas; feministas, anarquistas y ambientalistas; vecinos, jubilados, ocupados y desocupados; artistas, almaceneros, amas de casa, universitarios y todo que lo que quepa bajo el cielo de esta ciudad. Estando todos ellos menos identificados con la “indignación” que con un modelo de sociedad que haga lugar en serio a los Derechos Humanos. Y acampando en una plaza, a expensas del confort y de las funciones más básicas del cuerpo, para pensar, conversar, debatir, formular propuestas, darles formato legal, difundirlas, si es necesario volverlas a debatir, preguntar e invitarnos a todos a participar.

Su organización es sorprendentemente compleja. Primero están las Comisiones encargadas del funcionamiento del proyecto; por citar sólo algunas: Respeto (!), Información, Análisis, Propuestas, Documentación, Artes, Legal, Salud, Biblioteca e Infantil. Pero sobre todo están los Grupos de Trabajo, encargados de elaborar  activamente las propuestas; aquí también sería muy extenso citar a todos, pero pueden hacerse una idea de cómo trabajan con estos: Pensamiento, Educación y Cultura, Economía, Política, Social, Migración, Feminismo, Sanidad y Medio Ambiente (Hay más información en Madrid.tomalaplaza.net).

Como se ve, el paisaje no sólo se modifica para “que se vayan todos” o para “prohibir prohibir”. Sin embargo en el aire de la plaza del Sol, y en la de cualquiera de los barrios que se están organizando, se deja sentir el perfume de las flores del Mayo francés. Aun con tan fuerte impronta, parecen estar advertidos de que un nueva tiranía los puede esperar a la vuelta de la esquina y entonces, más allá de las consignas: “no nos representan” o “lo queremos todo y lo queremos ahora”, el proyecto colectivo que están forjando implica bastante más que el rechazo del amo de turno.

Todos ellos, está en el viento, se atreven a utilizar la palabra “revolución”. A dotarla nuevamente de sentido, diríamos desde aquí. Salud a la Plaza del Sol.