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Javier Milei y Yuyito González: los cinco puntos que reflejan lo más débil de la dupla que subestima un revés

La pobreza cultural, la falta de empatía, la intolerancia a las críticas, el nulo buen gusto y la espiritualidad de dudosa calaña; como aglutinantes de los personajes de una fábula con final incierto.

El primer aniversario de Javier Milei al frente de la presidencia, se convirtió hace unos días en su punta de victoria sobre la catástrofe kirchnerista. Montado a un éxito en la macroeconomía, que de momento no acusa el mismo resultado en el reseco bolsillo del ciudadano promedio, el mandatario proclama el relato de un inverosímil final de la recesión, contando todavía con el aplauso de una buena parte de la población. El triunfo de la Libertad Avanza está lejos de ser la conquista de un país que necesita más de una opción de centroderecha que de ultraderecha con tintes de autarquía. En este contexto, la presencia de Yuyito González bordeando la escena del poder, resulta más que un dato de color. El regreso de los zombies del menemismo oficia como reflejo de la pobreza cultural, la falta de empatía social, la nula tolerancia a las críticas, la más burda falta de buen gusto; y la espiritualidad en clave de misticismo de segunda mano.

Que Milei haya sintonizado con una figura que tuvo su momento de esplendor en las pantallas entre mediados de los '80 y comienzos de los '90, con una carrera "artística" que no dio con ningún antecedente notable, funciona como fiel reflejo de un presidente que se enorgullece de su desprecio por el arte y la cultura. Paradójicamente, o no tanto, el mandatario que inició una férrea cruzada contra el cine argentino, hoy está en pareja con una actriz de "hitos" como Los pilotos más locos del mundo y Paraíso relax. Culturalmente, el libertario no dudó en tildar a la UBA de nido de corrupción, y su intento de un duro ajuste presupuestario a las universidades públicas, se estampó con masivas marchas que le recordaron al mandatario que todavía somos un país que no está dispuesto a que su educación sea subestimada. Mientras tanto, desde un programa de televisión por cable, González intenta capitalizar su nuevo momento con unos monólogos de adolescente enamorada que no conocen los límites de la vergüenza ajena. Para ambos, cuando termine el fervor por un presunto milagro económico, les puede esperar la revancha de un pueblo más culto de lo que ellos piensan, que se ocupe de poner las cosas en su lugar.

Javier Milei y Yuyito González, protagonistas de una fábula con final incierto. Foto: Captura de video Ciudad Magazine.

El cinismo disfrazado de ironía carente de gracia es otro aspecto que conecta a Javier Milei con Yuyito González. El despliegue de falta de empatía que cada cual ejerce desde su espacio, desde un sádico avance sobre jubilados y clase media por parte de él, hasta el frívolo exhibicionismo de los detalles del romance que diariamente ventila ella; parece que todavía enlaza con esa atípica premisa de autocastigo de una sociedad que deposita su sufrimiento en pos de la promesa de una recuperación. Sin embargo, si ese convenio no se llegara a cristalizar, la misma gente que creyó, será la primera en perpetrar su rotundo revés, ya sea desde las urnas; o cambiando de canal.

La falta de tolerancia a las críticas es otro punto de encuentro para la dupla que conforman Milei y González. A ella directamente no le entran las balas, la pueden denostar desde todos los rincones de la televisión, o demostrarle el más absoluto ninguneo al no sumarla como invitada cuando el presidente es convocado a algún programa; que sin acusar recibo sigue fascinada en su nube de romance con música cutre. En tanto que el presidente ha construido su blindaje a los cuestionamientos desde el más básico avasallamiento contra el periodismo. Él ya no se conforma con cruzarse con tal o cual comunicador, sino que directamente pone a los medios en el lugar de la "casta". Cuando esta fantasía de Terminator que arremete contra el cuarto poder necesite de más cámaras que las de LN+ y TN ante una campaña de reelección, tal vez el presidente recuerde que no era necesario enfrentarse a casi toda la prensa. Mientras que por su parte la conductora, podría ir craneando monólogos para vivos de Instagram, o pensando en un canal de YouTube.

Yuyito González y Javier Milei, los novios con impronta de bucle noventero sin límite para el mal gusto. Foto: Instagram @yuyitogonzalezok.

El bucle noventero por las cimas del mal gusto es otro aglutinante entre Javier Milei y Yuyito González, que sienten que son parte de un club de figuras como Donald Trump, Elon Musk y Giorgia Meloni; integrantes de un aspiracional que nunca superará la fase de nuevo rico. Seguramente, cuando el mundo se sature de discursos extremos, signados por la simplificación y la pirotecnia reaccionaria; entraremos en una etapa más sensata y agradable.

Por último, la espiritualidad entendida como enajenación mística de dudosa calaña que acopia conceptos como "fuerzas del cielo" y "argentinos de bien", es una fábula abrazada por Milei y Yuyito, que está más cerca de un Star Wars de cabotaje, que de un verdadero sentido de la espiritualidad. Aquí en realidad la salvación no reside en la formulación de frases mágicas con aires de psicotrópico, sino en la construcción de un respeto y afecto por el otro, que el presidente debería ser el primero en profesar. De lo contrario, y mandato cumplido de por medio, el destierro puede estar a la vuelta de la esquina.