Murió Adolfo Aristarain a los 82 años: el director que marcó el cine argentino y español
Falleció uno de los cineastas más prestigiosos y fundamentales de Argentina. La triste noticia fue confirmada por la Academia del Cine de España.
El guionista falleció en Buenos Aires.
Archivo MDZEl cine argentino y de habla hispana atraviesa horas de profundo dolor. Este domingo se confirmó el fallecimiento de Adolfo Aristarain, uno de los directores más brillantes, audaces y respetados de nuestra cinematografía, a los 82 años de edad.
La encargada de dar a conocer la triste noticia fue la Academia del Cine de España, institución que lo despidió con un sentido mensaje que refleja la magnitud de su figura a nivel internacional. “Muy ligado al cine español, recibió dos Premios Goya y la Medalla de Oro de la Academia de Cine”, expresó la entidad a través de un comunicado oficial.
Aristarain supo tender un puente cultural entre ambos lados del Atlántico, dividiendo su vida y sus proyectos entre Argentina y España. Precisamente allí, hace tan solo dos años, había sido condecorado con la prestigiosa Medalla de Oro en reconocimiento a su inmenso aporte a la cultura. Hoy, se dio a conocer su muerte en Buenos Aires.
Un legado imborrable en la historia del cine
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A lo largo de su notable trayectoria, Aristarain construyó una filmografía que hoy es considerada de culto. Llevó la batuta como director en un total de 11 películas y aportó su mirada en otras seis desempeñándose como asistente. Su lente tuvo la capacidad de capturar la esencia, las contradicciones y los dolores de la sociedad con una maestría narrativa inigualable.
Dentro de su invaluable obra, destacan joyas que marcaron un antes y un después en la pantalla grande. Entre ellas resalta Tiempo de revancha (1981), una película valiente, cruda e histórica que logró ser rodada en plena dictadura militar argentina esquivando la censura; la multipremiada Un lugar en el mundo (1992); y la inolvidable e icónica Martín (Hache) (1997), títulos que dejaron una huella profunda en más de una generación de espectadores.
Si bien llevaba las últimas dos décadas alejado de los rodajes y de la silla de director, Aristarain jamás se consideró a sí mismo como un cineasta retirado. Su pasión por contar historias y su mirada crítica se mantuvieron intactas hasta el último de sus días.



