Presenta:

El Presidente en alpargatas

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Pepe Mujica, de tupamaro a Presidente, de María Esther Gilio. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2010. 124 páginas. $37.

Hace cinco años, José Mujica confesó que hacía otros tres, los médicos le habían diagnosticado una enfermedad. No reveló cual, pero se mostró preocupado y urgido por vivir.

“Pepe”, en un diálogo mantenido el 20 de marzo de 2005 con la periodista María Esther Gilio, sostenía en un tono que, dijo, tenía que ver con sentirse vencido por un “cansancio” que lo rebalsaba: “Estoy convencido de que mi tiempo está llegando a su medida. Es como si una voz interior me dijera ´Bueno, hasta aquí llegamos´”.

Con ingenuidad y sorpresa, pero sobre todo con poca memoria (e información), las agencias informativas dieron cuenta esta semana sobre “el stress del Presidente” uruguayo y sus consecuentes “tres días de descanso”.

Mujica, hoy, es el presidente de Uruguay y el jueves 20 de mayo cumple 76 años de edad. Y asumió enfermo, pero lúcido; cansado, pero acelerado por la búsqueda de cumplir sus sueños.

“Siento que la vida me regaló esta oportunidad de llegar –le dice a Gilio y se queda en silencio.- De llegar no se adónde, porque en el fondo de la cuestión nunca se llega”.

Episodios así de fuertes son los que recoge el libro que lleva la firma de la periodista uruguaya bajo el título: “Pepe Mujica, de tupamaro a Presidente”.

Su infancia pobre, a pocos metros de la chacra en donde residió aun siendo ministro de Agricultura de Tabaré Vázquez y en donde transcurrió la mayor parte de los diálogos sostenidos con la autora. Pero también su militancia guerrillera, el secuestro de todo un arsenal en su vivienda, la cárcel: “los diez años que pasé sólo dentro de una pieza”.

La periodista acota, al pasar, que los años de prisión y persecución de Mujica no fueron 10, sino 13. El entrevistado redondea en una década el tiempo del sufrimiento y la soledad; clausura la etapa y se planta con otro ánimo: “Tengo cosas que terminar”, se apura, sin saber que cinco años después de esa charla informal y, como corresponde del otro lado del charco, con un mate de por medio, sería parte de un libro recopilatorio de la vida de un combatiente que se volvió Presidente.

Mujica trastoca la imagen que le devuelve el espejo y se muestra tierno; retorna a la infancia con el recuerdo de su madre. Allí es cuando recuerda las veces en que el presidente Luis Batlle Berres, picaflor y mujeriego, le compraba las calas cultivadas en el fondo de su casa para recomponer la relación con su esposa.

Caprichoso como otrora, el hombre porfía contra el mundo actual y las cosas a las que nos inducieron a acostumbrarnos. Alguna vez, ochenta años atrás –tal como lo cita Salvador Neves en el prólogo-, la exploradora británica Rosita Forbes había dicho que “el Uruguay es un país gobernado por locos. Un país de increíble optimismo donde todo se construye para el futuro y en cuyas escuelas los niños saben quiénes son Bernard Shaw o Lenin pero desconocen en absoluto el nombre de los apóstoles”.

Tal vez por ello, Mujica se pone el traje de "loco" y reflexiona, viendo más allá de las fronteras mediáticas: “Si te afeitás con una navaja obtendrás la mejor afeitada posible, usarás la navaja toda tu vida y luego se la podrás dejar a tus hijos, quienes a su vez podrán dejarla a los suyos. ¿Por qué, entonces, comprar unas maquinitas que en pocos días hay que tirar a la basura?”.

“Pepe” piensa y obliga a pensar. Con ello, abre un abanico de lecturas posibles sobre su discurso: ingenuidad, decrepitud, utopía, militancia… Sin embargo nunca –como ha ocurrido de este lado del río en más de una oportunidad- podría confundírsele con el protagonista de la novela “Desde el jardín”, de Jerzy Kosinski, aquel a quien todos creían capaz y resultó ser lo contrario.

Mujica podrá no caer bien a quien busque en él los estándares de un mandatario, pero su autenticidad está garantizada.

En el libro hay un espíritu “pepista”, indudablemente.

Aunque el trasfondo del trabajo de Gilio es, ni más ni menos, que el de un hombre “importante” construido –a todas luces y sin engaños marketineros- desde sus pantuflas o alpargatas, desde la vaca para ordeñar, su desaliño, la negación al uso de corbata y la negociación permanente con la política para que lo acepte como uno de sus cuadros.

Una extensa entrevista con el "futuro" Presidente, en tiempo de descuento.