Polémica por los precios de las empanadas de La Bomba Tucumana: cuánto vale la docena en Recoleta
La cantante apostó por los sabores de su tierra con una propuesta que ya cuenta con dos sucursales y genera intensos debates por sus valores.
Tiene dos sucursales en Buenos Aires. / Instagram
La gastronomía porteña sumó una competidora de peso que llega con el respaldo de una marca personal indiscutible. Gladys “La Bomba Tucumana” decidió trasladar el ADN de su provincia a la Capital Federal con la apertura de su propio local de empanadas, ubicado estratégicamente en Paraguay 2387, en pleno barrio de Recoleta.
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El proyecto, que ya expandió sus fronteras con una segunda sucursal en Belgrano, intenta diferenciarse mediante la autenticidad de sus insumos y una estética cuidada.
El formato boutique de la Bomba Tucumana en Recoleta
La propuesta central del establecimiento es el respeto por la receta tradicional: empanadas de carne cortada a cuchillo, masa bien dorada y un perfil de sabor intenso que busca evocar los paisajes del norte. A diferencia de las piezas de gran tamaño habituales en las rotiserías de barrio, Gladys optó por un formato algo más pequeño, tipo degustación, ideal para quienes buscan probar diferentes variedades en una misma sesión.
Esta apuesta por un producto más refinado apunta directamente a un nicho de mercado competitivo que consume principalmente a través de plataformas de entrega a domicilio.
Sin embargo, la llegada de La Bomba al rubro alimenticio no estuvo exenta de controversia. Los valores publicados en las aplicaciones de delivery encendieron la mecha de una discusión sobre la relación precio-calidad.
Actualmente, la unidad se comercializa cerca de los $3.850, mientras que un combo de tres unidades con bebida ronda los $9.299. Para quienes buscan compartir, la media docena se ubica en los $20.000 y la docena alcanza los $38.000, llegando a superar los $57.000 en promociones de dos docenas.
Mientras una parte del público celebra la textura de la masa y la fidelidad a los sabores tucumanos, otro sector cuestiona si el tamaño de las piezas justifica la inversión. Más allá de la polarización en las reseñas, lo cierto es que Gladys ha logrado convertir su emprendimiento en un fenómeno de conversación obligatoria.