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Bachelet tiene la popularidad, Piñera los votos y Enríquez el futuro político de Chile

Chile se prepara para votar el 13 de diciembre. Por primera vez desde que recuperó al democracia, podría imponerse la derecha. Un escenario que hoy es, por lo menos, más que interesante.
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La situación política de Chile resulta incomprensible para un país como el nuestro, altamente marcado por el exitismo o condicionado por la crispación a la hora de optar políticamente.

Detrás de la cordillera, no hay temores ni prejuicios: el que es de izquierda, lo es; igual para quien se ubica a la derecha del espectro ideológico.

Tampoco hubo falsos condicionantes a la hora de conformar una alianza de partidos con capacidad suficiente, sino para desterrar el influjo pinochetista, al menos para ponerlo a raya.

Así, se conformó la Concertación en donde convivieron –y aun lo hacen, aunque con un mayor desgaste- partidos históricamente enfrentados, pero unidos por el compromiso de sostener un programa común de gobierno.

La derecha pinochetista se aglutinó y adoptó un rostro democrático que nunca como ahora, desde la recuperación de la democracia, alcanzó la popularidad suficiente como para transformarse en opción de gobierno.

La izquierda más a la izquierda, oscilante en sus apoyos y rechazos a la Concertación, está viva, tiene legisladores, concejales y alcaldes. Alcanzó su mayor performance electoral frente a Bachelet, con el candidato humanista Tomás Hirsch, que terció –aunque lejos de la principal contrincante y su oponente Sebastián Piñera- y capitalizó un caudal hasta entonces inédito de sufragios.

Hoy día puede ganar el empresario Piñera, tan simpático como pedantemente rico, que lidera muchos de los sondeos. Pero nadie termina en Chile de echarle tierra encima a la Concertación.

Hay coincidencias en que este espacio no eligió al mejor candidato cuando prefirió al ex presidente Eduardo Frei. Esto queda a la vista cuando la tremenda popularidad de la presidenta Michelle Bachelet (cercana al 80 por ciento) ni la del ex mandatario y estadista Ricardo Lagos no logra ser transferida al delfín de ambos.

Pero hay más: el desencanto por el desgaste de la alianza gobernante parió a un aspirante que, según cantan los sondeos preelectorales, logra encantar multitudes, aun más que aquella experiencia de izquierda que supo liderar Hirsch. Hablamos de Marco Enriquez-Ominami, un joven que se fue de la Concertación de Frei y que hoy casi le empata.

Los últimos resultados le dan al derechista Piñera una intención de voto del 34 por ciento, seguido por Frei, con el 28 y, de cerca, Enriquez-Ominami, con 24 por ciento.

En dos regiones de Chile, en Bío Bío, al Sur, pero fundamentalmente en la Metropolitana, Enriquez-Ominami marcha segundo, dejando atrás a Frei, lo que lo convierte en un fenómeno urbano que, tal vez, “muera” allí.

La incógnita será, en definitiva, si el electorado chileno le dará la espalda a su aprecio por Bachelet y Lagos votando en contra de su candidato Frei, levantando al sorpresivo joven, o bien, le abrirá las puertas a algo completamente diferente a lo que ha gestionado Chile desde que se agotara la dictadura de Augusto Pinochet, dándole su confianza al empresario Piñera.

Eso, en definitiva, podrá irse midiendo semana tras semanas, pero se sabrá, definitivamente, el domingo 13 de diciembre, fecha de elecciones presidenciales y parlamentarias.

Una proyección conocida hoy y difundida por el diario La Tercera, da cuenta que, de continuar de la misma manera que hasta ahora el comportamiento del electorado chileno, Piñera y Frei irán a segunda vuelta.

Allí tendrá valor lo cosechado por Enriquez-Ominami: ¿a quién apoyará?, tal como se preguntan los analistas trasandinos.