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Mediadora u opositora: la Iglesia no pasa desapercibida en esta Latinoamérica

Una mirada a vuelo de pájaro sobre Latinoamérica permite visualizar la vigencia de la iglesia católica en los grandes temas. Su presión, oposición, respaldo o bien, oposición descarnada. El caso más patente es el de Paraguay. Allí, un obispo capitalizó la necesidad de contar con una alternativa políticaLa iglesia abocada a los asuntos mundanos.


Los curas lideran marchas contra el gobierno en la Argentina, presentan propuestas de alto impacto para indultar a personas acusadas de graves crímenes en Chile, le hacen la cruz a Hugo Chávez en Venezuela, llaman a votar contra la candidata oficialista en Brasil y le permite al régimen cubano liberar a presos políticos sin tener que aparecer tan “blandos”. En este mismo rol político, en Nicaragua la Conferencia Episcopal lidera la oposición y señala que allí "aumenta la pobreza y los atropellos", entre muchas otras cosas que dice día a día en innumerables "cartas públicas".

También, en una Latinoamérica que es pisada por sotanas desde hace 500 años, son los curas quienes visibilizan a los enfermos de SIDA en México, al darles la comunión y hacerlo público. En Perú, pone sobre la mesa el problema ambiental del Amazonas.

Pero hay un caso más patente y ese es el de Paraguay. Allí, un obispo capitalizó la necesidad de contar con una alternativa política, se postuló, ganó la presidencia y desde allí -en un cargo civil- ejerce sus convicciones religiosas y, además, cuestiona otras, como aquello del celibato que él mismo violó.

Más viva que nunca, la iglesia ese Estado con consulados en cada barrio del continente, levanta más que nunca su cruz y más arriba, aun, que las propias banderas de los países.

Con diferencias según cada uno de los casos, no debe negarse el rol que las sociedades –o al menos porciones importantes de ellas- le otorgan a la curia.

En un Chile en donde la jerarquía eclesiástica tuvo un rol importante al denunciar y limitar, en la medida de lo posible a la dictadura pinochetista, ahora descoloca al solicitar el indulto a criminales de esa misma época. Pero -a diferencia de sus pares argentinos- lo hace exigiéndoles a los futuros indultados (basados en su doctrina) que, previo a recibir el favor del Estado, deben pedir perdón.

Así, en Venezuela el presidente predica el cristianismo como el más convencido y su socialismo “del siglo 21” en lugar de combatir a los credos, compite con ellos, generando más rispideces que puntos en común. Allí, inclusive, la propia iglesia bromeó desde una publicación oficial sobre la muerte de Chávez, generando una de esas crisis interminables entre ambos poderes en pugna.

De esta forma la iglesia avanza: copa la agenda política de los países, lidera espacios que han sido dejados vacantes por sus dueños legítimos y -con su accionar, a fuerza de trabajo, presencia y despliegue- se legitimiza a sí misma como protagonista.

No lo hace de manera homogénea y mucho menos, sin disidencias. En cada caso, la iglesia no es una sola. está la versión oficial y la otra, la rebelde, la contestataria. A veces, una es más agiornada que la otra. pero está.

¿Está bien lo que hace? Algunos apostarán a su rol "mediador" o bien como "contralor". Pero otros insisten -con la mano en las Constituciones políticas de su países- en que se trata de ingerencias intolerables. Nadie, sin embargo, puede negar que tienen un lugar y un rol en la vida de nuestros países.