Luis Machín: "El psicoanálisis llegó a mi vida en un momento de mucha necesidad"
Luis Machín es uno de los actores más famosos del país con una extensa trayectoria en todos los frentes. Con éxitos en televisión, teatro y cine, el actor ahora fue aclamado por su brillante interpretación Domingo Cavallo en Diciembre 2001 y además comenzó una gira por el país con la obra La última sesión de Freud que coprotagoniza con Javier Lorenzo.
Te puede interesar
Esteban Vilgré Lamadrid: "Prepárense que ahora vienen por nosotros"
Esta propuesta, dirigida por Daniel Veronese, realiza una gira nacional que lo llevará al Teatro Mendoza este viernes, sábado y domingo. Con La última sesión de Freud tuvo su primera incursión hace 10 años interpretando al periodista y escritor británico C. S. Lewis, mientras que en este reestreno cambia de personaje e interpreta al histórico y destacado médico neurólogo.
"No es solo un fuerte debate, es una obra profunda sobre dos hombres que viven y discuten los grandes temas detodos los tiempos, con inteligencia y humor. La obra se centra en el legendario psicoanalista Dr. Sigmud Freud que invita al joven y brillante académico C.S. Lewis a su casa en Londres. Ese día Inglaterra entra en la segunda guerra mundial y ellos discuten sobre la existencia de Dios, el amor, el sexo y elsignificado de la vida", reza la gacetilla de prensa de esta obra.
En diálogo con MDZ, Luis Machín repasó distintos conceptos sobre la actuación, sobre esta emblemática obra de teatro y sobre su participación en Diciembre 2001 en el papel de el ex Ministro de Economía, Domingo Cavallo.
- ¿Cómo te llegó esta propuesta, hace 10 años atrás?
- Esta obra me llega hace 12 años de la mano de Sebastián Blutrach, que es el productor, que es el empresario de esta hermosa sala del Teatro El Picadero, aquí en Buenos Aires. Me llega el deseo de hacerla conmigo y hacerla con Jorge Suárez a fines del 2011. Así que yo cuando la leí enseguida me enamoré muy rápidamente, fue un amor a primera vista y aparte en ese momento la idea de hacerla con Jorge, que ya nos conocíamos, también tenía su plus. Nos conocíamos, habíamos trabajado y éramos bastante amigos. Así que yo la leí y me encantó. Nos pusimos a trabajar, a ensayarla un mes y medio intensamente y salió.
- Y en esa primera vez hiciste el personaje de Lewis...
- A mí me fascinaban los dos, porque realmente son dos personajes fascinantes en su idea, en las ideas que defienden. Vos podés estar de un lado o del otro, o podés estar un poco en el medio y no darte bien cuenta de qué lado estás. De hecho, la obra produce una especie de ping-pong, porque la gente va y viene entre estas dos ideas tan opuestas y en algún lugar se tocan en la duda, en los interrogantes que despierta cada postura. Pasaron los años y tenía ganas de volver a hacerla. A medida que fueron pasando los años, como yo al otro personaje lo conocía y mucho, en principio pensábamos en hacerla con Jorge, repetir de nuevo igual lo mismo, después por distintas cuestiones, no podíamos uno o no podía el otro, pasaron los años y bueno, me decidí a hacerla, hablé con Jorge, le dije que quería ser Freud y bueno, y acá estoy haciéndola con Javier.
- Una vez terminada la obra ¿cómo se hace para no quedar con la energía del personaje?
- Todos los personajes, todas las obras, incluso las películas o las series, los personajes en los que uno se mete siempre te dejan algo. A mí me gusta meterme mucho, me meto en las historias, me meto en el deseo de conocer más profundamente su pensamiento. Las actuaciones en las que me meto, ya sea en una obra de teatro, en una película o en una serie, no es intrascendente para mí lo que deja después. Porque siempre me despierta curiosidad y sigo leyendo en este caso cosas de Freud que es infinito.
- ¿Cómo empezó el psicoanalisis en tu vida? ¿Lo necesitaste? ¿Te recomendaron?
- Yo durante gran parte de mi infancia y adolescencia tuve una decisión por creencia y porque lo deseaba y porque lo necesitaba, de acercarme a la religión. Yo fui católico militante mucho tiempo, hasta los 17 años. Yo formaba parte de la acción católica en Rosario, donde me crié. El teatro fue haciendo que la religión empiece a quedar un poco de lado. 
- ¿Por algo que tiene que ver con tiempos o por fe?
- Primero de tiempos, porque el teatro empezaba a ensayar, quedarme hasta tarde, ya me costaba levantarme temprano para ir a la misa de las 9 los domingos. Primero fue una cuestión de tiempo y después me fui dando cuenta que no sé si estaba tan arraigada en mí la creencia religiosa. Con el tiempo fue mutando esa creencia religiosa, se fue convirtiendo en otra cosa.
El teatro y la actuación empezó a tomar un lugar muy protagónico en mi vida y a eso me entregué, a eso me empecé a formarme, empecé a dedicarle más tiempo entonces la religión empezó a quedar como en un territorio un poco difuso.
Y el psicoanálisis llegó en un momento de mucha necesidad, para mí un momento de mucha necesidad psicológica y física también. Por distintas cuestiones me fueron haciendo perder mi salud física y psicológica y tuve que echar mano al psicoanálisis y me enamoré. Este fue uno de los amores que a mí me agarró, en el sentido de que la capacidad asociativa, que está muy vinculada a mi actividad como actor, la capacidad emocional asociativa en el psicoanálisis cobra una preponderancia muy importante y ayuda muchísimo. Yo creo que la actuación y el psicoanálisis a mí me fueron guiando y de hecho son dos pilares fundamentales en el sostenimiento de mi estructura emocional.
- ¿En qué piensa el actor mientras está en escena, más allá de la actuación?
- Se te cruzan un montón de cosas, ves a la gente que entra, los actores vemos a la gente que nos viene a ver. Depende de la obra, cómo incida la luz, pero hay obras que ves más a la gente, obras que los ves menos, pero en general la ves.La mayoría de esas cosas que se te pasan por la cabeza, en lo personal, intento capitalizarlas para el estado que sé que tengo que tener. Pero sin duda que se te cruzan pensamientos de todo orden y asociaciones de todo tipo. La cabeza todo el tiempo está chisporroteando en asociaciones o "mirá quién entró", "me parece que a este no le va a gustar", se te cruzan de infinidad de cosas, la misma que se le cruza a cualquier ser humano en situaciones donde aparentemente está tranquilo. Viste, uno ve a una persona leyendo un libro en una playa y dice, mirá qué momento de solaz, mirá qué... Sabés las cantidad de cosas que está pasando por la cabeza de esa persona? A los actores incluso cuando actuamos también se nos pasan montones de cosas por la cabeza. Lo importante y lo que te va dando el tiempo y la cantidad de kilómetros que uno tiene sobre el escenario, es cómo capitalizas todo eso para que encuentre el lugar donde la energía se cuele para actuar lo que vos ya entendés que tenés que actuar. Que todo eso te sume y no te arreste y no te saque. Hay cosas que te sacan, incluso durante funciones hay cosas que te sacan.
- ¿Y cómo volves a concentrarte?
- El tiempo, la cantidad de horas, el vínculo que uno tenga con los otros colegas cuando estás actuando, van haciendo que todo eso se capitalice. Incluso puede haber obras hasta en la que uno dialogue por fuera de lo que está sucediendo en la escena. No lo digo como una picardía, como una dicha de "mirá qué pícaro este actor, puede estar hablando de otras cosas". Es como un cirujano cuando opera a corazón abierto y está hablando de fútbol. Yo no desconfío de ese médico. Al contrario, digo, "mirá qué capacidad, qué solvencia y qué contundencia tienen lo que hace que puede disociar y a su vez estar hablando de otra cosa". Eso me parece a mí fantástico, esa capacidad disociativa para seguir manteniendo la concentración en lo que tenés que hacer, pero que esa concentración también puede tener fugas. Claro. Puede tener momentos en los que uno cree que en apariencia uno se puede ir llega un momento que eso se capitaliza en la energía de lo que sabes que tienes que actuar.
- ¿Cómo fue participar de Diciembre 2001?
- Me pareció fascinante la posibilidad de contar esa parte de la historia, sobre todo a los jóvenes que en pocos meses van a votar y a decidir a los gobernantes para los próximos cuatro años. Es importante mostrar a qué llevan determinadas políticas que no tienen en cuenta la necesidad de la mayoría de las personas. Fue un momento donde se tocó fuertemente el bolsillo de la clase media y de la clase media trabajadora, y sobre la clase humilde ni hablar. Es fundamental ver esta historia para no repetirla y si alguien no nos advierte un poco qué es lo que puede pasar, es muy probable que podamos volver a caer.
- ¿Qué significó hacer de Domingo Cavallo?
- Yo tengo una diferencia ideológica en lo personal muy grande, pero como actor, a la hora de componer, yo no puedo juzgar. O sea, yo no puedo hacer un juicio moral de la persona que vaya a hacer, porque yo tengo que verlo como un ser humano en determinadas circunstancias con ese pensamiento. Sino no hubiera podido hacer a Hitler o a Videla y otra cantidad de personajes detestables. 
- Ponerte en la piel de un personaje histórico tan importante...
- Me resulta fascinante poder acceder y tener la apertura suficiente como para comprender a la persona en esas circunstancias: trabajando para determinados intereses. Yo en el momento no me ponía a pensar si estaba bien o mal lo que estaba haciendo porque él estaba convencido. Si vos hoy lo escuchás a Domingo Cavallo sigue estando convencido de lo que hacía. Me gusta componer personajes, personalidades que han tenido profundas creencias. Me gustan como desafío, me gusta mostrarlos y me gusta también participar en un programa como es Diciembre 2001, que cuenta una parte de la historia argentina de la que tanto nos costó sobreponernos.
- ¿Te hubiera gustado hablar con él?
- Me hubiera gustado aunque no sé si hubiéramos podido estar mucho, pero a mí me gusta conocer a las personas.
