Entrevista

Son novios y crearon Los Pipis, una compañía de teatro “diferente”

Federico Lehmann y Matías Milanese son actores, dramaturgos, directores y, hoy, protagonizan El mecanismo de Alaska. Se presentan en Timbre 4 y, este sábado, realizarán una única función en Mendoza.

Pablo Gordon
Pablo Gordon jueves, 18 de abril de 2024 · 08:57 hs
Son novios y crearon Los Pipis, una compañía de teatro “diferente”
Los Pipis Matías Milanese y Federico Lehmann crearon su compañía de teatro en 2019 Foto: Instagram

Fue la pasión por el teatro lo que unió a Federico Lehmann y Matías Milanese. Se conocieron en la Universidad Nacional de las Artes y, entre debate y debate, nació el amor. Además de novios, son actores, dramaturgos y directores. A finales de 2019, crearon Los Pipis Teatro, una compañía de teatro distinta.

“Buscábamos que fuera diferente en el sentido de la hostilidad que, a veces, tienen los grupos de teatro. Queríamos borronear la idea de que el teatro tiene que ser solemne, muy intelectual o, por momentos, prohibitivo”, cuenta Milanese en diálogo con MDZ.

¿Y el origen del nombre? Explica: “Nosotros nos decimos Pipi el uno al otro de forma cariñosa y cuando pensamos qué era lo que nos definía y nos particularizaba, pensamos en eso: en la ternura, en lo ridículo, en esta cosa de no ponernos un nombre rimbombante o exigente, ir desde un lugar más tierno, propio, que lo tuviéramos cercano... Porque un poco nuestras obras iban a hablar de eso y queríamos que tuviera coherencia con lo que íbamos trabajar y crear”.

Y de su historia, crearon una obra: El mecanismo de Alaska, “una antología de representación y pasión marica” que comienza como un biodrama y muta a ciencia ficción. En escena, estos dos pibes enamorados que adoptan una gatita, se preguntan acerca del futuro, la descendencia, lo que los representa y se cuestionan sobre lo que sucede por ser “otro tipo de familia”.

Federico Lehmann y Matías Milanese crearon Los Pipis a finales de 2019 / Foto: Instagram

- ¿Por qué contar su historia?
- Principalmente creíamos, y creemos, en la potencia de las cosas que tenemos cerca. Por ejemplo, en El mecanismo de Alaska se nombra a mi mamá que tiene un kiosko y me acuerdo que ella me preguntaba cómo iba a hacer para que a alguien le interesara su historia. Me decía: “no es interesante mi historia, ¿por qué la vas a hacer en el teatro?”. Y, justamente, eso es lo interesante. Porque pareciera que el mundo te dice que no es interesante una mujer que levanta un negocio sola; pero para mí lo es y es sumamente conmovedor. Confío en la potencia de las cosas pequeñas y cercanas que tenemos. Además, en este momento de la vida y el mundo, los grandes clásicos dejan de hacer tanto ruido en uno. No somos cuerpos que atravesaron las mismas cosas que las personas que lo hicieron en los grandes clásicos. Hay una gran potencia en contar lo propio, lo que nos conmueve y, desde hace cuatro años, la sorpresa en Buenos Aires viene siendo esto. Mucha gente lo entiende y agradece poder ver una obra que le habla directamente, que no utiliza un lenguaje que sea distractivo, que sea todo lo contrario… una obra que se encarga y se ocupa de mantener cerca a la persona que la está viendo porque entiende que solo de esa forma se genera el hecho artístico.

- ¿Cómo fue la respuesta de sus familias al verse en el espectáculo?
- Fue como una mezcla de agradecimiento y curiosidad. También, mucha extrañeza. La obra empieza siendo un biodrama y, después, se transforma y se convierte en ciencia ficción. Entonces era como “pará, eso no fue lo que me pasó a mi” y eso es la gracia de hacer una obra de teatro. No nos interesaba tampoco apuntar desde el biodrama más duro y proyectar fotos… es linda la línea en la que uno no sabe qué es real y qué no, y que a la vez, no importe. Nuestras familias, contentas y asombradas de que a la gente les interese.

- ¿A qué público está dirigida El mecanismo de Alaska?
- Al general… no es infantil. No es una obra que un chico de 10 o 12 años pueda ver y, quizás, no salir agotado. Dura 1 hora 40 minutos y tiene mucha información. Pero es para toda la familia. En Buenos Aires nos pasa que la gente viene desde los 15 años hasta los 80 y sale interpelada desde la risa hasta las lágrimas y la reflexión. La obra tiene un libro y la gente lo compra porque quiere acercarse un poco más, leer más en detenimiento porque es una obra exigente.

Los Pipis presentarán una única función en Mendoza de El mecanismo de Alaska / Foto: Instagram

- ¿Qué buscan que la gente se lleve después de ver esta u otra obra de Los Pipis?
- Que la pasen bien y se lleven una idea de que hacer una obra de teatro no es solo aprender un texto o ponerse un vestuario; que una obra puede hacer mucho más que solo reír o llorar. A nosotros nos pasó algo muy claro: a la salida de una función una persona nos dijo “voy a traer a mi mamá la semana que viene porque quiero que entienda en qué ando en este momento de mi vida”. Y que algo te represente de esa forma es una de las cosas que más quiero que la gente se lleve de El mecanismo de Alaska. Y, según lo que nos dicen, se van también con muchas ganas de crear. La obra genera algo de entusiasmo y de “si ellos pueden hacer esto, yo también”.

- ¿Cómo es trabajar y vivir juntos?
- Con Fede convivimos desde la pandemia y para nosotros fue algo natural esto de trabajar juntos. Hoy encontramos mucha potencia en fusionar nuestras potencias, las ganas y se vuelve algo muy disfrutable. Los primeros años, cuando no trabajamos juntos, hasta se nos tornaba más difícil esperar a que alguien te llame, te seleccione para un proyecto… Y un poco la fuerza de Los Pipis es que no esperamos a que nos llamen para un proyecto, sino que lo creamos y le damos la posibilidad a mucha gente de ser parte. La verdad es que a veces es difícil separar, es como “basta de hablar de teatro por un rato” o “en esta cena no hablaremos de teatro”... pero no nos sale, porque al final terminamos hablando de él. Pero también es algo que nos apasiona mucho, es un placer y es muy divertido. Renueva algo en la pareja, en poner la pasión en otro lugar. Siempre digo que no podría estar de novio con alguien que no admirara y a mi me genera mucha admiración verlo a Fede. Sumarme a eso y acompañarnos en eso es muy bello. Él tiene una inteligencia muy clara para la dramaturgia y la puesta en escena, yo soy un costado más social, productor o director de actores. Nos fusionamos muy bien.

- Por último, ¿qué pueden adelantar de lo nuevo que están haciendo?
- Estamos con cuatro proyectos paralelos. Uno es Adiós mundo cruel, que lo hacemos en el Centro Cultural Konex. Hicimos una convocatoria para esa residencia artística y estamos creando una obra a partir de los encuentros que tenemos. Hay 12 actores en escena. Además, ensayamos Rey Lear que estrena el 11 de mayo en el Teatro La Comedia. Es una puesta enorme del teatro oficial de Buenos Aires y somos un montón de actores en escena. Justamente es un clásico. Después, más del lado de Los Pipis, en octubre estrenamos Pasión, la tercera parte de la trilogía de El mecanismo de Alaska, en el Teatro San Martín. Es la meca a la que quiere llegar un actor y allí estaremos dirigiendo y actuando. También está la posibilidad de hacer otra gira por España a fin de año. Estamos muy entusiasmados.

Para agendar

El mecanismo de Alaska

  • En Mendoza. Única función. Sábado 20, a las 21, en Teatro Mendoza (San Juan 1427). Entradas en EntradaWeb.
  • En Buenos Aires. Domingos de abril, a las 17; y domingos de mayo, a las 14, en Timbre 4 (México 3554). Entradas en Alternativa teatral.
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