La confesión de Andrea Taboada sobre la mala relación con sus padres
En un momento muy sensible de su vida por el distanciamiento inesperada con su amigo Ángel de Brito, Andrea Taboada abrió su corazón y habló de la mala relación que mantuvo con sus padres.
Todo se dio en una entrevista con La Nación, cuando se le consultó sobre sus temores. Allí, confesó que le tiene mucho miedo a la muerte, que es algo que aún no tiene trabajado y que le genera mucho vértigo, por ella y por sus seres queridos.
En ese marco, contó que sus padres ya fallecieron, pero se tomó un tiempo para recordar lo difícil que fue el vínculo con ellos. “Mi mamá falleció hace dos años y estaba enferma desde hace muchos años. Tuve una relación difícil con ella, pero cuando falleció empecé a soñar cosas lindas que compartimos juntas”, contó.
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“Me pasó algo curioso estando en LAM: la dueña de una agencia de turismo me vio bailando griego con Pía Shaw y se comunicó para invitarme a conocer Grecia. Y lo loco es que esa mujer me hacía acordar a mi mamá y yo le recordaba a su propia mamá. Hoy somos amigas. Y de la muerte de mi papá me enteré hace pocos años”, agregó Andrea Taboada.
Ante la pregunta sobre si se veía con su padre, la periodista contestó que no. “Cuando yo era chica, vivíamos con mis padres y mis tres hermanas en Villa Luro. Se llevaban muy mal. Había peleas, discusiones y situaciones de violencia también”, explicó.
“Un día mis hermanas y yo nos fuimos de la casa, casi escapándonos. Yo tenía 11 años. Fuimos a una casa prestada en Villa Lugano”, añadió Andrea Taboada, que no ocultó su nostalgia y angustia por aquellos momentos.
Por otra parte, contó que, luego de haberse ido de su casa, sólo en una oportunidad volvió a cruzarse con su padre, quien primero no la reconoció con facilidad, dado que había pasado bastante tiempo.
“Solamente una vez cuando se casó una de mis hermanas y necesitaba la autorización de los padres. Fue al Civil, a firmar. Yo tenía 14 años y, al principio, no me reconoció. Después sí. Y nunca más lo vi. Era una familia disfuncional. Aprendí que uno hace lo que puede y que no hay que pedir algo que el otro no puede dar. Me cuesta, igual”, cerró Andrea Taboada.
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