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El fin del sueño chino

Christina Larson sostiene en Foreign Policy que "las clases dirigentes de Pekín están desatando una nueva oleada de frustración palpable entre la población". Accedé desde aquí.

Por Christina Larson

En junio, un amigo chino que creció en la ciudad industrial de Shenyang, en el norte del país, y que se graduó hace poco en la universidad, se fue a vivir a Pekín para hacer realidad su sueño: trabajar para una empresa de medios de comunicación. Ha conseguido empleo, pero el salario inicial no es demasiado bueno y es difícil llegar a fin de mes. Hace poco comimos juntos y sacó a relucir sus condiciones de alojamiento, que calificó de “no ideal”. Estaba viviendo en un piso de tres dormitorios que compartían siete personas, cerca del Cuarto Anillo, el perímetro exterior de la ciudad. Cinco de las personas que compartían la vivienda eran mujeres jóvenes que iban a trabajar cada noche a las 11 y regresaban alrededor de las 4 de la mañana. “Dicen que están en el turno de noche de Tesco”, la cadena de supermercados británica, me contó, pero no se lo creía. Una noche las vio entrar en un Club KTV completamente maquilladas, con “faldas mucho más cortas que mis calzoncillos” y, cosa significativa, por la puerta de empleados. “O sea que son prostitutas”, concluyó. “Me siento un poco incómodo”.

Sin embargo, cuando sumaba sus gastos mensuales y pensaba en que no tenía ninguna relación especial, o guanxi, en la ciudad, ni para ayudarle a aumentar sus ingresos ni para encontrar una vivienda más cómoda pero no más cara, pensaba que no tenía más remedio que seguir aguantando la siniestra situación. “He venido aquí para ser periodista; esa es mi meta, no quiero volver ahora. Pero da la impresión de que es más difícil que antes”.