La Banda Viajera: diez años de música, calle y un vínculo único con el público mendocino
La Banda Viajera nacida en las calles de Mendoza celebrará una década de trayectoria con un show en el Teatro Imperial de Maipú.
Maximiliano Mirallas y Alejandro Ladislao Rodríguez, de la Banda Viajera, charlaron con MDZ sobre los 10 años de la banda.
Milagros Lostes - MDZHay bandas que nacen en salas de ensayo. Otras, en pequeños bares o en el circuito under. La Banda Viajera nació en la calle. Entre el ruido del centro de Mendoza y el desafío de tocar frente a personas que no habían salidos a escuchar música.
Lo que comenzó en 2016 como el encuentro entre dos músicos callejeros terminó convirtiéndose en uno de los proyectos musicales más reconocidos de Mendoza. Este 9 de mayo, La Banda Viajera celebrará sus diez años de historia con una presentación especial en el Teatro Imperial de Maipú a las 21.30, un escenario que sintetiza el recorrido de una agrupación que pasó de tocar en la vía pública a consolidar una comunidad de seguidores dentro y fuera de la provincia.
Así nació la Banda Viajera
La historia de la banda comenzó cuando Pablo Merlo y Diego Lorca, baterista y guitarrista respectivamente, decidieron unir fuerzas después de coincidir tocando por separado en las calles de la Ciudad de Mendoza. Poco después se sumaron Alejandro Ladislao Rodríguez en voz y Maximiliano Mirallas en bajo, conformando así la primera formación estable del grupo.
Con el tiempo, la banda dejó de ser únicamente un fenómeno callejero para expandirse hacia bares, eventos privados, casamientos, fiestas y escenarios de distintas provincias argentinas e incluso Chile. Sin embargo, la calle nunca dejó de ser parte esencial de su identidad.
La calle como escuela musical
A diferencia de otros proyectos, La Banda Viajera construyó gran parte de su experiencia artística en un escenario atípico: la vereda. Allí desarrollaron no solo un repertorio basado en clásicos del rock internacional, sino también una capacidad particular para interpretar al público en tiempo real.
“Uno empieza tocando sin nadie delante. La gente decide quedarse o seguir caminando”, explican durante una entrevista. Esa dinámica obligó a la banda a desarrollar una conexión inmediata con quienes circulaban por el centro mendocino.
Con el correr de los años, calculan haber realizado entre unas dos mil presentaciones callejeras, además de cientos de shows privados y recitales en distintos puntos del país.
La experiencia también transformó el vínculo con el público. “Más que fans, sentimos que tenemos amigos”, sostienen. La horizontalidad propia de la calle eliminó las distancias tradicionales entre músicos y espectadores, generando relaciones que trascendieron lo artístico.
Un fenómeno construido desde el afecto
Parte de la identidad de La Banda Viajera se explica por la red de apoyo que fueron construyendo a lo largo del tiempo. Comerciantes que ofrecían guardar instrumentos, personas que acercaban café durante las mañanas de invierno o seguidores que colaboraban con equipamiento forman parte de la historia cotidiana de la banda.
Ese acompañamiento se volvió fundamental durante la pandemia, uno de los momentos más complejos para el grupo. La suspensión total de actividades en vivo dejó a los músicos sin su principal fuente de trabajo durante varios meses.
“Fue una etapa muy difícil. Apenas pudimos volver a tocar, lo hicimos”, recuerdan. Durante ese período realizaron transmisiones por streaming y retomaron las presentaciones callejeras apenas las restricciones lo permitieron, incluso utilizando barbijos adaptados especialmente para cantar.
Diez años después, el viaje continúa
Actualmente integrada por Alejandro Ladislao Rodríguez, Gonzalo Gorordo, Maximiliano Mirallas y Eduardo “Yayi” Barrera, La Banda Viajera mantiene intacta la esencia con la que comenzó hace una década: interpretar clásicos del rock y construir un encuentro directo con el público.
La celebración por sus diez años en el Imperial Maipú no será solamente un recital aniversario. También funcionará como una síntesis de un recorrido construido desde abajo, entre canciones, veredas y miles de personas que alguna vez decidieron detenerse a escuchar.