Mubarak, el Gatopardo
No se va: el aliado del poder mundial no iba a caer tan fácilmente. De todos modos, la "revolución 2.0" sigue su marcha. Caerá Mubarak, pero no el régimen. Como en la novela de Lampedusa, cambió algunas cosas para que nada cambie. Aferrado al poder, el líder egipcio desafía a las multitudes que exigen "que se vaya ya" en todo Egipto.
Como en la novela de Guiusepe Tomasi di Lampedusa, "El Gatopardo", un Hosni Mubarak empachado de poder y rebosante de agradecimiento de parte de los países que se dicen “garantes de la democracia” en el mundo, como por ejemplo, Estados Unidos, decidió hacer algunos cambios para que en el fondo nada cambie.
La novela del italiano le dio vida al término “gatopardismo” y el líder egipcio en decadencia echó mano a ese recurso para quedarse y para asegurarse de que, aunque él ya no se presentará en las próximas elecciones, no caiga su régimen, tal como reclaman cientos de miles de personas en su país y en el exterior en lo que se dio en llamar “la revolución 2.0”.
"No voy a salir del país en este momento difícil. Voy a apoyar a todos los que estén apoyando a nuestro país", dijo y en un tono paternalista típico de los autoritarios, cumplió con el manual del dictador perfectamente aceptable por Occidente:
- Reiteró que no se postulará a un nuevo mandato, como máxima concesión.
- Que no castigará a “los responsables de la violencia”.
- Reconoció errores.
- Ordenó hacer un puñado de modificaciones a la Constitución.
- Se adjudica el liderazgo de las reformas: "Nuestro movimiento de cambio no tiene vuelta atrás", realinéandose con Estados Unidos.
- Y le puso una dosis de nacionalismo: “No aceptaré presiones extranjeras” y "no abandonaré mi país".
Cediéndole parte de su poder al vicepresidente Omar Suleiman, el dictador se convierte en su tutor y promete acompañarlo en la transición. Nada más lejos del clamor popular.
Mubarak ha respondido a las expectativas sobre su persona y, en cierta medida, a la de sus naciones aliadas, como Israel, que presenció en silencio y con gran preocupación la posibilidad de que el mundo árabe girara hacia el eje que lidera Irán.
- Reconoció errores.
- Ordenó hacer un puñado de modificaciones a la Constitución.
- Se adjudica el liderazgo de las reformas: "Nuestro movimiento de cambio no tiene vuelta atrás", realinéandose con Estados Unidos.
- Y le puso una dosis de nacionalismo: “No aceptaré presiones extranjeras” y "no abandonaré mi país".
Cediéndole parte de su poder al vicepresidente Omar Suleiman, el dictador se convierte en su tutor y promete acompañarlo en la transición. Nada más lejos del clamor popular.
Mubarak ha respondido a las expectativas sobre su persona y, en cierta medida, a la de sus naciones aliadas, como Israel, que presenció en silencio y con gran preocupación la posibilidad de que el mundo árabe girara hacia el eje que lidera Irán.


