De puño y letra: así fue el pedido de Luis Brandoni que Robert De Niro no pudo negar y lo hizo viajar a Buenos Aires
Entre buenas comidas y una mezcla de idiomas, los actores forjaron una unión de 40 años que superó las barreras de la fama internacional.
Los actores mantuvieron una gran amistad durante años. / Disney+
Pocas veces el destino cruza a dos leyendas de una forma tan terrenal. La relación entre Luis Brandoni y Robert De Niro no nació en una alfombra roja, sino en la calidez de una cena de Nochebuena en 1986.
Brandoni estaba en Nueva York filmando Made in Argentina cuando Bob, ni lerdo ni perezoso tras enterarse de que el argentino estaba en la ciudad, mandó un mensaje cortito y al pie: "Decile que me llame". Así, el Beto terminó pasando la Navidad en la casa del protagonista de El Padrino, hablando en una mezcla imposible de italiano, inglés y, sobre todo, mucho gesto de manos.
En las charlas íntimas que mantuvieron durante cuatro décadas, surgieron confesiones que hoy cobran un valor histórico. Brandoni reveló en su momento que a De Niro le ofrecieron personificar nada menos que a Carlos Gardel, pero el actor neoyorquino decidió nunca dar el visto bueno a la propuesta. Sentía que era complicada la idea de interpretar a alguien que no conocía a fondo y prefirió evitar el papel.
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La carta de Brandoni que cambió todo para De Niro
Esa confianza mutua fue la que permitió que años después, los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat apelaran a lo más básico para tentarlo con la serie Nada: una carta escrita por el Beto.
La carta no tuvo pretensiones de oficina de Hollywood. Brandoni la escribió de puño y letra, se equivocó en una palabra, la tachó y le puso un asterisco para corregirla abajo. No la rehízo porque la amistad entre ellos era así de real. "Querido Bob: Soy tu amigo Beto de Buenos Aires", arrancaba el texto que terminó de convencer a De Niro de viajar al fin del mundo.
Sin embargo, en el tintero quedó un proyecto que entusiasmaba a Brandoni: una segunda temporada que se llamara Todo y que transcurriera en Nueva York. "Hay posibilidades, pero no se escribió ni una línea", confesaba el Beto meses antes de partir. Aunque ese rodaje no llegó a concretarse, la carta con tachaduras queda como el testimonio de que, para dos amigos de origen italiano, no hace falta hablar el mismo idioma cuando hay un abrazo de por medio.




