A 25 años de la enorme tragedia del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia
El macizo entró en erupción el día 12 de noviembre de 1985.
El deshielo de la montaña provocó una gigantesca avalancha de lodos y rocas. Murieron 26 mil de los 31 mil habitantes de un municipio.El recuerdo de aquel horror, cinco lustros después, saca a flote las dificultades que afrontan quienes sobrevivieron. Aquí, una interesante crónica al respecto.
La tumba, pintada de blanco y rodeada de una pequeña verja celeste, es centro de peregrinaje. La levantaron sobre el lugar en el que murió Omaira Sánchez el sábado 16 de noviembre de 1985. Unos se acercan por curiosidad y otros para pedirle milagros, como a una santa. La pequeña, que contaba con 13 años de edad, sigue siendo el símbolo de la mayor tragedia natural que ha vivido Colombia y que hoy conmemora su vigésimo quinto aniversario.
Tres días antes de que la niña falleciera, al fracasar los intentos de arrancarla del barro que aprisionaba su cuerpo, la avalancha que provocó la erupción del Nevado del Ruiz sepultó la población de Armero, en el departamento del Tolima. Murieron 26.000 de sus 31.000 habitantes.
El recuerdo de aquel horror, cinco lustros después, saca a flote las dificultades que afrontan quienes sobrevivieron. La mayoría se instaló en lo que era un corregimiento cercano, Guayabal, rebautizado como Armero-Guayabal y ya convertido en municipio; así como en Lérida, otra localidad próxima, y en Ibagué, la capital, todas con altas cifras de desempleo.
Precisamente en Armero-Guayabal, el presidente Juan Manuel Santos, después de asistir a una misa en memoria de los que perecieron, oficiada en una explanada a la entrada de lo que fue el devastado pueblo, celebra este sábado su habitual Consejo por la Prosperidad. En esta ocasión está enfocado a analizar los estragos que el fenómeno 'La Niña' está causando en numerosas regiones de Colombia.
Algunos soñaron en su día con levantar de nuevo Armero en su mismo enclave, pese a ser zona de alto riesgo. Otros sólo aspiran a mantener viva la memoria y a lograr que el gobierno se acuerde de quienes lo perdieron todo hace un cuarto de siglo y no han logrado estabilidad económica.
Uno de los proyectos que intentan levantar vuelo, pese a la falta de fondos, es Armando Armero. Francisco González, su director, le dice a ELMUNDO.es que pretenden crear un turismo cultural que comience a generar ingresos a la zona. "Buscamos llenar de referentes las ruinas que permanecen en pie, para que el visitante conozca cómo era antes la localidad, arrocera e industrial, y preparar un grupo de guías, algunos de ellos damnificados". En el antiguo camposanto, por ejemplo, quieren establecer "un centro de interpretación de la memoria y la tragedia".
González admite que muchos visitantes, como los miles que está previsto que se acerquen este sábado, viajan hasta el lugar por morbo, "a ver la tumba de la niña Omaira, recordar qué le pasó", una razón que no le preocupa porque lo importante, en su opinión, es que no olviden la catástrofe que borró del mapa en un instante a todo un pueblo. "Hoy inauguramos un gran homenaje a las víctimas, con fotos de 600 de ellas. Aspiramos a llegar a las 10.000, pero necesitamos más recursos", señala González.
Los restos de lo que fue una población pujante y próspera se limitan a unas pocas edificaciones en ruinas, un monumento que levantaron en su día en honor del Papa Juan Pablo II, para recordar su visita, y algunos sepulcros, como el reseñado.
González también quisiera que en Armero-Guayabal crearan una cátedra de desastres naturales. Con ello lograrían, además de estudiar la forma de afrontarlos, dinamizar la región. "Nuestra esperanza es que Juan Manuel Santos fomente el turismo cultural", declara.
Uno de los proyectos que intentan levantar vuelo, pese a la falta de fondos, es Armando Armero. Francisco González, su director, le dice a ELMUNDO.es que pretenden crear un turismo cultural que comience a generar ingresos a la zona. "Buscamos llenar de referentes las ruinas que permanecen en pie, para que el visitante conozca cómo era antes la localidad, arrocera e industrial, y preparar un grupo de guías, algunos de ellos damnificados". En el antiguo camposanto, por ejemplo, quieren establecer "un centro de interpretación de la memoria y la tragedia".
González admite que muchos visitantes, como los miles que está previsto que se acerquen este sábado, viajan hasta el lugar por morbo, "a ver la tumba de la niña Omaira, recordar qué le pasó", una razón que no le preocupa porque lo importante, en su opinión, es que no olviden la catástrofe que borró del mapa en un instante a todo un pueblo. "Hoy inauguramos un gran homenaje a las víctimas, con fotos de 600 de ellas. Aspiramos a llegar a las 10.000, pero necesitamos más recursos", señala González.
Los restos de lo que fue una población pujante y próspera se limitan a unas pocas edificaciones en ruinas, un monumento que levantaron en su día en honor del Papa Juan Pablo II, para recordar su visita, y algunos sepulcros, como el reseñado.
González también quisiera que en Armero-Guayabal crearan una cátedra de desastres naturales. Con ello lograrían, además de estudiar la forma de afrontarlos, dinamizar la región. "Nuestra esperanza es que Juan Manuel Santos fomente el turismo cultural", declara.
El artículo completo en El Mundo.
