Tragedia en España: los familiares continúan reconociendo los cadáveres
El juez decretó que los 37 cadáveres del accidente aéreo de Barajas que ya fueron identificados sean entregados a sus familiares. Médicos y psicólogos acompañan a los familares en el difícil momento de identificar a un ser querido.
El recinto ferial de Madrid (IFEMA) se convirtió en lugar de luto. Tras los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004 en la capital española, recibió los restos de las 191 víctimas mortales como improvisada morgue y centro de identificación de los cuerpos. Ahora revive el dolor con la tragedia área del miércoles en el aeropuerto de Barajas.
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Agotados, con el dolor reflejado en el rostro y lágrimas recorriendo las mejillas, los familiares llegaban en sus coches, en autobuses o en taxis, esperaban o salían de IFEMA, con el sufrimiento a cuestas de un trago terrible: la identificación de sus seres queridos. Muchos de ellos se preparaban hoy para soportar una situación que podría prolongarse 48 horas más. Tienen a su disposición un hotel de Madrid, y allí se prolongan las escenas de dolor desde el recinto ferial.
"La circunstancia en la que están (los cadáveres) hace muy difícil la identificación", dijo la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez.
Es "un proceso que siempre lleva trabajo y es lento", explicaba hoy una de las psicólogas. A cada familia se le asignó uno de estos profesionales, con el objetivo prioritario de "no permitir que sumen dolor al que ya tienen". Y lo más efectivo en muchos casos, decían los psicólogos, es dejarles que hablen.
"Primero deben cerrar el capítulo de la identificación para pasar a otra fase de duelo, que va a ser muy larga también", explicaba otra psicóloga.
"Lo más duro es el reconocimiento, eso sólo son lágrimas", corroboraba un allegado.
Los familiares se enfrentan a objetos de sus seres queridos y en algunos casos harán falta pruebas de ADN. "Es muy duro tener que pedir una muestra de saliva a alguien que ha perdido a un hijo", explicaba un guardia civil.
Los forenses, entretanto, trabajan a conciencia para lograr cuanto antes poner nombre a los cadáveres. Sólo entonces las familias podrán llevárselos y despedirse de ellos. Una vez más, la situación recuerda a los españoles a las terribles jornadas que comenzaron el 11 de marzo de 2004.
El dispositivo es de hecho similar: una descripción física de sus familiares, aportando todos los rasgos físicos y, si es posible, explicando cómo iban vestidos cuando se subieron al avión de Spanair con destino a Las Palmas de Gran Canaria, donde muchos esperaban disfrutar de sus vacaciones estivales. Son momentos dolorosos, previos al instante en el que los sanitarios les muestran los cadáveres que coinciden con su descripción.
Algunos reaccionan con una tranquilidad sólo explicable por la anestesia del propio dolor. Otros rompen a llorar y no paran. "He perdido a mi hermano, a su mujer y a sus dos niñas, no puedo hablar", sollozaba hoy una mujer que tenía que identificar los cuerpos.
Y todos tratan, de un modo u otro, de liberarse de una tensión que soportan desde que los medios de comunicación comenzaron el miércoles a informar de un accidente de avión en el aeropuerto de Barajas que acabó siendo una de las peores tragedias vividas por los españoles en los últimos años.
Es "un proceso que siempre lleva trabajo y es lento", explicaba hoy una de las psicólogas. A cada familia se le asignó uno de estos profesionales, con el objetivo prioritario de "no permitir que sumen dolor al que ya tienen". Y lo más efectivo en muchos casos, decían los psicólogos, es dejarles que hablen.
"Primero deben cerrar el capítulo de la identificación para pasar a otra fase de duelo, que va a ser muy larga también", explicaba otra psicóloga.
"Lo más duro es el reconocimiento, eso sólo son lágrimas", corroboraba un allegado.
Los familiares se enfrentan a objetos de sus seres queridos y en algunos casos harán falta pruebas de ADN. "Es muy duro tener que pedir una muestra de saliva a alguien que ha perdido a un hijo", explicaba un guardia civil.
Los forenses, entretanto, trabajan a conciencia para lograr cuanto antes poner nombre a los cadáveres. Sólo entonces las familias podrán llevárselos y despedirse de ellos. Una vez más, la situación recuerda a los españoles a las terribles jornadas que comenzaron el 11 de marzo de 2004.
El dispositivo es de hecho similar: una descripción física de sus familiares, aportando todos los rasgos físicos y, si es posible, explicando cómo iban vestidos cuando se subieron al avión de Spanair con destino a Las Palmas de Gran Canaria, donde muchos esperaban disfrutar de sus vacaciones estivales. Son momentos dolorosos, previos al instante en el que los sanitarios les muestran los cadáveres que coinciden con su descripción.
Algunos reaccionan con una tranquilidad sólo explicable por la anestesia del propio dolor. Otros rompen a llorar y no paran. "He perdido a mi hermano, a su mujer y a sus dos niñas, no puedo hablar", sollozaba hoy una mujer que tenía que identificar los cuerpos.
Y todos tratan, de un modo u otro, de liberarse de una tensión que soportan desde que los medios de comunicación comenzaron el miércoles a informar de un accidente de avión en el aeropuerto de Barajas que acabó siendo una de las peores tragedias vividas por los españoles en los últimos años.



