La gran noche del pop: Netflix honra la gloria de los '80 con un documental irresistible
Estrenado hace unos días en Netflix, La gran noche del pop es un irresistible documental que contagia la atmósfera de aquella icónica madrugada en la que 44 estrellas de la música se reunieron para grabar la canción benéfica We are the world. Con imágenes inéditas, y el acierto de contar como guía de la narración a Lionel Richie, uno de los coautores del exitoso single en cuestión, este film va más allá de la complicada logística para convocar a tamaña cantidad de figuras; erigiéndose como notable documento sobre algunos de los más destacados talentos del siglo XX.
El punto de partida de La gran noche del pop tiene una impronta de homenaje a sus principales artífices, todos ellos pertenecientes a la comunidad afroamericana. Lionel Richie y Michael Jackson como motores de la composición de la canción, mientras Quincy Jones ocupó el complejo rol de productor, y como se puede apreciar en el film, también ofició de inesperado terapeuta de grupo. Pero eso no es todo, a la hora de demostrar que We are the world cimentó sus bases fuera del establishment blanco, Netflix salda cuentas con el gran Harry Belafonte, quien fue el gurú inspiracional de este colectivo de artistas denominado USA for Africa. El ícono musical cuya muerte el año pasado pasó apenas como titular en los medios, es considerado un referente clave en la lucha por la igualdad y el activismo por los derechos civiles. Recordado por su inoxidable hit Day-O, el músico tiene su merecido reconocimiento, aunque también hay que decir que en el reparto de solistas, quedó injustamente relegado al pelotón del coro.
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La gran noche del pop también toma como referencia el single caritativo grabado por estrellas de Reino Unido y comandado por Bob Geldof, aunque el documental de Netflix no se adentra en la reflexión de que más allá de las buenas intenciones del equipo de USA for Africa, latía la pulsión por recaudar más que sus pares británicos. Después de todo, los '80 establecieron el culto a esa irrefrenable competencia que sigue hasta estos días, en la que el dinero es el más absoluto protagonista.
De todas formas, La gran noche del pop gana en sentido y emotividad, una vez que descarta el móvil de recaudar fondos para ayudar a paliar la hambruna en África; y se adentra en el mágico encuentro de esas más de 40 voces tan únicas como diversas. Todo es seguido atentamente desde la perspicaz labor de edición, desde el registro de la inocultable incomodidad de Bob Dylan, hasta el abandono del estudio de Sheila E al constatar que solo la llevaron como señuelo para intentar que Prince asista a la grabación. Como acierto altamente destacable, este producto de Netflix no solo se complace en momentos cándidos como el de los artistas firmándose mutuamente autógrafos; sino también en las instancias más álgidas de una agotadora sesión que se extendió entre la 1 y las 7 de la mañana.
Más allá de la presencia de Lionel Richie como guía de este viaje, La gran noche del pop también consigue testimonios de partícipes de aquella trasnochada velada como Cyndi Lauper y Huey Lewis, sumando además el aporte de una leyenda como Bruce Springsteen. Tal vez hubiera sido interesante contar con la voz de aquellas figuras que no lograron un destaque solista, y tuvieron que conformarse con ser parte del coro, como por ejemplo Bette Midler y Lindsey Buckingham.
Pero sin dudas uno de los puntos más altos de La gran noche del pop, es su vocación de pasaporte a la inigualable genialidad de Michael Jackson. En tiempos en que domina una cultura de la cancelación, el Rey del Pop aquí es mostrado en su más encumbrada gloria artística, dejando a un lado todo aquello que tenga que ver con su historial judicial. Más allá de las impactantes acusaciones que han trascendido en contra el astro, este film de Netflix elige reivindicar su potencia creativa, trayendo su magia de regreso y rescatando su enorme talento del rincón del olvido.