Construyen en Chile el teatro más grande en los últimos 60 años
La construcción del Teatro del Lago de Frutillar comenzó tímida, hace 12 años. Los habitantes de Frutillar, a orillas del lago Llanquihue, han sido testigo de estas obras que parecían no terminar nunca. En agosto pasado, hace sólo tres meses, la sala principal del teatro aún estaba llena de andamios y polvo. Las chispas saltaban, retumbaban los martillazos y el aire olía a una mezcla de madera y pegamento. Hoy ya no hay más andamios ni contenedores en la entrada del teatro. Quedan sólo cuatro días para la esperada apertura, programada para el 6 de noviembre, que contempla la presentación, entre otros, de Verónica Villarroel, la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Chile y el jazzista cubano Paquito D'Rivera.
El diseño original del edificio fue realizado por Gerardo Köster y Gustavo Greene. Inspirado en la arquitectura típica local de influencia alemana, el teatro tiene cobre en el techo y madera de haya en el interior. En 2008, la oficina de arquitectos Amercanda siguió desarrollando el proyecto, encargándose de las terminaciones y de todo el diseño interior.
Para alcanzar estándares internacionales, se contrataron dos especialistas de primera. El experto en acústica alemán Karl-Heinz Müller, que ha trabajado para el Festival de Bayreuth, eligió la tela de las butacas e indicó el ángulo exacto en que debían colocarse los casi dos mil paneles acústicos. Mientras, el estadounidense Clifton Taylor (iluminador de Broadway y grandes teatros) creó un diseño de luces flexible para acoger desde conciertos de rock hasta óperas y ballet clásico.
"La luz trabaja en el subconsciente. Aunque el espectador no pueda hablar de la iluminación, siente algo gracias a ella. Por eso, cuando diseño siento que yo también estoy contando una historia", explica Taylor en la cafetería del teatro, con vista al volcán Osorno. Su labor, tradicionalmente considerada por debajo de la de escenógrafos y vestuaristas, ha jugado un rol fundamental en este teatro. El escenario no tiene un ancho suficiente para los enormes decorados de la ópera y el ballet. "La luz ha reemplazado a los decorados. Hasta los años 60 se usaron enormes telones para ambientar. Ahora, todo un cambio en la escenografía puede lograrse únicamente con buenos juegos de luces", concluye el diseñador.
Fuente: La Tercera

