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MDZ con los argentinos en Chile: historias de sexo y pánico en el piso 26

Con un altavoz, el "loco del tsunami" corría por las calle alertando a todos. La "acompañante" cordobesa que estaba trabajando en un piso 26 la madrugada del temblor y ahora quiere volver a La Docta. Y el porteño que recordó Cromañón.
La tragedia y sus historias.
La tragedia y sus historias.

Mientras la ayuda comienza a llegar lentamente a las zonas más afectadas, los avatares de la información en medio del shock emocional van ganando espacio a los rumores. Así, comienzan a surgir las pequeñas historias de personas y de sus humildes pasiones en medio de las grandes estructuras de hierro y vidrio que la madrugada del sábado se sacudieron como si fueran papel.

Entre ellas, la historia del hombre que hizo correr, con un altavoz en la mano, el rumor de que un tsunami se aproximaba a la costa de Valparaíso.

La alarma y el terror cundieron de pronto en la población porteña, que tomó unas pocas cosas y se dirigió raudamente a los cerros que caracterizan a la ciudad de las mil escaleras.

Todo era mentira, menos el pavor a una nueva marejada. Y el “Loco del tsunami” quedó detenido por alterar el orden público. El que la pasó mal fue otro hombre, que falleció de un paro al corazón al escuchar la falsa alarma.

En el piso 26

Victoria vino a trabajar hace menos de un año a Santiago, atraída por las posibilidades laborales que le prometía una de las principales capitales del mundo. Sin embargo, ahora está desesperada por volver a su Córdoba natal junto a otras cuatro compañeras, mientras se siente atrapada en la pesadilla que quedó tras “el terremoto del Bicentenario”.

Victoria tiene 22 años y trabaja en un servicio de acompañantes. La madrugada del sábado la encontró trabajando. Pero quiso la mala fortuna que tuviera que padecer el brusco movimiento del edificio donde se encontraba en un piso 26.

“Fue desesperante”, contó vía telefónica y describió como se iban cayendo, uno por uno, los objetos de la habitación y los vidrios de la torre cimbraban.

“El edificio donde vivimos, no es muy alto, pero está todo rajado”, graficó la escort. Por el momento, y dada la angustia post-terremoto, cambiaron de departamento.

“Apenas logramos salir y después nos dimos cuenta que nos habían robado toda la plata”, explicó la mujer, como para dar una pauta de las mañas que habitan en los seres humanos aún en situaciones de crisis como ésta.

Así, Victoria sospecha que fueron los “amigos” con los que estaban pasando ella y sus cuatro amigas –de Córdoba y de Buenos Aires una fiesta para la que habían sido contratadas. En el momento del gran susto, mientras ellas se apuraban a salir con lo puesto, alguno se aprovechó para sacar rédito a la situación.

Ahora el gran problema pasa por salir de Chile. La historia de la escort cordobesa llegó de la mano de un taxista, Alejandro, que luego de preguntar sobre las bondades de Mendoza como capital del vino, entró en confianza y contó sobre un trabajo que no había podido realizar porque “frontera estaba cerrada”.

Victoria había querido contratar a Alejandro para que las llevaran hasta Mendoza. Sin embargo, la falta de información hizo que los rumores sobre el cierre de la frontera fueran más que verosímiles.

Sin plata, las chicas están estancadas en Santiago: “No vemos la hora de irnos, pero no conseguimos cómo volver”.

“Podemos ir hacia el sur, porque dicen que están abiertos los pasos, pero para qué vamos a ir hacia el sur si está todo el quilombo”, relata a medida que su voz comienza a reflejar la desesperación.

Ante esta situación, acudieron inmediatamente a la embajada argentina. Allí, al parecer no encontraron muchas respuestas.

“Desde la embajada, se comunicaron con Buenos Aires pero nos dieron soluciones. Estamos solos. La presidenta no hace nada por nosotros”, lanzó con bronca.

“Lo primero que pensé fue Cromagnon”

En la embajada de Argentina en Santiago, las historias hacen fila mientras los turistas varados hacen guardia esperando una respuesta, alguien que los escuche y les aseguren que están volviendo a suelo argentino lo más pronto posible, lejos de la pesadilla que vivieron.

En este tren conocimos a un turista de Capital Federal en la sala de espera del Consulado, que había colocado su nombre en la lista para viajar a Mendoza y de allí, si, tomar vuelo hacia Buenos Aires. En la madrugada del sábado, se encontraba bailando en un boliche de Viña del Mar, que se encuentra en un subsuelo. Al momento del terremoto, todo se oscureció.

“Lo primero que pensé fue en Cromagnon”, contó, a modo de comparación entre la tragedia de la disco porteña y la experiencia vivida en carne propia.