¡Innombrable! Maxi López reveló el humillante apodo que le puso a Mauro Icardi
El exjugador pasó por el programa de Martín Cirio y explicó cómo logró dejar el orgullo de lado para reencontrarse con la madre de sus hijos.
La entrevista que dio Maxi López y lo dio todo. / Captura Youtube
Maxi López rompió el silencio en una charla sin filtros con Martín Cirio y no dejó títere con cabeza. En una entrevista para el ciclo A la cama con Martina, el exdelantero revivió el escandaloso triángulo amoroso que paralizó al país hace una década, pero lo hizo desde una óptica renovada por la madurez y los dardos venenosos.
Lo que más llamó la atención fue el particular apodo que utiliza para referirse a Mauro Icardi, demostrando que, aunque la paz reina con Wanda, el rencor con el actual futbolista del Galatasaray sigue latente.
Te Podría Interesar
Por qué Maxi López llama "Voldemort" a Mauro Icardi
La conversación se puso picante cuando Cirio introdujo el concepto de "Tatiana", término que usa para describir a quienes buscan parejas ajenas. Entre risas y complicidad, recordaron que la traición de Icardi acuñó el término "Icardeada".
Fue allí donde López lanzó la frase que se volvió viral. "Yo por ejemplo al otro le digo Voldemort porque no lo podemos nombrar", sentenció haciendo alusión al villano de Harry Potter que es conocido como "el que no debe ser nombrado". A pesar del tiempo transcurrido, queda claro que Mauro no tiene lugar en su círculo de afectos.
Sobre su actual vínculo con Wanda Nara, Maxi López admitió que el camino fue sinuoso. "Me costó mucho tiempo, me pasaba que no la quería ver ni en figuritas porque estábamos muy lejos. Creo que ella en un momento cambió", reflexionó el ex River.
Para cerrar, el entrevistado dejó en claro que su personalidad es tranquila pero firme. "Yo soy un pibe que no me gusta pelearme pero si me buscás me encontras, te voy a la yugular", advirtió sobre su carácter ante los conflictos. Aunque hoy reina la armonía familiar por el bienestar de los chicos, la herida con Mauro Icardi parece haber cicatrizado con una forma muy particular de desprecio.




